¿Mi ropa interior es asunto de alguien más?

Por Irene Fidalgo López

Sección: Escriben nuestras jóvenes.

Viernes, 19 de noviembre. 2021

Está más que claro que la respuesta a la pregunta que encabeza la sección de este artículo se ha contestado en la actualidad con una rotunda afirmación que, más que dejarnos perplejas a todo el colectivo femenino por la rotundidad con la que se extiende esta concepción generalizada, nos causa una sensación de incomodidad que podríamos achacar aún a las rémoras que conviven con nosotras y que forman parte de una imposición que arrastramos desde hace décadas.

¿Será que tienen que enseñarnos a descubrir el lenguaje oculto del color de nuestra ropa interior al igual que antaño se enseñaba el lenguaje del abanico?

Es posible que una de las noticias más recientes que ilustran este caso en particular sea el de Perú de noviembre del año pasado, aunque muestras de este tipo de machismo pululan por la red como arañas tejiendo una irrompible (en apariencia) tela de araña que nos arrastran hasta un pensamiento que deseábamos haber dejado en el pasado. La noticia a la que me refiero se extendió como la pólvora por todas las redes sociales al minuto de ser cubiertas por la prensa del país. Y es que a la joven violada se la acusaba de todo tipo de términos que achacaban su falta de moralidad. La causa de ello: la ropa interior de encaje de color rojo.

Y es que probablemente esto sea lo más hilarante de la sociedad en la que vivimos: ha sido un color (al que le atribuimos un simbolismo y unas connotaciones específicas que no son inherentes a la gama cromática) el culpable de provocar una violación. Además, y a pesar de lo que podamos llegar a considerar, esta forma de pensar (que nos convierte a las mujeres en meros objetos) no salió de una cuenta anónima de Twitter ni de una conversación de WhatsApp, sino de los labios de un juez que tuvo el valor de dejar libre a un hombre acusado de violación. ¿Será que a partir de ahora tendremos que pasarnos horas frente al espejo mirando nuestra ropa interior para decidir lo que ponernos según la ocasión y nuestras intenciones? Y ojo: habrá que consultar también a diseñadores y modistas sobre el significado de los colores. Es posible que incluso sea aconsejable tener a mano el teléfono de algún ocultista que nos pueda revelar las intenciones ocultas que ciertos colores pueden escondernos a primera vista.

¿Y quién va a enseñarnos que tipo de braga ponernos en cada momento?

Lo que está claro es una cosa: este juez peruano, sin comerlo ni beberlo, ha conseguido que el signo lingüístico «braga» (dependiendo de su color y su tipo) adquiera, además de su significado denotativo, un valor connotativo adicional y contextual que además está supeditado a factores individuales (que él desde luego considera universales y parte de la denotación del vocablo). Toda una autentica revolución lingüística desde luego.

No sé vosotras, pero yo ya he empezado, armada de un valor que pensaba que no tenía, a volver a ordenar mi cajón de la ropa íntima. Ahora ya tengo todos los culottes, las bragas altas, las bragas bikini, las bragas brasileñas, las bragas faja, las bragas sin costuras, las bragas tanga y las bragas con relleno bien ordenadas según su categoría, pero aun sigo sin tener claro si para ir al supermercado hay que ponerse una braga faja, un culotte o una braga alta. Es probable que me plantee la opción (para no correr riesgos) de preguntarles (por sus preferencias y colores más atrevidos), siempre que vaya a salir de casa, a todas las personas con las que vaya a cruzarme en la calle.

Porque tan pronto es el negro, como el rojo, como el rosa, como el azul o como el verde el color que ha provocado una violación. Y claro, con tanto lío cómo va una a aclararse para saber qué ponerse…


Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones. 

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