Susana Bermejo, habitante de Ítaca

Por Raquel Villanueva

Sección: Desde lugares que también existen

Miércoles, 16 de noviembre. 2022

«Toda obra de arte es hija de su tiempo, y con frecuencia es madre de nuestros sentimientos»
(Kandisky)

Susana Bermejo, nuestra protagonista de hoy

Ferrol es esa ciudad atlántica que nunca nos defrauda, que más allá de su aparente decadencia, sigue exhalando un aire cosmopolita e irremediablemente atractivo. Ferrol es la ciudad dibujada a modo de damero que luce con orgullo sus calles empedradas, la misma que en los últimos tiempos acoge a intrépidos jabalíes, que pasean perdidos por sus barrios, queriendo hacer del cemento, si nadie lo remedia, su nuevo hábitat. Y es precisamente un elegante jabalí el que me mira desde el último cartel de las fiestas de Canido, el barrio más colorista de esta vieja urbe. Sus famosas Meninas tuvieron este año el sello de Susana Bermejo, la cual quiso, de esta forma, hacer un guiño al problema que el barrio venía sufriendo. Susana es  una artista ferrolana, es una pintora, es una dibujante, es una ilustradora, es la mujer de los pinceles que contempla el mundo bajo su particular mirada colorista, haciendo juegos malabares con todas estas disciplinas.

Susana es la niña, que hizo su primera exposición en el salón de la casa de sus  padres, un salón que le parecía demasiado serio y en el que la niña Susana colgó toda una serie de obras abstractas que, a falta de pinceles, fueron pintadas con palos y dedos. Ya apuntaba maneras, y la necesidad de pintar, de nunca dejar de hacerlo, bullía dentro de ella sin descanso. Estudiante de Diseño Gráfico y de Bellas Artes, sabe lo que es acariciar los sueños a lo largo del tiempo, acicalarlos sin descanso hasta poder llegar a ellos. Conocedora de la constancia y fiel seguidora de los mandatos de su corazón, el cual late al compás de las imágenes que elucubra en su imaginación y que sus virtuosos dedos terminan plasmando.

«El arte es un diálogo con el espectador y este siempre será el último en darle un significado». (Susana Bermejo)

            De la infinita paleta de colores, Susana no se decanta por ninguno en concreto, y se confiesa exploradora incansable de la misma, jugando sin descanso con todas las posibles combinaciones y elaborando el mismo dibujo en diferentes tonalidades, para poder apreciar todas las posibilidades. Sabedora de la importancia de la formación, no deja de formarse y más allá de toda la experiencia acumulada a lo largo de su carrera, se considera una eterna aprendiz, ya que su perfeccionismo inagotable la encamina a querer mejorar sus técnicas y conocimientos, retándose a sí misma cada vez que encara una nueva creación. Es este un reto que la acompaña cada nuevo día y que está convencida, no dejará de hacerlo. La experiencia la mantiene a salvo  de la bajada de las mareas, porque de sobra sabe que la creatividad no basta con invocarla, porque a veces esta no escucha y nos deja varados a la espera del brillo de la inspiración que vuelva a convocar la subida de las aguas.

            Pensadora, ejecutora y vendedora de sus propias ideas, viviendo en la incertidumbre del no saber qué pasará mañana, pero entregada a su propia empresa, que no es otra que sí misma, aunque en alguna ocasión se haya sentido sola y pensado en algún otro tipo de trabajo, en algo más seguro, más concreto. Pero bien sabe que precisamente esa seguridad, esa concreción es la que terminaría por plegar sus alas de artista, por lo que ha terminado encontrando, en las clases extraescolares que imparte a niños, el complemento necesario que venga a minorizar la incertidumbre y a constatar la ilusión, la inocencia, la creatividad con la que todos partimos y que en muchas ocasiones, en muchas más de las deseadas, vamos perdiendo por el camino. Susana quiere seguir creando con la ilusión que espera no perder, con la inocencia de estar segura de que lo parecido no ha de ser lo mismo, de que lo distinto puede darse en cada nuevo día, con cada nueva obra, con el deseo de poder seguir sintiendo cómo la creatividad emerge a través de ella.

            Nos hemos transformado en la generación del confinamiento y ese hecho inusitado trajo consigo una evolución en el arte de Susana, comenzó a enfocarse en los dibujos con el iPad, evolucionando hacía el arte digital para de esta forma, compaginarlo con la pintura tradicional. Su presencia en las redes sociales es muy reciente, y el salto a las mismas fue impulsado por sus hijos, sabedores de la repercusión que uno puede llegar a alcanzar asomándose a esas ventanas, que no dejan de ser los más modernos escaparates. Reconoce que es muy placentero saber que tu trabajo gusta, que la gente aprecia lo que haces y que, a parte de todo esto, gracias a esta exposición pública, puede disfrutar de más de un encargo. Su presencia en ferias de arte y artesanía, el poder hablar de su obra, el poder explicar con la palabra a la gente una pequeña parte de su artística mirada, es otra de las cosas que le agradan.

https://www.instagram.com/susanabermejo_/

«Pintamos, porque la vida no basta», dijo en su día Mikel Barceló y Susana no podría estar más de acuerdo con estas palabras, afirmando que «no basta porque sobran muchas cosas y el arte en general es una vía de escape, un desahogo». Yo espero que Susana no deje nunca de viajar, no deje nunca de inventar, no deje nunca de deleitarnos con sus imágenes, no deje nunca de compartir su mirada, su mundo, con nosotros. Que siga haciendo lo que le apetece, que ahora es pintar en la calle, en la playa, en el campo, sumergirse en el realismo para perderse en la abstracción. Y sobre todo, deseo para Susana Bermejo que no deje nunca de vagar por esa Ítaca de verde eternidad.

«El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable». (Borges)


Raquel Villanueva Lorca (Ponferrada, 1970). Sus inicios en la lectura se remontan a sus días de infancia, creando a través de los libros un mundo paralelo repleto de palabras y metáforas.

Comenzó sus pasos en la escritura de manera tímida, plasmando en papel reflexiones, relatos cortos, e intentos de historias algo más completas y extensas.

Divide su tiempo en tres facetas: lo leído, lo escrito y lo vivido, trío de experiencias que terminan por conformar el todo que intenta ser.

Socia fundadora del Club Petronio, que intenta —junto con el Ayuntamiento, el Consejo Comarcal del Bierzo y otros organismos públicos y privados—, fomentar la lectura y activar la vida cultural de la ciudad de Ponferrada.

Tiene cuatro libros publicados: La decisión de Elsa (2007), finalista del VI Premio Hontanar de narrativa breve. La Cruz del Sur (2015), novela ganadora del I premio de Novela Corta de Editorial Fanes. Relatos de una adoratriz (2018), antología de relatos eróticos. Relatos de mar y vida (2021), obra finalista de la IV Edición del Premio Caperucita Feroz en la modalidad de conjunto de cuentos.

Varios premios y menciones especiales en diversos concursos de relatos. Colaboradora en reconocidas antologías, como en el libro de autores bercianos que se que se editó con motivo de la entrega del Premio de la Crítica Literaria 2018, que tuvo lugar en Villafranca del Bierzo a primeros del mes de abril del año 2019, o en el muy reciente libro homenaje a la poeta berciana Manuela López. Una vida, una obra.

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