Nohelia Alfonso en el Filandón violeta

Por Pilar Escamilla Fresco

Sección: Filandón violeta

Lunes, 25 de octubre. 2021

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Nos reunimos, charlamos, hilamos versos y somos libres. Somos mujeres, madres, tías, abuelas, hermanas, hijas, escritoras, amantes, trabajadoras, amas de casa, luchadoras, idealistas, soñadoras…

Nuestro hilo es la palabra, el verso nuestra arma y la lengua la artillería que usamos para defendernos.

Somos violetas. Y nos reunimos a tejer palabras con nocturnidad y alevosía. Quien nos quiera escuchar, que nos siga de cerca.

Sed bienvenidas y bienvenidos a esta nueva entrega de nuestro FILANDÓN VIOLETA.

***

@Nohelia Alfonso

Nohelia nos mira con esos ojos enormes queriéndonos decir todo y no decir nada. Nos observa tratando de obtener de nosotros los elementos únicos que nos definen y que ella llevará en su cabeza para, a su vez, convertirlos en historias, historias que, a su vez, nos llevarán a un mundo propio lleno de personajes palpables y únicos, con una oscuridad tan brillante como la mirada de la propia Nohelia.

Hoy os traigo no una poeta (aunque algo de poesía ha escrito y publicado) sino una narradora que nos llevará, como Scheherezade, a su mundo. Pero antes de nada, y como siempre, empecemos con una breve biblio-biografía.

Nohelia Alfonso Sáez nació en 1986 en La Robla, León. Ávida lectora, desarrolló muy pronto un interés fuera de lo común en una niña por la escritura de cuentos, hasta que con once años dio forma a su primera novela. Sus profesores enseguida la orientaron hacia la literatura, por ello fue ganando concursos locales y escribió una segunda novela a la edad de quince años. Su amor por las palabras la llevó a estudiar Filología Hispánica en la Universidad de León, donde presentó esa segunda novela, El mercado de las almas, al Concurso Cersa Ateneo Universidad de León y resultó premiada en 2007. Tras centrarse en su carrera docente, aunque sin abandonar nunca la escritura gracias a su blog http://alasdemusgo.blogspot.com/ y a las actividades del grupo de escritores jóvenes #Plataforma, concibió Alas de musgo (Premio Asturias Joven de Narrativa 2018), un libro que reúne los mejores relatos escritos hasta la fecha, y que, como la gacela de Lorca, intenta aunar ternura y oscuridad. En 2020 obtuvo el Premio Provincia de Guadalajara Camilo José Cela de Narrativa por su novela Amar a la bestia. Actualmente es profesora de Lengua castellana y literatura en Asturias, y trabaja en su siguiente libro.

Nohelia ha tenido la bondad y la inteligencia de responder a nuestras preguntas con la frescura de su juventud pero con la certeza y la profundidad de una escritora consagrada. Os dejo con sus reflexiones. Espero que os animen a adentraros más en el mundo de nuestra protagonista de hoy. Y a buscar sus libros para leerlos.

¿Qué te llevó a convertirte en escritora?

La necesidad de crear historias, de entenderme a mí misma y de comprender el mundo que me rodea escribiéndolo, imaginándolo de otro modo, diciendo a través de personajes ficticios cosas que yo llevaba dentro y necesitaba sacar, purgar. La búsqueda de la belleza, el afán de conservar las palabras y las historias de otros, de capturar momentos propios, de sublimar sensaciones, de ver el fruto de mis lecturas… Digamos que no era una meta en sí, sino más bien la consecuencia de no poder parar de escribir.

¿Cómo integras la literatura en tu día a día y en tus obligaciones personales y laborales?

Últimamente de forma muy deficiente a causa de tener demasiados frentes abiertos. Pero no sé si tener más tiempo libre o más estabilidad laboral me abonaría el terreno de integrarla de mejor manera, porque a veces, teniendo más tiempo, escribo menos. Escribir es estar solo en toda la rotundidad de la palabra, y eso a veces es difícil o no deseado. Además la musa aparece cuando quiere. Por norma general, en el peor momento, que suele ser cuando más ocupado estás. Creo que esperar el instante perfecto para escribir es imposible, por eso lo hago cuando me llega el furori, como los románticos, y para eso necesito estar muy conectada con experiencias que me remuevan por dentro, ya sean literarias, sensoriales o vividas, y no puedo determinar cuándo ocurrirá. Eso es lo que enciende la chispa. Y cuando aparece, hay que avivarla, aunque suponga hacer una anotación con el móvil en mitad de una reunión o desvelarse y encender el ordenador.  Hay períodos de sequía que se combinan con otros más fértiles, y yo no sigo una rutina ni soy disciplinada porque si no me nace de las mismas entrañas no me apetece escribir. Soy muy visceral escribiendo. Puede que por eso no escriba tanto o tan a menudo.

Participas en grupos como #Plataforma. ¿Qué puedes contarnos de tu experiencia y cómo animarías a la gente a acercarse a vuestros eventos y vuestros trabajos?

Unirme a #Plataforma fue con el ánimo de retomar la escritura tras la universidad, de estar en contacto con otra gente de mi edad que escribiera, de pertenecer a un colectivo con las mismas inquietudes y pasiones, y eso fue lo que obtuve: un refugio literario. Durante los años que estuve en León hicimos cosas muy refrescantes y divertidas, aprendí mucho. No solo a la hora de crear juntos y de ver publicadas algunas de mis cosas, sino en los juegos literarios propuestos, en las formaciones y cursos que recibimos, en las lecturas de textos de otros miembros y de autores de los que tomar nota en secciones como El talento de los demás o los micros abiertos. Ahora colaboro desde la distancia en la medida de lo posible, y siempre animo tanto al público como a los posibles integrantes a participar de lo que hacemos, no solo porque es divertido disfrutar de una efeméride, presentación, u homenaje, sino porque hay una literatura en la ciudad que tal vez no está en las listas de best sellers pero late fortísimo, está naciendo, y creo que es un privilegio poder degustarla de forma tan cercana y original.

Por lo que he podido ver, León está muy presente en tus textos. ¿Se podría decir que León es uno de los protagonistas de tu obra?

León tiene entidad de personaje en Amar a la bestia, y aparece un fuerte poso suyo en muchos de mis relatos, lo que creo que es un reflejo del amor por mi ciudad y del peso de mi procedencia. Eso no quiere decir que aparezca en todo lo que escribo, claro, pero por supuesto que es importante más allá de la propia zona geográfica, más allá de ser escenario o marco. Me explico: León tiene una fortísima tradición cuentística oral de la que yo he podido, por suerte, nutrirme desde muy niña, y eso ha sido muy determinante a la hora de escribir y a la hora de escribir de determinada manera. Además, no por nada mis personajes son tan tenaces: salieron de una pluma cazurra.

¿Qué le dirías a alguien que empieza ahora en el mundo de la escritura?

Que no desista, que escriba siempre para sí mismo, que lea incesantemente y persiga la inspiración, que busque concursos y llame a la puerta de alguna editorial, que se rodee de otros escritores y aprenda de ellos y del ambiente, que no tenga prisa, que escriba, que escriba, que escriba, que no tenga miedo a romper folios, que busque su propia voz.

***

De Nohelia sólo he leído la novela Amar a la bestia (por favor, si no lo habéis hecho ya, leedla), aparte de los textos que ha compartido con nosotros en este filandón, tengo en casa el libro donde está el poema que ha querido compartir con nosotros y he acudido a sus páginas a leerlo en papel impreso varias veces para deleitarme con el uso magistral que hace de las palabras.

Como siempre decimos en este lugar, no hay filandón sin voz. Os dejo unos vídeos donde podréis escuchar y ver a Nohelia. Y para terminar, como siempre, con una muestra de su obra.

Por favor, id a buscarla en los libros. Como siempre digo con nuestras protagonistas, con cuidado porque no saldréis ilesos de su lectura.

VÍDEOS DE NOHELIA ALFONSO RECITANDO SUS VERSOS

MUESTRA DE SU OBRA:

DEORSUM CORDA

Ojalá fuera capaz de extirparme este corazón
– maldito regalo tóxico ese de haberlo obtenido puro–,
con mis propias uñas, clavándolas en mi carne absurdamente tierna,
rompiendo las fibras,
apartando los tendones,
abriéndome las costillas con fuerza,
metiendo la mano entre las vísceras calientes hasta alcanzarlo,
hasta notarlo bombeando en mi mano,
frágil como un gatito, como una lagartija indefensa
a merced de depredadores
que lo huelen desde lejos.
Lo apretaría hasta notar cómo se seca,
cómo se hincha y estrangula,
cómo cede sin poner
– una vez más– ninguna resistencia.
Me gustaría triturarlo entre los dedos,
como un huevo crudo,
sentir cómo se desmenuza y mengua,
cómo el afecto se agota a borbotones,
chorreando de forma inevitable
en manantial de amor que se despeña
sobre el sucio suelo,
junto a las colillas,
los escupitajos y  la mierda.  
Quizás allí entre la inmundicia,
tenga el trato que no obtuvo cuando lo lucí de estandarte,
cuando lo mostraba ancho y lustroso como una bandera.
Quizás allí, entre la basura,
rodando cerca de alguna alcantarilla,
ya nadie lo use de cenicero ni de escupidera.
Quizás por fin me dé el asco necesario
para renunciar de una vez por todas a él
y a sus putas ínfulas de complacencia.
Ojalá no lo hubiera zurcido con lástima,
ojalá no hubiera invertido en él
décadas de anestesia,
listas de espera interminables
para el quinto o el décimo bypass
por absoluta indiferencia.
Así que no digáis más
lo mucho que me honra
esto a lo que todos llamáis “pureza”:
Lo que a vuestros ojos es noble,
dulce, amable, enorme, audaz…
a mí solo me atormenta.

(Para qué poetas, Mariposa Ediciones, 2020)
(Publicado también en su blog: http://alasdemusgo.blogspot.com/2019/09/deorsus-corda.html)
MICTLÁN

Sabía que me habían enterrado según el rito mexicano por el sudario que me cubría y por la estatua doliente que me velaba afuera del ataúd, donde también había un retrato mío. De él salí arañando la tierra con mis pobres manos, manos que habían escarbado terruños otras veces, pero con fines arqueológicos, no de supervivencia. Los jirones del vestido de novia me ataban al suelo como sedosas cuerdas del inframundo, y tuve que rasgarlos a la fuerza para liberarme de aquella prisión. Luego arrastré mis huesos por el suelo, escupiendo lo que en un primer momento creí barro, pero luego se reveló como líquido de embalsamar y gusanos deshechos. ¿Cuánto tiempo llevaba muerta? No conseguía recordar nada. El cementerio estaba lleno de cirios y de un notable olor a incienso y copal. Me deslicé unos cuantos metros por el terreno, incapaz de mover las piernas, hacia la luz. También había flores y cestos con fruta, tortillas, y aguardiente con ajenjo. Era sin duda la noche del Día de Muertos, y si estaba en lo cierto, por las velas encendidas, debían de ser las dos de la mañana, hora de regreso de las ánimas a Mictlán, la región de los difuntos, donde no existen puertas ni ventanas. ¿Iba a tener tiempo de pedir ayuda? ¿Por qué no había podido salir antes de aquel maldito féretro? 

Y entonces lo vi. Saliendo ya por la cancela. Mi prometido, ¡allá iba! Traté de gritar, pero mi garganta cadavérica no produjo sonido alguno. Se detuvo un momento antes de cerrar la puerta. ¿Me habría visto? Alcé los brazos como pude. ¡Sí, venía hacia mí! ¡Oh, Dios, gracias! ¡Querido mío, sácame de aquí! Llegó corriendo a mi lado, mientras yo hacía toda clase de esfuerzos por hablar, y miró alrededor, seguramente sin poder creer lo que veían sus ojos. Luego salió de mi campo de visión y regresó con una pala en la mano que rápidamente me estampó en el cráneo. Noté cómo mis vértebras se partían, dejando mi cuello en un ángulo que no me permitía ver qué hacía, pero sin duda me estaba arrastrando por los pies. Clavé mis dedos en la tierra, casi sin fuerza. No pude impedir que me echara de nuevo en el hoyo del que había salido y lo tapara otra vez.

Cuando desperté, aterrorizada, estaba en la habitación de hotel donde había pasado mi luna de miel, en México, como siempre había querido, y el vestido de novia seguía colgado donde lo había dejado la noche anterior. Los nervios por el matrimonio y las fechas en que nos encontrábamos me habían jugado una mala pasada. Suspiré aliviada. Mi recién estrenado esposo no estaba en la cama para poder calmar el desasosiego que tal pesadilla me había causado, así que me levanté para darme un baño que desprendiera de mi carne la piel de aquel horrible sueño. Algo cayó al suelo. Era el colgante mixteco de oro y jade que había extraído de aquella excavación cerca de Xayacatlán de Bravo, mi algo viejo, mi algo prestado y mi algo azul. Estaba particularmente orgullosa de haberlo conservado para mí. Costaba una auténtica fortuna, pues había sido fabricado unos setecientos años antes de Cristo. El valor que yo le daba, enamorada como estaba de los yacimientos prehispánicos, era incalculable, y haberlo hallado justo antes de la pedida de mano de mi actual marido era sin duda una señal de que debía poseerlo. Lo había mantenido en una caja fuerte hasta el día de la boda. Y era el momento de seguir luciéndolo con orgullo. Volví a ponérmelo y abrí el grifo del agua caliente para llenar la bañera.

Él también debía de valorarlo mucho, está claro, porque mientras yo me desnudaba para entrar en el agua jabonosa, entró con sigilo y me golpeó fuertemente el cráneo con algún objeto metálico. Noté cómo mis vértebras se partían, dejando mi cuello en un ángulo que no me permitía ver qué hacía, pero sin duda me había quitado el colgante, y me estaba arrastrando por los pies. Esperaba que me enterrase según el rito mexicano para poder regresar, de nuevo, el próximo Día de Muertos.

(Inédito, publicado en su blog: http://alasdemusgo.blogspot.com/2018/11/mictlan.html)


Pilar Escamilla Fresco: Tejiendo en la sombra.

Tejiendo y leyendo y escribiendo y viviendo y soñando y amando y… y todo lo que hago siendo todo lo que soy. Ahí estoy yo, detrás de este filandón violeta, intentando sobrevivir en una gran ciudad donde me siento hormiga, leyendo, escribiendo y recitando poesía, siendo madre, trabajadora y poeta de guardia, como decía nuestra querida Gloria.

Me llamo Pilar Escamilla Fresco y si quieres saber de mí búscame aquí: www.caradeluna.es

Pero ante todo lee poesía, lee poesía todos los días de tu vida.
Y si tienes hijos, léeles poesías.
Sin poesía, no hay vida.

2 comentarios en “Nohelia Alfonso en el Filandón violeta

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