El feminicidio es una cicatriz con más importancia que una estría.

Por Irene Fidalgo

Sección: Escriben nuestras jóvenes

Viernes, 30 de julio. 2021

Recientemente, navegando por Internet, encontré un vídeo que me llamó la atención y sobre el que creo es necesario comentar algunos detalles, puesto que es un tema que debería tener más respuesta que otros vídeos en Internet más enfocados a la diversión o a la belleza.

Feminicidio en Honduras. El vídeo que da pie a esta reflexión.

A pesar de que mi preferencia es redactar textos enfocados en la visión de la mujer a través de la literatura, me parece interesante también cubrir una de las problemáticas más mediáticas de la actualidad: el feminicidio.

Muy poco hay que indagar en nuestros orígenes literarios para encontrar ejemplos de feminicidio. El Cantar de mío Cid de principios del siglo XIII o la tragedia de Otelo: el moro de Venecia de Shakespeare son claros ejemplos de ello. Sin embargo, quizá sea la novela negra la que nos brinda más ejemplos de este tipo de violencia, ya sea a través de la voz de Mercedes Pinto en Él, de Dulce Chacón en Algún amor que no mate, de Dolores Reyes en Cometierra o en Formas de estar lejos de Edurne Portela.

Es, en mi opinión, curiosa la constatación de que parecen ser, tanto en la literatura como en la realidad, una gran mayoría de mujeres las que están alzando la voz ante estas injusticias sociales y señalando los delitos cometidos tanto en el ámbito público como en el privado.

El vídeo causante de esta breve reflexión para la columna nos transporta hasta el «lugar más mortífero para ser una mujer»: Honduras. Varios son los temas a los que se hace mención en los quince minutos que dura el reportaje, pero más impactantes son las imágenes de los cuerpos tendidos en el suelo y tapados con sábanas sucias que nos llegan a quienes estamos viendo el vídeo en nuestras casas. Es abrumadora la sensación de impotencia que causa la rabia de no entender el por qué. Esto es lo que nos cuenta sin tapujos un padre que ha tenido que enterrar a su hija de catorce años decapitada en una zona agreste por una banda de la localidad. ¡Y qué horrible saber que no hay una razón!, que ella es uno de los miles de rostros que aparecen cada día en una esquina cubiertos por una sábana y acordonados por la policía. Las mujeres tienen miedo de salir de sus hogares y las chicas están expuestas a sufrir agresiones y violaciones casi a diario por hombres jóvenes de distintas bandas que controlan varias localidades. Decapitadas, desmembradas o incluso con la piel arrancada a tiras.

En Honduras se registra la mayor cantidad de feminicidios en el mundo. (Foto: La Tribuna)

¿Cuál es el impulso soterrado que vive en el ser humano y le obliga a cometer tales atrocidades? Recuerdo en estos momentos el cuento de «La intrusa» de Borges, recogido en El informe de Brodie (1970), y tiemblo. Tiemblo porque me veo recorrer las páginas de las violaciones cometidas en el relato por los dos hermanos y la posterior matanza de la muchacha forzada, y contemplo con angustia la realidad que desencadena la ficción. El espejo que nos mira a través de las letras y nos acusa con el dedo estirado. Es una lástima que no todo el mundo sea capaz de mirarse en ese rostro deformado y horrendo que la literatura es capaz de armar en un intento por salvarnos de nosotros mismos.

No obstante, no todo parece perdido. Un grupo de mujeres se alza a la cabeza de una organización que intenta ayudar a estas mujeres asesinadas diariamente en Honduras: MOMUCLAA ( Movimiento de Mujeres de la Colonia López Arellano y Aledaños). No solo velan por la seguridad de mujeres y niñas maltratadas en sus hogares y con posibilidad de ser asesinadas en las calles, sino que tratan, por medio de la educación, de contrarrestar este efecto, fruto de la violencia y la ignorancia, en las generaciones más jóvenes.

Esto me hace pensar que, quizá, al ser humano aún le quede esperanza.

Más información: https://www.telesurtv.net/news/Honduras-es-el-pais-con-mas-femicidios-del-mundo-20140829-0046.html


Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones. 

2 comentarios en “El feminicidio es una cicatriz con más importancia que una estría.

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