Delmira Agustini y el Modernismo: Nuevas propuestas de Género. A través de la entrevista a Tina Escaja. Por Paula Barba del Pozo

Sección: MATRIA. Hablemos en femenino (Escriben nuestras jóvenes)

Viernes, 20 de enero. 2023

Hace un par de meses hablaba sobre la figura de Delmira Agustini a la luz de los nuevos enfoques de género en el ámbito literario. Hoy, la autora de la que me he valido principalmente para adentrarme de lleno en el universo de Agustini me concede una entrevista en la que hablaremos sobre cómo afecta la devaluación histórica de las obras de las mujeres al canon actual, cómo se está revistiendo, poco a poco, una nueva crítica y cómo, una vez más, el trabajo de las que han llegado saca a flote el de las que estuvieron antes de ellas.

Tina Escaja, la entrevistada de hoy (Foto tomada de su facebook)

Tina Escaja (Zamora, 1965) es una ciber-poeta destructivist/a, como ella misma se define, escritora, artista digital y profesora de la Universidad de Vermont (EEUU), donde actualmente ejerce la cátedra de Literatura Iberoamericana y el rango de Profesora Distinguida de Lenguas Romances y Estudios de Género. Además de sus distinguidos premios y galardones, dentro de su faceta como investigadora de la escritora uruguaya caben destacar Salomé decapitada: Delmira Agustini y la estética finisecular de la fragmentación y Delmira Agustini y el Modernismo: Nuevas propuestas de género, libro sobre el que conversaremos en las siguientes líneas.

De antemano, muchas gracias, Tina, por responderme a estas preguntas:

PBdP: En primer lugar, señalas justo al comienzo del libro el congreso realizado en 1996 en la Universidad de Vermont con especial atención en Delmira, pero también en el resto de autoras que conformaban (y, en ciertos casos, conforman) un territorio olvidado para la crítica: ¿Cómo hablarías hoy, en resumidas cuentas, de los temas principales que abordasteis en ese congreso? ¿Crees que autores y lectores han hecho en estos 25 años transcurridos progresos en la forma de reconsiderar a estas autoras?

Muchísimas gracias a ti, Paula, por la oportunidad y por la visión de seguir reevaluando estos importantes temas. Respondiendo a tu pregunta, considero que, definitivamente, se han producido numerosos y fundamentales cambios en este cuarto de siglo desde que convoqué a un diálogo sobre Delmira Agustini y los ”modernismos” en el Foro Hispánico anual organizado en mi universidad. Entre los avances más positivos se encuentra la incorporación, aunque tímida, de (por lo menos algunas) autoras en un canon literario que las ignoraba o relegaba a un papel absolutamente secundario en los anales literarios. Este avance tiene mucho que ver con reevaluaciones como las que yo misma propuse con mis trabajos sobre Delmira Agustini y sobre otras autoras del periodo, como Adela Zamudio o Laura Méndez de Cuenca. La incorporación cada vez mayor de investigadoras en el campo de la crítica literaria, y de una mayor conciencia feminista en general, ha permitido dicho avance y reconsideración. La respuesta a tu pregunta sobre cómo hablaría hoy sobre los temas que instigaron el volumen al que aludes requiere una reflexión más amplia que iré insertando a lo largo de esta entrevista.

Portada del libro coordinado por Tina Escaja en torno a Delmira Agustini

PBdP: Ahora bien, Tina, ya entrando a fondo en materia delmiriana, me gustaría saber qué opinas sobre el hecho de eliminar, a la hora de estudiar a Delmira, la distancia entre sujeto real y sujeto poético.  Si bien es verdad que no hay una opinión unánime entre los estudiosos, yo, siguiendo las palabras de Ehrick, comentaba en mi artículo sobre Delmira que una de las consecuencias había sido relegar la voz de la autora a la de la experiencia individual, en lugar de elevarla en el plano poético a la de la totalidad de la mujer de principios de siglo ¿Consideras que esto ha podido contribuir a alterar la recepción del mensaje de su obra?

Yo creo que justamente ésa es la diatriba de las escritoras del modernismo, que en mi introducción señalo como “estrategias de (auto)definición”. A fin de poder ser publicadas, las autoras del momento tienen que presentarte desde una figuración esencialista y al mismo tiempo extrapolarse como poetas. Es la “Nena” y la “poetisa/pitonisa” en el caso de Delmira, indicaciones ambas problemáticas pero que sirvieron al objetivo último de ser nombradas, esto es, publicadas. Teniendo en cuenta la manipulación de toda perspectiva recibida como “canónica”, depende de la lente en que se estudie la escritora lo que dirima mensaje y persona, contexto y obra. Por lo demás, el momento histórico de Agustini es particularmente extraordinario en términos de género y sexualidades en particular, y resulta importante tenerlo en cuenta a la hora de aproximarnos a la autora y a su obra.

PBdP: Al hilo de la pregunta anterior, ¿qué implicaría, además, leer a la autora y no a la obra? Como tú bien señalabas, una de las consecuencias de esta lectura ha sido la entrada en escena de ese “inconsciente sexual” ¿Cómo explicarías el constante interés por fetichizarla a la par de un antagónico empeño por parte de la crítica de desexualizarla? ¿Viene esto a decir que aún se considera con poco rigor el arte basado en la sexualidad (e insisto, femenina)?

La diatriba feminista como instrumento de análisis en autoras como Agustini resulta emblemática, como implícitamente he comentado antes. Por una parte, se quiere disociar la obra de la autora para contestar o resistir la pragmática de la época de ver a la mujer escritora exclusivamente como fetiche y sexo, musa erotizada del autor modernista. Así en la presentación de Agustini como niñita “frágil” en sus primeros trabajos, transferida luego a “pitonisa en celo” por la crítica de los contemporáneos de la gran autora, a fin de reducirla a un objeto de deseo y no a una colega susceptible de autoridad. Estos son recursos que hábilmente utiliza también la propia autora, que al fin refleja toda una pragmática de anarco-sexualidad facilitada por el batllismo. Mi perspectiva es unificar ambos planteamientos: autora, contexto y obra, soslayando, en el caso de Agustini, una sexualidad directa y sorprendente para la época por tratarse de ser una mujer la que la inscribe, si bien el erotismo escrito por hombres jamás se personalizó. En la ruptura y cuestionamiento de la “jerarquía” entre sexualidad trascedente o voyerista (masculina) y particular, personalizada y de mujer, al servicio del lector/escritor hombre, está la base de la atención y contextualización, en mi opinión, de una crítica veraz de la obra y de la autora.

PBdP: Otra de las cuestiones que más me han llamado la atención sobre lo que apuntas en tu ensayo es la falta de lenguaje con la que una mujer de principios de siglo se encontraba a la hora de definirse ¿Hablarías de ello como un rasgo plenamente diferenciador de Delmira? Sobre todo, ¿crees que la re-articulación del lenguaje puede ser algo que hayan heredado autoras posteriores a la uruguaya para autodefinirse y, por tanto, esté presente a lo largo de la escritura femenina?

Cierto, el lenguaje que manejan las autoras de ese periodo, y de otros periodos previos sobre todo, es un lenguaje “minado” por la perspectiva dominante, cis-heteropatriarcal, que en gran medida sigue en curso. Delmira consigue articular su propio lenguaje dentro de ese campo de minas y por ello permite y abre puentes de expresión a una articulación de mujer por ser referente que logra “publicar”, esto es, hacerse “pública” (siempre aludo a ese concepto binario contrastado entre “hombre público” y “mujer pública”, a modo de ejemplo de jerarquía sexista en el lenguaje). “Publicar” y no ser “pública”, y al mismo tiempo serlo, es la dirección tomada, con valentía, pero también con recursos y privilegios, por Delmira Agustini (al fin era hija de clase burguesa acomodada a quien apoyaban y hasta animaban sus padres, cosa de por sí bastante poco habitual en la época). Pienso que sigue presente en la actualidad en la escritura de mujer, si bien se ha ampliado a nuevas y necesarias configuraciones de género a través de un lenguaje más inclusivo.

PBdP: Finalmente, Tina, me gustaría dirigirte esta pregunta al plano personal: ¿Qué te motivó a recuperar la figura de Delmira Agustini? ¿Crees que más estudios como el tuyo contribuirían a reestablecer ese ansiado nuevo canon donde los nombres de ellas también encuentran el lugar que les corresponde?

En el prefacio a mi monografía sobre Agustini, Salomé decapitada: Delmira Agustini y la estética finisecular de la fragmentación, aludo a esa génesis sobre mi conciencia e interés en la obra de Agustini y de otras autoras modernistas, extrapolados a mi carrera de investigación sobre mujeres escritoras. El interés se basaba en una ausencia: había mujeres nombradas pero no estudiadas, o simplemente no existían en los anales, estudios, y cursos de enseñanza a cualquier nivel. A medida que avanzaba mi investigación sobre el modernismo advertí numerosas alusiones a “poetisas” del periodo, la mayoría presentadas desde perspectivas negativas y despectivas por parte de luminarios como Rubén Darío, o como contraste a valores “varoniles” excepcionales de alguna de las mujeres comentadas por los artífices del movimiento. Así que quise saber quiénes eran y por qué estaban o dejaban de estar en la configuración del canon literario. Esa fue mi motivación principal que me permitió no sólo entrar en la poesía de extraordinarias autoras, sino también en conceptos de construcción del canon en su vertiente de control y definición arbitraria (y férreamente masculina). Considero que ese esfuerzo, por lo demás colectivo, obtuvo sus frutos: en la Universidad de Pensilvania donde estudié el doctorado e investigué por cuenta propia sobre Delmira Agustini, la obra de la gran autora uruguaya está por fin incorporada a la lista de lecturas requeridas para el doctorado. Apenas había autoras en dicha lista cuando realicé mis estudios de doctorado, y absolutamente ninguna autora que representara el movimiento modernista. Es una labor en común y necesaria que hay que seguir manteniendo, sin duda alguna.


Paula Barba del Pozo (Villablino, León. 2002).

Estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca, se ha interesado por el mundo literario desde joven y, en especial, por las cuestiones que atañen a la mujer en la literatura. En 2019, obtuvo el 2º premio en el XV concurso Forum de Cultura Clásica en Gijón con el texto “Mito de Filomena y Procne: crítica social, donde censuraba la relegación femenina y defendía la reivindicación inconclusa de los derechos de las mujeres. En 2020, publicó su primera entrevista: “Nunca hubo musas, ellas eran las artistas”, realizada a la escritora Luna Miguel en la revista literaria El coloquio de los perros, donde le seguirían otras como “Modernas y vanguardistas. Mujeres faro de la Edad de Plata” realizada a la autora Mercedes Gómez Blesa y artículos como “Para que encuentres tu lugar en la marea”, sobre el poemario Marea Humana del escritor Benjamín Prado. Recientemente, ha publicado en Lejana: Revista Crítica de Narrativa Breve una reseña sobre la recopilación cuentística de Emilia Pardo Bazán, titulada Cuentos fantásticos, a cargo de la editorial Eolas y en el reciente mes de marzo asistió como ponente al “V Simposisio sobre Cultura Alienada. Hilanderas” realizado por la Universidad de la Laguna para recuperar el legado artístico de diferentes autoras. Actualmente, sigue interesada e implicada en cualquier proyecto enmarcado en la línea antes señalada.

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