Las magas de las redes. Por Irene Fidalgo López

Sección: Escriben nuestras jóvenes

Viernes, 9 de diciembre. 2022

Raven Adler: Fue la primera mujer que hizo aparición en un mundo donde solamente habían sido incluidos los hombres.

Desde la banca digital, las plataformas cinematográficas, las apps de realidad aumentada, los recursos digitales educativos a la compra de productos alimenticios por Internet, todo parece estar dominado por estas nuevas tecnologías que se han hecho un hueco en nuestros quehaceres cotidianos. Hasta parece que la vida sin ellas carecería de sentido y, en caso de desaparecer, experimentaríamos una alienación que nos llevaría a la disociación con el mundo natural que nos rodea.

Como docente en formación, me anonadó la cantidad de alumnos que pude comprobar que, en los pasillos del instituto, tecleaban WhatsApps a un ritmo frenético como si hubieran sido poseídos por alguna especie de genio creador de los antiguos griegos o bien subían una nueva fotografía (retocada con Photoshop) a Instagram y actualizaban sus pensamientos en Twitter (no nos vayamos a quedar sin voz si no comentamos lo primero que se nos ocurre ante las noticias del día). Los compañeros que estaban a su lado (enarbolando también sus respectivos móviles no fuera a ser que se encontrasen con algún profesor analógico por el pasillo, y tuvieran que defenderse a golpe de teclear en las negras pantallas de sus instrumentos comentarios mordaces), no parecían siquiera existir en su mismo plano.

A pesar de las incontables ventajas que nos proporciona la postmodernidad, no puedo dejar de pensar que nuestros propios «monstruos» tecnológicos se están volviendo contra nosotros. ¿A quién no le resulta amargo tomar algo en una terraza de un bar y ver a una familia entera más pendiente de lo que pasa en sus pantallas móviles que a lo que sus miembros tengan que decirse? ¿Y los niños en cochecitos que van jugando con el móvil de sus padres? ¿Y qué hay de los niños que solo comen en sus casas si ven dibujos animados? En esos momentos parece que Francisco Ayala en su ensayo «Técnicas de la comunicación», publicado en los años cincuenta del siglo pasado, tenía razones para justificar la pérdida integral de la identidad a manos de las nuevas tecnologías.

Es posible que, en este momento, todos los lectores que hayáis llegado hasta este punto estéis pensando que me encuentro en desacuerdo con esta época y las tecnologías, posición que, aunque en cierto punto acertada, también resulta errónea, pues soy de las pocas que se sitúa en una zona gris intermedia.

Joanna Rutlowska, puso en evidencia los fallos y deficiencias del sistema de Windows Vista, y creó un nuevo sistema capaz de soportar el malware más peligroso de otros hackers.

Desde los estudios sobre las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas, se suele emplear uno de los artículos más conocidos de Umberto Eco, «Postapocalípticos e Integrados», para definir las dos posiciones que los individuos toman ante el uso de las nuevas formas de comunicación, ya  bien sea a favor de ellas (integrados) o a través de su rechazo (postapocalípticos).

 A pesar de las innumerables zonas grises que el teórico no consiguió eliminar en su tesis, es necesario recalcar un hecho que parece inamovible cuando se habla de las nuevas tecnologías y su impacto en la sociedad: han creado una nueva forma de sentir. Habrá quienes sientan que esta afirmación es demasiado rotunda y otros para quienes sea evidente su importancia. Lo cierto es que desde hace décadas, el individuo se ha visto envuelto en un mundo demasiado amplio, demasiado ambicioso y también demasiado peligroso. Ahora la amenaza no llega del medio como nos intentaba prevenir Darwin, sino que, volviendo a la teoría de Hobbes, nos acercamos a una realidad más temible: el hombre se ha convertido en una amenaza para su semejante, pero, incluso, en medio de las tinieblas hay luz como nos recuerda el pasaje bíblico de Isaías. Estoy hablando de los hackers, esos temidos individuos, expertos en la comprensión frenética de las redes, que pueblan los sueños de los grandes empresarios y los políticos del mundo.

Los hackers también tienen sus luces y sus sombras, tildándose (como si se tratara de gnomos de las praderas) de una serie de títulos ciertamente humorísticos. Existen, por un lado los «sombreros blancos», esos que ayudan con su labor a grandes corporaciones que desarrollan métodos para prevenir ciberataques; los «sombreros grises», que, como la gran mayoría de las personas no saben a qué alianza deben servir; y los «sombreros negros», que se dedican a estafar, timar, robar y otras pequeñas y grandes triquiñuelas que ha favorecido la nueva era de la comunicación.

Ahora bien, cuando pensamos en un hacker, sistemáticamente la cabeza se nos va a series como «Mr. Robot», «Black Mirror», «CSI: Cyber» o «Utopía», pero ¿qué tienen en común estas series? Ah, cierto, que son hombres los que se nos presentan al lado de un ordenador, encapuchados (porque al parecer los hackers tienen el monopolio de las sudaderas negras de todos los mercados del globo) y solitarios. Pero, ¿y las mujeres? Aunque es cierto que en series como «Eye candy» o en «Mentes criminales» comienza a aparecer otro prototipo nuevo de hacker: el de la mujer con habilidades innatas para las nuevas tecnologías, lo cierto es que todavía a día de hoy el estereotipo suele girar en torno a una figura masculina. Eso no quiere decir que nunca haya habido mujeres hackers. De hecho, las ha habido y muchas de ellas han tenido una gran importancia en la historia del desarrollo tecnológico y la protección electrónica de grandes empresas multinacionales frente a ataques de skyware o de ransonware. Estoy hablando de Ying Cracker, Joanna Rutlowska o Raven Adler entre otras muchas.

Ying Cracker, es conocida en Shanghai como «la maestra», por su brillantez, lucidez y gran talento para los sistemas informáticos.

Ying Cracker, conocida en Shanghai como «la maestra», es uno de los mejores ejemplos de brillantez, lucidez y gran talento para los sistemas informáticos. No solo es una gran hackers que proporciona ayuda para desarrollar nuevos sistemas de software para la detección de malware, sino que es actualmente una de las profesoras más codiciadas por la atención que pone en sus clases, la rigurosa selección de contenidos ofrecida a sus alumnos y la disciplina con la que presenta distintas formas de acercamiento a las nuevas tecnologías dependiendo de los conocimientos de sus alumnos y el grado de competencia que presentan.

Por otro lado, Joanna Rutlowska es otro de los nombres que con mayor resuenan en la actualidad, pues desde su posición de gran conocedora de las tecnologías, puso en evidencia los fallos y deficiencias del sistema de Windows Vista, pero nunca para aprovecharse de ellos, sino para llamar la atención sobre ellos y crear un nuevo sistema capaz de soportar el malware más peligroso de otros hackers. Su gran ayuda a corporaciones de prestigio y a empresas la ha convertido hoy en día en uno de los iconos y modelos a seguir en el campo de la ciberseguridad.

De la misma forma, Raven Adler también destaca en esta lista. Su temperamento fuerte y su resistencia pese a las desavenencias exteriores, consiguió que reuniese coraje y fortaleza suficiente para presentarse a una conferencia de hackers. Fue la primera mujer que hizo aparición en un mundo donde solamente habían sido incluidos los hombres. Su experiencia fue modelo a seguir en numerosos meetings, charlas y conferencias a lo largo del globo, rechazando la idea de que solo los hombres pueden ser partícipes del mundo de las tecnologías. La mujer también ha dominado este terreno, con fuerza, vigor y gran habilidad.


Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones. 

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