Insumusas

Por María Rodríguez Velasco

Sección: Fotogramas velados. La mujer en el cine

Lunes, 31 de octubre. 2022

Después de un poco de deporte y una ducha reparadora, me senté frente a un plato de croquetas. La cocinera –mi madre- debe guardar algún ingrediente secreto, ya que nunca he probado un manjar parecido. En ese momento –casualidad-, en la televisión, un señor comparaba el virtuosismo de los sexos en los fogones y aseguraba que los mejores chefs eran hombres. Bien es cierto que las imágenes eran en blanco y negro, pero aquella frase hizo que pusiera mucha atención al título del documental donde aparecía; tanto, que no dejé para el día siguiente lo que podía llevar a cabo esa misma noche. Busqué en una plataforma, a la que me suscribí por la variedad de su catálogo, y lo encontré: Delhine et Carole, insoumuses (2019).  

Callisto McNulty

Callisto McNulty (París, 1990) es directora, guionista y nieta de Carole Roussopoulus (1945-2009). En el mismo año de su fallecimiento, su abuela comenzó un trabajo audiovisual que pretendía rendir un homenaje póstumo a su amiga Delphine Seyrig (1932-1990), actriz, videorrealizadora y activista; pero no pudo acabarlo. Este material fue el punto de partida de McNulty, con el que ha conseguido situar a ambas en el lugar que merecen. Por él ha recibido el Gran Premio en el Festival Internacional de Cine de Ginebra y el Foro de Derechos Humanos; también, el Premio del Público a la Mejor Película Documental en el 41º Festival Internacional de Cine de Mujeres de Créteil.

Carole y Delphine

Carole y Delphine se encontraron en un taller de realización audiovisual. Lo impartía la primera, que no había oído hablar de la segunda, aunque ésta fuera una actriz bastante conocida en Francia. Delphine se acopló al grupo como una pupila más, sin alardes, ni aires de grandeza. Carole se dio cuenta enseguida de la creatividad que poseía y de su rapidez a la hora de materializar una idea. Con ella no se perdía el tiempo en rodeos sin sentido, ni las dudas resultaban un obstáculo para emprender cualquier proyecto.

Manifiesto SCUM (1976)

Eran los años setenta y Seyrig había contado con el privilegio de trabajar con algunas mujeres cineastas, como Chantal Akerman, Marguerite Duras y Ulrike Ottinger. Esto le dio una perspectiva insólita, desde la que analizó los papeles que había interpretado hasta el momento. Se percató de que siempre hacía lo de los demás, de que nunca se había expresado por sí misma; comprendió que, hasta entonces, se había visto a las mujeres como las pintaban los hombres. Eran ellos quienes formulaban las historias, quienes habían mantenido una visión femenina muy sesgada y la perpetuaban –puede que sin ser conscientes de ello- en la gran pantalla: la obligación y el instinto de supervivencia de la mujer era el deseo de agradar. Ella reconoció que le tenía miedo a la cámara, porque ese ojo se tornaba angustiante, desagradable. No obstante, en repetidas ocasiones manifestó estar orgullosa de ser actriz y, si la calificaban de intelectual, lo negaba rotundamente. Tenía la virtud de la humildad, al afirmar que ella no se había formado suficientemente y que se utilizaba ese término muy a la ligera. Sin embargo, junto a Carole y Ioana Wieder (traductora) produjeron una serie de vídeos donde rompieron con lo establecido. Les Insoumuses, como se hacían llamar, alentaron la emancipación femenina y el activismo político con títulos como Calladita estás más guapa, Maso y Miso van en barco, y Manifiesto SCUM; filmados todos en 1976.

El documental de McNulty que ahonda en el trabajo de Delphine y Carole

El documental de McNulty es necesario ahora y más adelante, pues profundiza en aspectos y derechos que, aún en 2022, se cuestionan o frivolizan. Involucra a hombres y mujeres, también a aquellos y aquellas que juegan al parchís y mueven ficha en un tablero que no toman en serio. Por ello, la técnica que empleó Delphine en las entrevistas, y que le costó más de una discusión con su amiga Carole, consistía en mantener planos fijos y estáticos. Quería que la gente escuchara a esas mujeres. Si la cámara no paraba de moverse, la atención se dispersaba. Así, se observa a muchas actrices que gozaban de éxito y admiración concluir que, si más mujeres escribiesen, todo sería distinto; pues se generarían otros registros y la carrera cinematográfica no decaería a partir de los cuarenta. Jane Fonda confesaba en una de esas cintas que, en una prueba de maquillaje, le sugirieron que un dentista podía fracturar su mandíbula para estilizar su rostro, y que cierto productor le propuso una operación de aumento de pecho. “Tenían que arreglarme para venderme”, ratificaba, algo asombrada todavía. Del mismo modo, Maria Schneider, la coprotagonista de El último tango en París (1972), reflexionaba acerca de quiénes eran los que siempre habían guiado sus pasos en su profesión: directores, técnicos, productores, agentes… hombres, sólo hombres. Mallory Millet-Jones afirmaba que se consideraba una buena actriz por el simple hecho de ser mujer. Desde niña, la habían entrenado para seducir y sus papeles se fundamentaban en eso.

Durante su trayectoria juntas trataron temas como los trabajos domésticos, el derecho al aborto o la prostitución, desde la crítica, la belleza y el humor. De hecho, dieron voz a un grupo de prostitutas, que se encerraron en la iglesia de Saint-Nizier (Lyon) como un acto de visibilidad y rebelión. Ellas las convencieron para hablar en Les prostituées de Lyon parlent (1975) y, en una ocasión, Françoise Giroud, quien fue Secretaria de Estado para la Condición de la Mujer en el Gobierno de Chirac, les hizo una oferta para que retiraran uno de sus documentales.

Un momento del rodaje de Les prostituées de Lyon parlent (1975)

En 1982 fundaron el Centro Audiovisual Simone de Beauvoir en París, con el objetivo de crear y conservar un archivo relativo al ámbito artístico, donde la mujer estuviera implicada de algún modo. Aunque lo cerraron en 1993 por complicaciones económicas, volvió a abrir sus puertas en 2003. Puede que este escrito sólo resuma una parte de la vida de aquellas que son mencionadas en él y que el reportaje de Callisto McNulty únicamente suponga una evidencia más de que los derechos no sólo se consiguen, sino que hay que mantenerlos día a día. Sin embargo, gracias a la perseverancia de quienes nos precedieron, hoy hemos normalizado lo que entonces sólo era un sueño. Si todos continuamos, paso a paso, también mañana las utopías serán realidades.


María Rodríguez Velasco. Escritora y actriz.

Nace, crece y, actualmente, vive en Aceuchal, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Neuropsicología y Educación por la UNIR. Colabora en la revista cultural digital Amanece Metrópolis reseñando obras de teatro, novelas y poesía; también, ha participado escribiendo relatos cortos en la sección de bloggers de la Editorial Acto Primero. Es integrante de la Asociación Acebuche-Teatro desde hace más de una década y ayudante de dirección en su cantera infantil. Ejerce profesionalmente como orientadora en los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de la Junta de Extremadura, en diversos centros.
Apasionada del cine, la música, la lectura y el teatro, que le han aportado sosiego, sentido común y horizontes infinitos donde proyectar sueños y realidades posibles. La interpretación y el escenario le han permitido viajar lejos y profundizar en las entrañas de muchos personajes; en definitiva, explorar la inteligencia emocional.

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