Anais Vega, una poeta cargada de futuro

Por María Pizarro

Sección: Desde lugares que también existen

Miércoles, 5 de octubre. 2022

Anais Vega (1991, Villafranca de Córdoba). Promotora de cultura infantil y juvenil y copresidente de la Asociación Cultural La Talega Roja, es hija de Ana Vega Burgos y nieta de Antonia Burgos, «la escritora campesina», y Cristóbal Vega, «el poeta de la Paz». Alrededor de esta familia hay una historia que ella misma me ha contado – o su madre- sobre unos zapatos envueltos en un papel de periódico, origen de esta saga de escritores. Junto a su madre organiza el Encuentro de Poesía por la Paz de Villafranca de Córdoba, que tras varias ediciones se denomina ”Cristóbal Vega Álvarez”, en honor a su abuelo.

Con su primer poemario, Azules y otras sombras, recibió en 2021 el Premio de Poesía Joaquín Benito de Lucas. También ha sido reconocida con cuatro premios de narrativa breve a nivel nacional. Posteriormente fue galardonada en XIV edición del Concurso de poesía joven, que otorga RNE y la Fundación Montemadrid con la obra Secuelas del Fuego, que será publicada por la editorial Pre-Textos.

Finalista del IV Premio Nacional de Poesía Viva #LdeLírica, participará en una antología publicada por Huerga&Fierro, con los poemas de los seis que han resultado finalistas y poetas reconocidos como Juan Carlos Mestre, Jesús Aguayo y Ana Rosetti entre otros. Pero no podemos obviar algo de lo que la autora está tremendamente orgullosa, de haber retomado sus estudios, cursando actualmente Filología Hispánica en la UCO.

Recogiendo el premio RNE- Fundación Montemadrid

M.P.: Estos dos últimos años han sido brutales en lo que respecta a premios y publicaciones. El jurado dijo sobre Secuelas del fuego que «se trata de una voz que subraya su condición de género, con buen ritmo y musicalidad”. Me interesa, sobre todo esa mirada feminista de tu poesía, y estoy deseando leer este libro. ¿Qué crees tú que tiene tu poesía para haber obtenido tan importantes galardones? ¿Es feminista?

A.V.: Creo que es muy difícil para una misma decir en qué es especial mi poesía. Soy muy cambiante, me gusta mucho experimentar con mis versos y además siento que hay muchas voces poéticas bullendo dentro de mí. Pero concretamente en Secuelas del Fuego, creo que lo que tiene de distinto mi poesía es que es muy, muy honesta. Toda literatura, se sabe que en mayor o menor medida es ficción, pero en Secuelas del fuego la ficción es una parte muy pequeña. Y quienes lo leen lo notan, sobre todo, quien ha pasado por las circunstancias que se plasman en el poemario.

¿Mi poesía es feminista? Quizá la mayoría de mis poemas no traten de forma deliberada cuestiones feministas como idea principal, pero yo lo soy, y mi forma de ser y mis valores se van a translucir a la fuerza en mis escritos. En Secuelas del fuego hay alusiones a problemas que todos los días sufrimos las mujeres por el hecho de serlo: discriminación laboral, presión por nuestra imagen, estándares impuestos por la sociedad… Pero no es que sean poemas creados para poner esas cosas de manifiesto, son mi realidad, la nuestra, la de todas las mujeres, queramos ser feministas o no. No podría maquillar esos hechos o quitarles importancia para hacer una poesía neutra.

M.P.: Como he anunciado, hay una historia preciosa de unos zapatos envueltos en papel de periódico. Me gustaría que lo contaras para nuestras lectoras y lectores. ¿No crees que debería reivindicarse más a Cristóbal Vega?

A.V.: La historia de los zapatos es la que, a los románticos, puede hacerles creer más firmemente en el destino. Mi abuelo cumplía condena en prisión por escribir contra el Régimen, fue el preso político que más años estuvo privado de su libertad sin cometer delito de sangre. Su madre le envió unos zapatos nuevos, envueltos en papel de periódico, y en ese diario aparecía un artículo sobre Antoñita Burgos, la campesina escritora. Él lo leyó, consiguió la dirección de ella y le escribió para ofrecerse a darle clases gratuitas de ortografía y gramática por correspondencia, pues ella lamentaba ante el periódico haber podido ir únicamente dos años al colegio. Así empezó una amistad que luego se trasfiguró en amor. Cuando diez años después, él salió de la cárcel, se casaron. Y todo comenzó con unos zapatos envueltos en papel de periódico.

Respecto a la visibilidad de mi abuelo como poeta, siempre que tenemos oportunidad desde mi familia o mi pueblo, lo hacemos. Hay un blog en el que se reúnen algunos de sus poemas, hemos hecho lecturas, el Encuentro de Poetas… Tenemos algunos proyectos encaminados a dar más visibilidad a una estirpe de poetas, que, si bien no somos los únicos, no es algo tan común.

M.P.: Me encantaría, Anais, que nos contaras tu experiencia en el certamen Poesía Viva #LdeLírica, desde la grabación de los vídeos con los que has participado como la defensa de tus poemas. Tú tienes mucha experiencia, me consta, porque hemos compartido mesa y escenarios en varias ocasiones, como en el Encuentro por la Paz, que coordinas con tu madre.¿Qué tiene de diferente la poesía con la oralidad o están unidos de la mano? ¿Entre los jóvenes poetas existe una manera diferente de expresar la poesía? ¿Qué te ha aportado este encuentro?

A.V.: Ha sido una experiencia indudablemente intensa y emocionante. Es radicalmente diferente a lo que estamos acostumbrados la mayoría de los poetas. Lo normal es, en caso de querer participar en premios, mandar desde tu “cueva” tus poemarios a jurados lejanos sin rostro y recibir buenas noticias… o el silencio. En el premio #LdeLírica te expones desde el primer momento, el jurado verá tus vídeos de Instagram, sí, pero también el resto de gente que por casualidad caiga en ellos, los otros participantes, tus amigos… Eso inhibe mucho. No es lo mismo el entorno seguro de un recital entre poetas conocidos y queridos que lanzar tu cara, tu voz y tus versos al mundo y ver qué pasa.

Después, al llegar a la semifinal, te das cuenta que, en contra de lo que todos creíamos, no es un premio de poesía joven. Hay jóvenes y maduros, de todo. Y también hay una gran variedad poética y escénica: desde los que, de forma más convencional, recitamos o leemos nuestros poemas hasta los que montan un espectáculo con muchísimos apoyos externos. Todo vale. Y al final, supongo que eso es lo que hace de este premio algo único.

Como digo, me ha aportado seguridad a la hora de exponerme; también me ha permitido conocer a otros poetas maravillosos, amigos que permanecen mucho más que un galardón; y, por supuesto, me ha enseñado algunas nuevas maneras de entender y crear la poesía. Yo recomendaría a todo mi entorno poético que en la próxima edición dejen las dudas a un lado y participen.

M.P.: Tu libro Secuelas de fuego trata el tema de la salud mental. ¿Crees que se puede hablar de este tema libremente, el paso por una terrible depresión y sus consecuencias en el día a día o solo marcando distancia?

A.V.: No solo se puede, es que se debe. Creo que el fallo más frecuente a la hora de escribir o hablar sobre la salud mental, y más concretamente, sobre la depresión y la ansiedad, es la tendencia a hacerlo desde un punto de vista lejano, muy extremo, como tantísimo tiempo ha ocurrido (y sigue ocurriendo) con la violencia machista: presentas un caso tan extremo para prevenir ese mal que una persona que lo esté viviendo en menor medida puede no sentirse identificado, e incluso puede acusarse a sí mismo de exagerado o alarmista por haberse sentido como una víctima.

La depresión y la ansiedad son males harto extendidos, la gente convive con ellos, va a trabajar con ellos, sale con ellos… Se puede hacer de todo con ellos, hasta que se deja de poder. La mayoría de literatura y cine parten de ese punto en el que ya no puedes, pero yo parto del verdadero principio, de los ecos, de las primeras chispas.

He hurgado en mí hasta que he encontrado el hilo del que tirar y desenredar toda esa madeja y después la he plasmado en Secuelas del fuego. No hay distancia. Es la realidad, la que yo viví.

M.P.: Y, para terminar, me gustaría conocer tu opinión sobre los premios literarios, que entiendo que te han dado un tremendo impulso, y tu opinión sobre la distinción de premios para jóvenes y los que ya no lo son.

A.V.: Los premios, o más bien, las entidades que los convocan y siguen apostando por la literatura y sobre todo por la poesía, son importantísimos y muy necesarios. No solo por el impulso que pueden dar al autor, joven o no, sino porque gracias a esos concursos se pueden descubrir voces nuevas y buenas, que de otra manera serían engullidas por la cantidad tan grande de poesía que hay ahora a disposición de todo el que tenga internet.

Sin estos premios solo tendríamos la nueva poesía comercial, porque sería la única forma de que te conocieran y te publicasen.

Así que, es una simbiosis maravillosa, que no debemos dejar de alimentar, ni los poetas ni los convocantes. Es muy triste ver premios declarados desiertos por falta de participación, igual que ver jurados con claros intereses comerciales o estafas encubiertas bajo el nombre de un premio literario.

Respecto a premios específicos para jóvenes, está claro que los poetas jóvenes necesitan oportunidades de lanzar su voz al mundo, y hay poetas con más años y muchísima más experiencia que, a causa de ello, poéticamente dan mil vueltas a alguien de veinte años. El problema viene cuando, como siempre, siguiendo la línea de los intereses comerciales, se desplaza a poetas de larga trayectoria en favor de esos jóvenes porque “son más vendibles”, que es un punto de vista que se está viendo en algunos certámenes sin restricciones de edad últimamente.

Supongo que, como en todas las disciplinas, hay ramas del árbol poético actual que habría que sanear.

Podemos decir que Anais ha vuelto a tomar las riendas de su vida, que es una gran persona, magnífica poeta, estudiante de Filología Hispánica, con un gran porvenir; y yo no puedo evitar emular al poeta y decir en ella:  poesía cargada de futuro.

PARA SABER MÁS DE ELLA:


María Pizarro (Córdoba). España. Poeta y actriz.

Licenciada en Arte Dramático y Experta Universitaria en Criminología, dedica al trabajo actoral y a la poesía mucho del tiempo que le deja libre el ejercicio de su trabajo habitual

Entre su obra poética podemos encontrar parte de sus versos publicados en Caja de retratos (Ed. Detorres, 2017), Miembro fantasma  (Editores Florentinos, 2015) y Lyrica 75 (Ed. Fragua de metáforas, 2011), así como en diversas antologías y revistas digitales con las que colabora tanto en España como en América. Miembro fantasma, cuenta con una edición bilingüe árabe-español, que fue presentada en la 1ª Feria del Libro Hispanoárabe, organizado por el Circulo CIHAR, y recibió el galardón Solienses 2016, que premia el mejor libro editado en el año anterior.

Le gusta mostrar su poesía desde la oralidad a través de numerosos recitales por todo la geografía española, como las diferentes ediciones de Cosmopoética (el festival literario y artístico que se viene celebrando anualmente en Córdoba, España, desde 2004), en las que combina su faceta poética con la de actriz.

Actualmente coordina el Festival de poesía y arte “Grito de Mujer” y su correspondiente antología digital “Quejío, Córdoba con Grito de Mujer”.

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