Edith Head, un icono del Hollywood de entonces

Por María Rodríguez Velasco

Sección: Fotogramas velados. La mujer en el cine

Lunes, 3 de octubre. 2022

El verano siempre me invita a recordar viejos clásicos del cine. Disfruto tanto de esos momentos, como otros lo hacen en playas paradisíacas, con un daiquiri helado y bajo la sombrilla. Son ratitos de paz, viajes en el tiempo a los que no puedo poner precio.

Una joven Edith Head

Entre julio y agosto he vuelto a ver a Barbara Stanwyck enfundada en un vestido oscuro elegantísimo, interpretando a una ladrona en “Recuerdo de una noche” (1941); y a Olivia De Havilland en “La heredera” (1949), luciendo trajes de época con bordados cuidados al detalle. Sin duda, el estilo que me parece irresistible es el de Audrey Hepburn en todas sus películas y también, el de Kim Novak y Tippi Hedren en algunas obras maestras de Hitchcock. El factor común en casi todas ellas es una persona con flequillo recto y gafas oscuras –con lentes azules, en realidad, para asegurarse de cómo quedaría la ropa al ser fotografiada en blanco y negro-, que se convirtió en una imprescindible de las producciones de Hollywood. Hablamos de Edith Head (1897-1981), la mujer que ostenta el mayor número de premios Óscar de la historia del cine.

Se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de California, en Berkeley. Trabajó como profesora de francés y se matriculó en clases nocturnas de dibujo en el Chourniard Art College, donde conoció a su primer marido, del que adoptó el apellido que, posteriormente y a pesar de su divorcio, ella mantuvo como nombre artístico. Cuenta la leyenda que se presentó en los estudios de la Paramount y quedaron maravillados con su catálogo de diseños de vestuario. Al parecer, Edith obvió cierta información importante: la mayoría no eran de su autoría, sino un préstamo de sus compañeros para que le ayudaran en el proceso de selección. No obstante, su talento es incuestionable, sea cierta o no esta historia.

No podemos olvidar que hasta 1948 la Academia de Cine no contempló el reconocimiento al Mejor Diseño de Vestuario, aunque fuera indiscutible la estrecha relación entre la gran pantalla y la moda. Edith fue nominada treinta y cinco veces, y ganó ocho estatuillas por su colaboración en “La heredera” (1949), “Eva al desnudo” (1950), «Sansón y Dalila» (1950), “Un lugar en el sol” (1951), “Vacaciones en Roma” (1953), “Sabrina” (1954), “Los milagros de la vida” (1960) y “El golpe” (1973). Se convirtió en la principal diseñadora de la Paramount Pictures y de los Estudios Universal; pero también lo fue, a título personal, de muchas actrices de la época. Posee una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y sólo aparcó su actividad dos semanas antes de morir. Trabajó en más de cuatrocientas películas y fue la primera mujer en alcanzar el puesto de jefa de departamento de vestuario en la industria cinematográfica.

Trabajando en sus diseños con sus icónicas gafas de cristales azules

¿Qué la hizo distinta? Entre otras cosas, su marca personal. Creó una imagen de sí misma que todo el mundo identificaba y respetaba. Aun siendo austera, se mostraba elegante y exquisita, derrochando estilo y profesionalidad sólo con su apariencia. No cabe duda de que la calidad de su labor y su tenacidad particular fueron ingredientes necesarios en el cóctel de su éxito. Podría haber fundado una firma propia de alta costura y ostentar una inmensa fortuna, con multitud de clientes e, incluso, listas de espera; sin embargo, ella prefirió el cine. Le gustaba acompañar al intérprete en el desarrollo del personaje, que la ropa tuviera vida más allá del boceto. Por ese motivo, trataba de la misma forma a protagonistas y figurantes, ya que todos tenían algo que decir y sus diseños constituían un elemento más en los guiones; no adornaban, sino dotaban de gestualidad y corporalidad al actor, añadían elementos esenciales a la personalidad de cada integrante del film. Aparte de trabajar mano a mano con Mae West, Grace Kelly, Bette Davis, Audrey Hepburn, Paul Newman, Judy Garland, Humphrey Bogart, Marlene Dietrich, Ingrid Bergman, Elizabeth Taylor y otros muchos, fue amiga íntima de todos ellos.  A pesar de ser exigente y enérgica, logró que cada uno brillara en sus apariciones, resaltando lo que convenía según la caracterización y salvando irregularidades que estos arrastraron como complejos durante su trayectoria profesional.

Inolvidables diseños de vesturario para Kim Novak, Grace Kelly, Bette Davis o Audrey Herpburn en algunas de sus más icónicas películas.

Marcó un antes y un después con sus aportaciones. Sin ir más lejos, el escote de Ginger Rogers en “Lady in the dark” (1944) llamó muchísimo la atención, pues resultaba demasiado atrevido para una ciudadanía que todavía sentía el peso de la guerra. Del mismo modo, muchos modistos copiaron el estilo del vestido de Liz Taylor en la ya nombrada “Un lugar en el sol”. Edith retiró los tirantes y lo bordeó con flores, causando sensación entre las jóvenes y las novias que buscaban destacar sobremanera el día de su boda. Tampoco pasó desapercibido el fondo de armario de Gloria Swanson en “El crepúsculo de los dioses” (1950), donde la extravagancia y pomposidad contribuyeron a armar el espíritu de una estrella olvidada y algo desubicada. ¿Y cómo desestimar el icónico atuendo de Audrey en “Desayuno con diamantes”? Nadie puede borrar de su memoria el comienzo de esta película y la elegancia que rebosa la actriz en cada movimiento. En este caso, Hubert De Givenchy trazó en su taller el vestido negro que tantas veces han recreado actrices de todos los tiempos -en alfombras rojas de festivales, a lo largo y ancho del planeta- y nuevas colecciones de marcas de renombre; pero fue Edith quien añadió con acierto el collar de perlas, las gruesas gafas de sol, la tiara y los guantes.

Es cierto que Edith Head fue y seguirá siendo un referente del celuloide y la moda, que nunca morirá, mientras sigamos visionando los clásicos en blanco y negro, y en tecnicolor. De alguna manera, sedujo visualmente al espectador y eso es tan crucial como el mejor de los argumentos.


María Rodríguez Velasco. Escritora y actriz.

Nace, crece y, actualmente, vive en Aceuchal, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Neuropsicología y Educación por la UNIR. Colabora en la revista cultural digital Amanece Metrópolis reseñando obras de teatro, novelas y poesía; también, ha participado escribiendo relatos cortos en la sección de bloggers de la Editorial Acto Primero. Es integrante de la Asociación Acebuche-Teatro desde hace más de una década y ayudante de dirección en su cantera infantil. Ejerce profesionalmente como orientadora en los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de la Junta de Extremadura, en diversos centros.
Apasionada del cine, la música, la lectura y el teatro, que le han aportado sosiego, sentido común y horizontes infinitos donde proyectar sueños y realidades posibles. La interpretación y el escenario le han permitido viajar lejos y profundizar en las entrañas de muchos personajes; en definitiva, explorar la inteligencia emocional.

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