La mujer en la época de Tutankhamón

Por Elvira Martínez Ropero

Sección: En femeNILO

Miércoles, 21 de septiembre. 2022

La civilización egipcia se extendió desde 3300 a. C. al 332 a. C., en el valle del río Nilo, al norte de África. Vivió grandes momentos de gloria pero también la derrota, crisis, grandes y pequeños cambios. En todo relato histórico la vida cotidiana de las mujeres, las grandes mujeres, su intrahistoria femenina o el valor de las mismas parece difuminarse en mitad de las grandes pinceladas que usamos para definir un momento histórico tan amplio como es esta enigmática época. A través de la serie ENFEMENILO pretendo que nos acerquemos a cómo vivían las mujeres que residieron a la orilla del Nilo, que conozcamos mejor esos grandes nombres que han llegado a nosotros a veces demasiado vinculados a la leyenda, que escuchemos las voces de esas mujeres que esperan en la arena para contarnos su historia.

Empecemos dando una visión general.

La mujer en la época de Tutankhamón.

Al hablar de la civilización del Antiguo Egipto y de la situación de la mujer, no nos podemos olvidar de que estamos refiriéndonos a una civilización que duró miles de años, por lo que hay que tener en cuenta que la situación podía ser diferente en las distintas etapas de la misma. Vamos a centrarnos en su situación durante la Dinastía XVIII (1550 -1295 a.C.) a la que pertenece Tutankhamón.

Escena de caza

Durante la infancia niños y niñas compartían juegos sin ninguna diferencia. Es a partir de los cuatro años cuando  algunas niñas eran admitidas para estudiar con los niños, a los que sus padres habían destinado a ser funcionarios. No era lo habitual pero algunas profesiones estaban abiertas a las mujeres y, para ello, se les permitía aprender a escribir y algunos oficios. Aunque, las pocas mujeres que accedían a esta educación, eran de la nobleza.

En el Antiguo Egipto, como en la mayoría de las civilizaciones antiguas, la familia era el núcleo de la sociedad. El matrimonio consistía en un contrato que, en ocasiones, se redactaba posteriormente a la unión matrimonial y en el que no había ceremonia ni civil ni religiosa. En dicho acuerdo se trataba cuestiones como:

-La dote de la novia, conservada por esta en propiedad aunque solía ser administrada por su marido como parte de los bienes familiares. A veces, formaba parte de su herencia, por lo que quedaba desligada de su familia para formar parte de la de su marido.

-Precio que pagaba el novio por la novia, que era de unos 40 shekel. Sin embargo, por una bailarina para amenizar en palacio también se podían pagar 40 shekel y por un caballo se llegaban a pagar 200, lo que no dice mucho del valor real o simbólico de la novia.

-También solía negociarse qué aportaba cada uno al matrimonio, el reparto de bienes gananciales, las responsabilidades con los hijos, los derechos en la herencia, etc.

Como en todo arreglo, pueden surgir las discrepancias y el divorcio estaba permitido, pudiendo ser solicitado por cualquiera de los dos cónyuges. Si dicho divorcio se producía, el marido debía devolver a su mujer todo lo que ella hubiera aportado y todo aquello que le hubiera regalado; en caso de no poder permitírselo ella, debía seguir manteniéndola. Las causas del mismo podían ser varias y podían darlas por igual esposo y esposa. Entre los motivos de divorcio se encontraban el adulterio (en esta época no parece haber sido castigado físicamente), la incompatibilidad de carácter y la infertilidad.

Por su parte el adulterio no era algo permitido, tanto es así que durante la «confesión negativa» en el más allá se incluía la frase «no he copulado con mujer casada» y en las enseñanzas morales se aleccionaba al hombre sobre no cometer adulterio.

Casi siempre la mujer tenía que depender de un varón (padre, hermano, marido) pero, a pesar de esto, cuando se quedaba viuda poseía independencia jurídica para administrar a su familia y decidir sobre sus hijos y de autonomía para acceder a sus bienes.

¿Y qué ocurría si una mujer quería trabajar?

Las mujeres legalmente podían emprender negocios y transacciones comerciales, iniciar una demanda, ser testigos de juicios y desempeñar cargos sacerdotales. No obstante; las posibilidades de trabajo también dependían del estatus social.

Las grandes damas

La participación en las tareas del gobierno era escasa pero no imposible. Al margen de esto, tenían un gran número de responsabilidades:

  • Se ocupaban del bienestar familiar.
  • Realizaban el reparto de trabajo entre los siervos.
  • Supervisaban los talleres, animales, cocinas, etc.
  • Se ocupaban del trueque familiar a través de un intermediario (ella veía qué hacía falta y cuáles eran los excedentes y un intermediario buscaba quién necesitaba esos excedentes y  quién tenía exceso de lo que la otra familia necesitaba).
Mujeres músicas

Respecto a los cargos exteriores, prácticamente solo tenía acceso a los sacerdotales, entre los que se incluían los relacionados con el dios de la ciudad, por ejemplo  perteneciendo al coro, cargo que aparece en sus estelas funerarias. Entre estos cargos también estaba el de divina adoratriz, que probablemente sería una música que acompañaba las procesiones. Lo que no sabemos es si estos cargos recibían un sueldo o era algo voluntario. Además, como podemos observar en las tumbas de sus esposos, les acompañaban en tareas que estos desempeñaban en cargos oficiales como la inspección de tributos extranjeros, la inspección de bienes templarios y tomaban parte activa en las funciones administrativas de ellos.        

Un honor era ser la tutora del rey, participando, junto con los otros tutores masculinos, en la educación del príncipe. También podían ser amamantadoras de los mismos. Estos oficios concedían el privilegio de poder ser representadas con el futuro rey en sus rodillas en estelas y paredes.

La mujer de los obreros

Para poder conseguir el bienestar deseado para su familia, la mujer no permanecía ociosa sino que aportaba a la economía familiar. De esta búsqueda de bienestar, es ejemplo la aldea de los obreros de Amarna, la cual comenzó siendo habitada por familias de similares recursos. Este asentamiento se basó en la construcción de casas de 5 por 10 metros; sin embargo, en los restos arqueológicos se observan diferencias y variantes que fueron surgiendo posteriormente, como el uso de habitaciones como taller, de zonas abiertas para el ganado, ampliación de las casas o unión a otra, etc. Esto se debía a la mejora de las familias de manera particular, muchas veces gracias a la aportación de la esposa a través de diferentes tareas:

  • Cuidar los animales, para conseguir la producción para la casa y, si era posible, para fuera de la misma.
  • Tejer lino. Existen telares tan complejos que se ha supuesto que la producción sería tal que podían comerciar con ello.
  • Participaban en las tareas del campo.
  • Ayudaban en los pequeños talleres caseros.
  • Se encargaban ellas del trueque. Llevaban el registro de lo que sobraba y faltaba y, al contrario de las damas de la nobleza o más pudientes, ellas mismas se encargaban de buscar sin intermediarios.
Mujeres en un banquete tebano

Estas actividades les permitieron mejorar su situación económica y poseer cada vez más, causando esas diferencias visibles en los restos arqueológicos.

La conclusión más general que podemos sacar es que, en este período, la mujer poseía más derechos e independencia de los esperados en una civilización antigua (divorcio, herencia, dote, trabajo…) y que se mantuvo activa en busca de conseguir el bienestar familiar, teniendo acceso a una gran variedad de empleos y formas de conseguir esa mejora. No obstante, la situación real alejaba muchas veces a la mujer de ser una igual.


Elvira Martínez Ropero. Escritora

Nací y crecí en Trobajo del Camino, León. Estudié Filología Hispánica en la Universidad de León, completando estos estudios con el CAP y un Master de Literatura Comparada. He participado en varios congresos de la Sociedad Española de Humanistas y en algunos recitales de poesía, afición que desembocó en la publicación de mi poemario Luciérnagas en el desierto y que ha impulsado mis ganas de seguir creando versos.  La predilección por las culturas antiguas nunca ha salido de mi formación, desde el estudio de lenguas antiguas: latín, griego, hebreo, egipcio e incluso un poco de sumerio; hasta la obtención del título de Egiptología del Museo Liceo Egipcio de León.  Mi carrera profesional se ha volcado en la enseñanza de Lengua y Literatura en secundaria y bachillerato. También estoy trabajando en el Museo Liceo Egipcio de León en la traducción de textos jeroglíficos con un maravilloso equipo, así como realizo en el mismo una visita teatralizada nocturna que escenifica los ritos de muerte y resurrección del Antiguo Egipto. 

Un comentario en “La mujer en la época de Tutankhamón

  1. Hoy damos la bienvenida a una nueva colaboradora. Gran estudiosa y aficionada del mundo egipcio, sobre el que investiga y realiza propuestas educativas de difusión, cada cuatro semanas nos abrirá una ventanita para conocer un poco mejor como era la presencia femenina en una de las civilizaciones más emblemáticas de la Historia. Seguro que lo disfrutáis en grande. Muchas gracias, Elvira, por esta nueva e interesante aportación. Bienvenida a MasticadoresFEM.

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