La polifacética Elvira, leyenda de México

Por María Rodríguez Velasco

Sección: Fotogramas velados. La mujer en el cine

Lunes, 4 de julio. 2022

Hay conversaciones que, sin saber muy bien cómo, surgen, desembocan en un descubrimiento que, a su vez, induce a seguir indagando al respecto. A veces, se trata de un nombre, un hecho, una casualidad, un nexo con algún proyecto o asunto pendiente. En sí mismas puede que no tengan mayor relevancia, pero ahí estamos nosotros para dársela, para ofrecerles un instante en nuestro pensamiento y que trasciendan, aunque sea de modo efímero.

La actriz Elvira Quintana en toda su plenitud

Así conocí a Elvira Quintana, una paisana inadvertida en su propia tierra, pero muy querida en México. Enseguida, me puse manos a la obra y busqué información sin descanso, esa misma noche, mas lo poco que encontré me sumió en el desánimo, ya que se limitaba a una serie de noticias repetitivas sobre su trágica muerte; a una cadena de titulares sensacionalistas y críticos, que aludían a la vanidad de una mujer obsesionada por su físico y las intervenciones estéticas.

Bien es cierto que comenzó muy joven con tratamientos de belleza, innovadores y poco testados aún, que tuvieron un desenlace fatal: dolor continuo, complicaciones renales y pancreáticas, ingresos hospitalarios y fallecimiento por accidente cerebrovascular. La aplicación constante de inyecciones de silicona líquida –contrarias a la práctica actual- en piernas y senos provocaron un adiós prematuro, el 8 de agosto de 1968, con treinta y tres años. No obstante, sería injusto recordarla tan sólo por ello, pues fue una mujer polifacética que supo abrirse camino ya en la adolescencia, en un país que la acogió y la amó desde su llegada, soportando el poso de un pasado cruel y empezando de nuevo más allá del océano.

Elvira Catalina Quintana Molina (1935) nació en Montijo, en la provincia de Badajoz. Su padre, Pedro María Quintana, fue concejal y directivo del Círculo Recreativo Republicano. Había cursado estudios de Derecho y tenía aficiones literarias. Lo fusilaron en 1936 y su familia emigró a Portugal. Con cinco años, Elvira se exilió en México junto a su madre y hermana. Desde el inicio, destacó en actividades artísticas y con dieciséis años se acercó a unos estudios de cine, donde Gómez Urquiza, su director, quedó fascinado con ella. Éste la instó a que estudiara en una academia y ella, siguiendo su consejo, lo hizo en el Instituto Cinematográfico y Teatral, dirigido por Andrés Soler. En su examen de ingreso escogió un poema de Federico García Lorca y bastó esa lectura para que fuera admitida.

Imagen promocional de Elvira en México

El primer papel que le ofrecieron fue en el film “La mujer X” (1955), con Rodolfo Landa y Libertad Lamarque. En el mismo año, participó en “Lo que le pasó a Sansón”; y, entre 1956 y 1957, en “Canasta de cuentos mexicanos”, “El buen ladrón” y “El caudillo”. El productor Guillermo Calderón, allá por 1958, le brindó el personaje principal de “Bolero inmortal”. A partir de entonces, el nombre y el rostro de la extremeña comenzaron a ocupar las portadas de las revistas del país. Su carrera fue ascendiendo, trabajó en varias telenovelas y en una treintena de películas, entre las que destacan “Póker de reinas” (1960), “Bonitas las tapatías” (1961), “Lástima de ropa” (1962), “Tres muchachas de Jalisco” (1964) y “Tintansón Crusoe” (1965). Su último título fue “Los años verdes” (1967), con guion y dirección de Jaime Salvador.

Portada de revista que nos habla de la importancia que alcanzó la actriz por tierras americanas

En realidad, no sólo se dedicó al cine, también al teatro, la música, la radio y la televisión. Tenía talento para el dibujo y escribía. Algunos de sus discos, grabados entre 1958 y 1966, son “Bolero inmortal”, “Diferente”, “Toda una vida” y “Acércate más”. Su voz era reconocida en rancheras y boleros, que cantaba en escena principalmente; así como en las radionovelas, interpretando multitud de personajes. Llegó a componer más de doscientos poemas, mientras protagonizaba la telenovela “Felipa Sánchez, la soldadera”. Tras su muerte, su madre publicó una recopilación en el libro “Poesías de Elvira Quintana”, que la Diputación de Badajoz reimprimió en 1998. En ese mismo año, se organizó un homenaje en su pueblo natal, que incluyó una muestra biográfica, un recital poético y proyecciones de sus películas. A partir de entonces, la planta baja del Conservatorio Profesional de Música de Montijo alberga una exposición permanente sobre su vida. 

Después de su primer internamiento médico y de haber sido sometida a una diálisis, mejoró satisfactoriamente y continuó su carrera con normalidad, incluso intervino en cincuenta capítulos de la radionovela “Hipócrita” (1968). Lamentablemente, su salud se deterioró de forma irreversible tiempo después, sin esperanza de recuperación. En esos días, escribió “Biografía del dolor y la lágrima”, que nunca llegó a finalizar.

“Mi casa y mi barca”, uno de sus poemas, de profunda inspiración lorquiana y en un tono casi profético, dice así:

“Negro obstinado persigue
mis puertas y mis ventanas.
Y pregunto por mi muerte,
mientras mi muerte me llama.”

Elvira Quintana se ganó la admiración y el respeto de su público, de su país de acogida; no sólo por su atractivo físico, sino por su aptitud y entrega. Disfrutó de aquello que sabía hacer, con la pasión que la embargaba. Yo no la tacharé de vanidosa. Ojalá no hubiera sido una víctima.

Una calle lleva su nombre en Montijo. Ahora, nos toca darle el lugar que merece. Hablemos de ella, para que nunca muera su memoria.


María Rodríguez Velasco. Escritora y actriz.

Nace, crece y, actualmente, vive en Aceuchal, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Neuropsicología y Educación por la UNIR. Colabora en la revista cultural digital Amanece Metrópolis reseñando obras de teatro, novelas y poesía; también, ha participado escribiendo relatos cortos en la sección de bloggers de la Editorial Acto Primero. Es integrante de la Asociación Acebuche-Teatro desde hace más de una década y ayudante de dirección en su cantera infantil. Ejerce profesionalmente como orientadora en los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de la Junta de Extremadura, en diversos centros.
Apasionada del cine, la música, la lectura y el teatro, que le han aportado sosiego, sentido común y horizontes infinitos donde proyectar sueños y realidades posibles. La interpretación y el escenario le han permitido viajar lejos y profundizar en las entrañas de muchos personajes; en definitiva, explorar la inteligencia emocional.

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