Emma Pillado, la suave belleza

Por Raquel Villanueva

Sección: Desde lugares que también existen

Miércoles, 29 de junio. 2022

En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo. 
Tú lo pintarás.
 Y la lluvia o las nubes no pueden velar tanto brillo
 Tú lo pintarás. 
Basta con desearlo y podrás recorrer todo el mundo. 
Tú lo pintarás. 
Piensa que el futuro es una acuarela y tu vida un lienzo 
que colorear, que colorear… 
                                                       (Acuarela. Toquinho)

Emma Pillado, protagonista de este artículo, a la entrada de su primera exposición

Hay un mundo de colores delicados, un mundo creado a base del agua y del tiempo. Hay un mundo donde vuelan mariposas alrededor de las mujeres, donde los duendes nos sorprenden, y las hojas y las flores tapizan las paredes. Hay cerezas, zanahorias, vacas que nos miran con ternura y tazas que se superponen manteniéndose en precario equilibrio. Hay un infinito mundo detrás de unos maravilloso ojos azules que contemplan el mar, pensando que este, a su vez, también es infinito y que nunca es el mismo por más que regrese junto a la arena o que rompa contra las rocas. Hay un faro cuyos destellos barren la oscuridad de la noche, y alrededor del cual uno pudiera tejer historias de marinos y de aparecidos. Hay una sobreviviente, una forjadora del agua y de la arcilla, una hacedora de duendes, una jardinera, una entomóloga. Hay una mujer detrás de unos ojos azules, una mujer atlántica y atrayente, su nombre es Emma Pillado, y asomarse a su mundo es encontrarse con la suavidad de la belleza. Un mundo de sensaciones, como cuando acariciamos el mullido terciopelo, o aspiramos el aroma de la hierba segada, o inhalamos el salobre olor de la costa.

Pintar, asirme a los pincelas y contemplar lo que surge de ellos, eso, para mí, es la felicidad. Esa misma felicidad que veo en el brillo de los ojos de Emma Pillado cuando me habla de su pasión/trabajo. Y constato que ha de ser cierto, porque sus cuadros, sus duendes, todo aquello en lo que imprime su sello es lo que transmite. Un mundo onírico y delicado del que emana calma y donde uno siente que habitándolo podría ser feliz. Quizás haya encontrado el secreto del mundo que existe más allá del arco iris y, a través de su trabajo, quiere hacernos partícipes de ello.

Emma siempre estuvo ligada a la pintura, empezó desde muy pequeña a aficionarse a los pinceles, pero la vida dispuso alejarla de los mismos, cambiando pinceles por sus manos, transformando pinturas por flores. Emma, en otro tiempo, en otra vida, fue florista y en vez de pintar con acuarelas lo hacía con las flores, en vez de mezclar pigmentos combinaba tamaños, formas y colores de hojas y brotes. Tan perfeccionista, tan autoexigente consigo misma y con una sensibilidad que la desborda, llegó a sentirse exhausta, ya que  era como el conejo blanco de Alicia, pegada en todo momento a un reloj, corriendo y no llegando nunca a tiempo, ni siquiera a tiempo de vivir su vida. Pensando siempre: ¡Ay Dios! ¡Ay Dios! ¡Voy a llegar tarde!. Un tiempo sin tiempo al que un buen día decidió darle la espalda por completo. Cansada de sentirse secuestrada a manos de una esfera de manecillas, decidió acabar con esta y transformarla en blanda, tal como ya hiciera Dalí, para de esta manera despojarse de convencionalismos y rigideces, y abandonarse a la corriente del río de la vida. Una sobreviviente de su propia vida, para la que los pinceles fueron ese asidero que vino a rescatarla de su personal naufragio.

Me gustaría no tener que usar pinceles, que mis dedos fueran los pinceles, para poder dar hasta diez pinceladas a la vez. Así me veo a veces de forma imaginaria. Quizás, tal vez, el conejo blanco se ha transformado en un sombrerero loco, dulce y alegre que a través de su obra expresa sus emociones. Emma pinta para ser feliz y son sus pinceladas el conjuro que necesita para conjugar los verbos del vivir y del amar.  

Faro de Cabo Prior, lugar donde Emma ha realizado su primera exposición

Una lengua de tierra que se adentra en el mar, el edificio del faro de Cabo Prior, ha sido el maravilloso escenario donde, hasta hace pocos días, ha realizado su primera exposición. No podría haber elegido mejor escenario. Rodeados del continuo sonido del mar, del vuelo incesante de cormoranes y gaviotas, del amarillo del toxo, del balido de las cabras sus cuadros y duendes se han mostrado en todo su esplendor, tanto que yo creo que la luz del faro ha venido a incrementarse en estos días, ya que a la parte imprescindible de su iluminación exterior, ha tenido que integrar el brillo interior que dentro de él se ha albergado. Y al azul del, siempre infinito Atlántico, ha venido a sumarse el brillo azulado de los ojos de Emma, inundados de la emoción de contemplar un sueño largamente acariciado, y por fin conseguido.

Me gustaría tener un taller, un taller donde disponer de todo lo que necesito, un taller solo para mí, me dice Emma cuando le pregunto con qué sueña ahora, y yo, pareciera que escuchara a Virgina Woolf, hablando de la necesidad de una habitación propia para crear. Y pienso que esta habitante de Esmelle[1], me cuenta lo mismo que tantas mujeres, me habla de lo que todas, en mayor o menor medida, necesitamos, que no es más que nuestro sitio, que nuestro espacio. Ojalá ese sueño se haga realidad y ojalá Emma, no deje de ser feliz, no deje de pintar, no deje de mostrarnos el mundo, su mundo, no deje de compartir la belleza, su belleza, con todos nosotros.

Y no olvidemos nunca lo que la vida le ha enseñado a Emma: que el futuro es una acuarela y nuestra vida un lienzo que colorear.


[1] Esmelle. Parroquia de Ferrol



Raquel Villanueva Lorca (Ponferrada, 1970). Sus inicios en la lectura se remontan a sus días de infancia, creando a través de los libros un mundo paralelo repleto de palabras y metáforas.

Comenzó sus pasos en la escritura de manera tímida, plasmando en papel reflexiones, relatos cortos, e intentos de historias algo más completas y extensas.

Divide su tiempo en tres facetas: lo leído, lo escrito y lo vivido, trío de experiencias que terminan por conformar el todo que intenta ser.

Socia fundadora del Club Petronio, que intenta —junto con el Ayuntamiento, el Consejo Comarcal del Bierzo y otros organismos públicos y privados—, fomentar la lectura y activar la vida cultural de la ciudad de Ponferrada.

Tiene cuatro libros publicados: La decisión de Elsa (2007), finalista del VI Premio Hontanar de narrativa breve. La Cruz del Sur (2015), novela ganadora del I premio de Novela Corta de Editorial Fanes. Relatos de una adoratriz (2018), antología de relatos eróticos. Relatos de mar y vida (2021), obra finalista de la IV Edición del Premio Caperucita Feroz en la modalidad de conjunto de cuentos.

Varios premios y menciones especiales en diversos concursos de relatos. Colaboradora en reconocidas antologías, como en el libro de autores bercianos que se que se editó con motivo de la entrega del Premio de la Crítica Literaria 2018, que tuvo lugar en Villafranca del Bierzo a primeros del mes de abril del año 2019, o en el muy reciente libro homenaje a la poeta berciana Manuela López. Una vida, una obra.

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