Dahne du Maurier, con «R» de Rebeca y otros relatos

Por María Rodríguez Velasco

Sección: Fotogramas velados. La mujer en el cine

Lunes, 6 de junio.2022

Quienes me conocen saben que, cuando me siento a ver cine, cualquier interrupción puede ser fatal. Me pone de muy mal humor que se comente cada fotograma o que haya que detener la película por un ataque de hambre repentino. Sí, acepto que soy un poquito insoportable, pero tiene su explicación: en esos momentos yo ya me he metido en la piel de algún personaje. Volver al mundo real es como despertar bruscamente en mitad de la madrugada y sentirte tan aturdida que no sabes ni dónde te encuentras.

A menudo, he sido Maureen O´Hara, Joan Fontaine, Olivia de Havilland, Bette Davis, Tippi Hedren, Julie Christie y muchas más, interpretando papeles muy diversos desde el sofá de mi sala de estar. Claro que también me he preguntado el nombre de quienes escribieron esas novelas u obras de teatro, donde se inspiran directores y guionistas para emprender un proyecto y crear sobre lo ya creado. ¿Cuántos de esos nombres serán femeninos y lo ignoramos?

Retrato de Dapne du Maurier

Hoy quiero hablar de Daphne du Maurier (Londres, 1907), hija de actores y perteneciente a una familia de escritores, periodistas y pintoras. Ha sido descrita como una persona solitaria y alejada de la alta sociedad que la rodeaba, incluso se ha especulado sobre su orientación sexual. Sin embargo, puede que lo más importante haya quedado relegado a un segundo o tercer plano. Escribió relatos y novelas que fueron llevados a la gran pantalla. Las actrices mencionadas con anterioridad formaron parte de dichas adaptaciones cinematográficas y muchas de estas películas son consideradas joyas del cine clásico.

Por poner un ejemplo, la Rebeca de Hitchcock (1940) –las de Simon Langton (1979) y Ben Wheatley (2020) no he llegado a verlas- parece ser que surgió a partir de un ataque de celos de Daphne du Maurier. Y esto no es nada extraño, pues todo el que escribe conserva en su memoria hechos y huellas emocionales imposibles de obviar y que, antes o después, se escurren entre las tramas de sus historias. En este caso, su marido guardaba las cartas de una antigua novia en un cajón. Se llamaba Jan Ricardo y, aunque esta se había suicidado, la “R” de su apellido torturó a la joven de tal modo que decidió escribir una novela en 1937. La inolvidable señora Danvers está basada en el ama de llaves de la casa de unos amigos de sus padres y Manderley es la recreación de Meneabilly, una mansión abandonada que descubrió en un paseo por un bosque, en Cornualles (Inglaterra). “Rebeca” ganó dos premios Oscar, a mejor película y fotografía. La frase que da inicio al film, a pesar del tiempo y los avances cinematográficos, sigue generando estremecimientos en el espectador: Anoche soñé que había vuelto a Manderley…

Una jovencísima Daphne. En 1936 ya había publicado una de las novelas que sirvió de inspiración a Hitchcock

Anteriormente, Alfred Hitchcock ya había tomado como referencia a la autora para rodar Posada Jamaica (1939), publicada en 1936 y que se sitúa en el siglo XIX. El resultado final no gustó demasiado a la autora y así lo manifestó. Al parecer, los continuos desacuerdos entre el director y el actor Charles Laughton provocaron cambios en el guion.

La tercera vez que el maestro del suspense recurrió a ella fue con el extraordinario título Los pájaros (1963), por el que todos recordamos a Tippi Hedren y su arrolladora presencia escénica. En realidad, Daphne la concibió como una novela corta (1952) e hizo hincapié en los miedos cotidianos, no en los sobrenaturales; incluso, nos plantea una cuestión que nada tiene de ridícula, ni apocalíptica, viendo cómo manejamos el planeta a nuestro antojo: ¿qué pasaría si la naturaleza se rebelara contra la Humanidad?

No obstante, existen muchas que han gozado de más o menos éxito y que han sido mejor o peor adaptadas al cine, pero igualmente destacables. Entre ellas, El pirata y la dama (1944) dirigida por Mitchell Leisen, o The years between (1946) de Compton Bennett –en origen, una obra de teatro-. También, podemos distinguir Mi prima Raquel (1952), donde Henry Koster reunió a Olivia de Havilland y a Richard Burton. Curiosamente, él reemplazó a George Cukor en la dirección, ya que éste renunció tras insatisfacciones con el borrador del texto en cuestión. Du Maurier coincidía con Cukor y consideraba que la versión era bastante infiel a su novela (1951), pero la Century Fox ya había comprado los derechos.

No puedo olvidar Donde el círculo termina (1959), de Robert Hamer, y cuyos protagonistas son Bette Davis y Alec Guinness; y Amenaza en la sombra (1973) con Nicolas Roeg en la dirección. En esta última, Julie Christie y Donald Shuterland interpretan a una pareja que se muda a Venecia, después de perder a su hija. Fue considerada una de las quinientas mejores películas de la Historia, según la revista Empire. Sin embargo, generó mucha controversia en su día y se catapultó como film de culto, incluyendo un impactante final.

Daphne du Maurier fue una mujer culta, que no se conformó con las aburridas y manidas formas de la aristocracia; criada en un ambiente libre y bohemio, que le permitió dar rienda suelta a su imaginación. Tallulah Bankhead o J.M. Barrie eran algunos de los allegados que frecuentaban la casa familiar; este último se inspiró en sus primos para dar vida a algunos de los personajes de su Peter Pan.

Era una inventora de seres obsesionados, trastornados; esquiva con los finales felices y con un estilo narrativo salpicado de suspense, angustia y tinieblas. Admiraba profundamente a las hermanas Brontë y este hecho se palpa en su legado literario. Pese a todo, nunca logró ser reconocida y la crítica de la época menospreció su obra. Sólo el cine la encumbró, aunque fuera de manera indirecta, y dio perspectiva a su particular talante. La temática de sus relatos se podía tachar de arriesgada e irreverente en aquellos años, pues la codicia y el crimen, el incesto y la necrofilia, eran elementos persistentes en sus argumentos.

Algunos seguirán asociando su nombre a una sola novela, a una prenda de vestir o a un síndrome psiquiátrico, pero ella perfiló su trayectoria con una pluma propia, lejos de los preceptos que marcaban la buena educación y la falsa moral; aunque Rebeca continúe clasificándose como una novela romántica y ella repitiera hasta la saciedad que el contenido principal eran los celos y la perturbación que causan.


María Rodríguez Velasco. Escritora y actriz.

Nace, crece y, actualmente, vive en Aceuchal, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz. Licenciada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Neuropsicología y Educación por la UNIR. Colabora en la revista cultural digital Amanece Metrópolis reseñando obras de teatro, novelas y poesía; también, ha participado escribiendo relatos cortos en la sección de bloggers de la Editorial Acto Primero. Es integrante de la Asociación Acebuche-Teatro desde hace más de una década y ayudante de dirección en su cantera infantil. Ejerce profesionalmente como orientadora en los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de la Junta de Extremadura, en diversos centros.
Apasionada del cine, la música, la lectura y el teatro, que le han aportado sosiego, sentido común y horizontes infinitos donde proyectar sueños y realidades posibles. La interpretación y el escenario le han permitido viajar lejos y profundizar en las entrañas de muchos personajes; en definitiva, explorar la inteligencia emocional.

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