Hanna Levy, la fuerza de los principios

Por Pepe González Arenas

Sección: con firma masculina

Sábado, 4 de junio. 2022

Hanna Lévy nació en Sarajevo el 18 de marzo de 1913, era la hija menor de una familia de judíos sefardíes, tenía tres hermanos y cuatro hermanas. En casa se hablaba ladino, la lengua judeoespañola derivada del castellano antiguo, aunque Hanna prefería hablar yugoslavo, porque consideraba a Yugoslavia como su patria. Estudió en Belgrado a donde llegó con su madre y una hermana, a principios de la década de 1930. Las becas estatales le permitieron a estudiar y se convirtió en profesora en Danilograd (Montenegro).

Cuando era joven, se unió al Partido Comunista de Yugoslavia e hizo campaña contra la ocupación alemana de su país. A punto estuvo de unirse a los partisanos, pero desistió porque la comunidad judía le pidió que no lo hiciera para evitar represalias.

En febrero de 1944 fue arrestada por la Gestapo y encarcelada durante seis meses (también llevó un diario clandestino de esta prisión, que se ha perdido), luego en el verano, fue enviada con un pequeño grupo de judíos al campo de concentración alemán de Bergen-Belsen. La guerra, con la presión de los rusos, había impedido que fueran enviados a los campos polacos.

El hambre y las enfermedades provocaron muertes masivas en el campo de concentración. Allí escribió secretamente su Diario de Bergen-Belsen, que documenta su tiempo en aquel infierno.

El campo de Bergen-Belsen nació como un campo de prisioneros de guerra y solo en 1943 se convirtió parcialmente en un campo para judíos. Pero era un campo, en particular, destinado a personas retenidas para el intercambio, aunque para más de la mitad de los 2.500 judíos que fueron enviados allí en 1943 fue solo una etapa en el camino hacia la muerte, hacia Auschwitz. El diario de Hanna, escrito en serbocroata, comienza el 16 de agosto de 1944.

El Diario de Hanna Lévy, en su edición española

En la primera parte su mirada se dirige más a sus compañeros de prisión que a los verdugos. Hanna Lévy es una joven muy politizada, con una sólida fe comunista, y no soporta ese mundo heterogéneo, formado en su mayoría por “pequeños burgueses”, ignorantes y egoístas. Clandestinamente se encarga de la escolarización de los niños, ya que sí, hay niños en Bergen-Belsen.

Las breves anotaciones del diario son sólo un pálido reflejo de lo que debió de ser aquel verdadero infierno en la tierra, un lugar de dementes en el que todos, guardianes demoníacos y confinados endemoniados, colaboran en aumentar el horror mutuo que campa a sus anchas por doquier como realidad única y posible.

A partir de septiembre las condiciones del campo empeoran enormemente. Las raciones de alimentos están disminuyendo, las epidemias son crecientes. Los prisioneros trasladados por los nazis en las marchas de la muerte, para no ser liberados por las fuerzas soviéticas, llegan desde el campo de Auschwitz, donde se han detenido las cámaras de gas. Entre ellos, Ana Frank. No hay cámaras de gas en Bergen-Belsen, pero la gente sigue muriendo a un ritmo muy rápido de hambre o de enfermedad. Desde enero de 1945, la distribución de las raciones se ha detenido casi por completo, miles de personas mueren de tifus, 35.000 entre enero y la liberación por los británicos en abril. El diario se detiene allí.

De hecho, a principios de abril, por alguna razón, Hanna, con otros 7.000 judíos, es puesta en un tren a Theresienstadt. Pero no llegó allí porque logró quedarse en tierra durante una escala en un pueblo, justo antes de que llegara el Ejército Rojo.

El regreso, al menos hasta Dresde, fue a pie, allí robaron un tren y llegaron a la frontera con Yugoslavia. Solo unos pocos miembros de su familia se encontraban entre los supervivientes.

Primero regresó a Yugoslavia. Intentó rehacer su vida en Belgrado. No lo consiguió. Demasiadas heridas continuaban abiertas: el antisemitismo había calado hondo en la población de la nueva Yugoslavia. Después de la Segunda Guerra Mundial, Hanna mecanografió su diario a fin de que lo leyeran sus conocidos; mas sólo cosechó indiferencia; a nadie le importaban sus sufrimientos pasados.

Pero poco a poco, se dio cuenta de que estaba frente a un gran vacío, consistente no solo en su duelo personal y colectivo, sino también en la negativa de la gente a reconocer la singularidad de la tragedia de los judíos europeos. Sus sentimientos y experiencias como yugoslava, como judía y como comunista y la falta de reconocimiento de su sufrimiento personal y colectivo engendró en ella el germen de una inquietud que se manifestaría primero en su emigración a Israel en 1948 y luego en sus diversos “escapes” (como ella misma los definió) de Israel por varios períodos de tiempo.

En Jerusalén, Hanna conocerá a Abraham Hass, judío comunista de Bucovina, que sobrevivió al gueto y con el que se casará. Allí rechazaron una casa que les ofrecieron alegando que no podemos coger la casa de otros refugiados, en referencia a los palestinos que tuvieron que huir o fueron expulsados tras la creación del Estado de Israel.

En 1956 nació su hija Amira Hass, periodista y escritora israelí conocida principalmente por sus artículos en el diario Haaretz. Y por haber obtenido un especial reconocimiento por su información en torno a asuntos relativos a los palestinos, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza, donde ha vivido parte de su vida.

Hanna, vivirá dividida entre su judaísmo y su oposición al gobierno israelí y su política hacia los palestinos; además, su pensamiento comunista desarrollará una gran conciencia en contra del totalitarismo en la Europa del Este. Por eso viajará una y otra vez entre Israel y Europa, huyendo de uno a otro.

Nunca abandonó sus principios comunistas. Por eso, después de 1968, es decir, después de la invasión soviética de Praga, abandonó el Partido Comunista, rebelándose contra el estalinismo. Desde ese momento dedicó su vida a la lucha feminista.

A principios de la década de 1980 viajó por Europa Occidental, residiendo temporalmente en Ginebra y París. A mediados de la década de 1980 consideró regresar a Yugoslavia. Quería quedarse allí para siempre, aunque finalmente murió en Jerusalén el 10 de junio de 2001, a la edad de ochenta y ocho años.

El diario se publicó por primera vez en inglés en 1982. En España en 2006, gracias a Galaxia Gutemberg.

La vida de Hanna Levy es la vida de una resistente que nunca traicionó a sus ideas, que se mantuvo fiel a sus principios, aunque eso le llevó como judía a enfrentarse a Israel y como comunista a luchar contra el estalinismo soviético.


Pepe González Arenas, nació en Córdoba (España) en 1959. Es Licenciado en Ciencias Biológicas y Doctor en Ciencias Ambientales por la Universidad de Córdoba y  experto universitario en Divulgación y Cultura Científica por la Universidad de Oviedo. Es científico de la Junta de Andalucía, desarrollando su trabajo como divulgador científico en el Centro IFAPA “Alameda del Obispo”, en Córdoba. Ha sido Director-Conservador del Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro (Córdoba) y Delegado provincial de la Consejería de Agricultura y Pesca.

Es autor de numerosos libros, entre otros: La actividad cinegética en Córdoba, Economía ambiental en los parques naturales de Córdoba o Socioeconomía de la pesca deportiva. Su compromiso social le lleva a ser miembro de Greenpeace, Amnistía Internacional y Médicos Sin Fronteras. En febrero de 2012 funda la Asociación de Amigos Madinat al-Zahra.

Pepe González Arenas es también un enamorado de la fotografía, de la poesía y del flamenco. Desde 2015 desarrolla una intensa carrera artística como fotógrafo de calle y de retrato, habiendo realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto en España como en el extranjero. Sus obras se encuentran en numerosas instituciones europeas y referencias sobre sus trabajos artísticos  acostumbran a aparecer en medios de comunicación tanto americanos como europeos.

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