Feminismos/4. El feminismo islámico

Por Manuel Casal

Sección: Con firma masculina

Sábado, 21 de mayo. 2022

Aunque en algunos textos publicados se habla de feminismo árabe, preferimos hablar de feminismo musulmán o islámico, por lo siguiente: Árabe es un concepto que se refiere a las personas pertenecientes a una etnia, es decir, a un grupo humano que posee un origen genético común y que se sienten miembros de una misma comunidad. En cambio, el término musulmán hace referencia a quien profesa la religión islámica. En este sentido, musulmán e islámico son conceptos equivalentes. Hay que aclarar aquí que el término islamista -que no significa lo mismo que islámico– se refiere a quien pretende aplicar a la vida política los preceptos de la religión islámica. Algunos casos concretos pueden aclarar estas ideas. La República Islámica de Irán, por ejemplo, tiene como religión oficial el islam chií, pero sus habitantes pertenecen a diversas etnias (persas, kurdos, etc), siendo los árabes solo una minoría. Lo mismo ocurre en Turquía o en Afganistán. Por el contrario, otros países, como Líbano, tienen una mayoría de población árabe, pero no todos son musulmanes. Algo parecido ocurre en Egipto. En cambio, en Arabia Saudí o en Yemen la población es árabe y musulmana. El islamismo se manifiesta en la actualidad en grupos o movimientos presentes en algunos países de todo el mundo.

Para evitar las numerosas particularizaciones a las que nos obligaría referirnos a los feminismos árabes, vamos a considerar aquí el feminismo islámico, esto es, el que surge en un contexto en el que el islam tiene relevancia social.

En realidad, el feminismo islámico no es un movimiento único, sino que engloba a varias tendencias que intentan hacer compatibles el feminismo y el islam, bien resaltando los elementos de igualdad entre hombres y mujeres que afirman que contiene el Corán, bien enfrentándose a lo que consideran como interpretaciones patriarcales del islam.

May Ziyadah (1886-1941. Una de las impulsoras del movimiento feminista dentro del marco islámico

Aunque la primera vez que se habló de feminismo islámico fue en la década de los noventa del siglo XX, de la mano de mujeres iraníes, las ideas que hoy llamaríamos feministas surgieron un siglo antes en Egipto. Fue Rifa’a al-Tahtawi (1801-1873), el padre de la modernidad árabe, el primero que habló del derecho de las mujeres a la enseñanza y al trabajo, pero quien comenzó a defender la igualdad de derechos entre hombres y mujeres fue el jurista y escritor Qasim Amin (1865-1908). Este justificaba la no obligación del uso del velo, al que consideraba extraño al islam y hasta contrario a él. Escribió obras cuyo título resulta ya significativo: La liberación de la mujer, en 1899, o La mujer nueva, en 1901. A finales del siglo XIX un grupo de mujeres, entre quienes cabe citar a Labiba Hashim (1882-1952) y a May Ziyadah (1886-1941), dieron a través de sus publicaciones un gran empuje al surgimiento del movimiento feminista.

No obstante la importancia de este último grupo citado, el impulso inicial de defensa de las mujeres fue llevado a cabo fundamentalmente por hombres, en un plano teórico y como defensa de sus naciones ante la presencia extranjera, que acabaría colonizándolas. En las posteriores luchas por la independencia las mujeres musulmanas sí tuvieron una participación activa. Cuando lograron zafarse del yugo colonial, fueron surgiendo las diversas naciones, en las que políticamente comenzó a notarse una cierta modernidad en lo referente a la separación entre política y religión. Sin embargo, culturalmente tuvo mucha influencia la Ummah, la comunidad de creyentes musulmanes, en la que no caben muchas separaciones entre lo civil y lo religioso. A pesar de ello y para reafirmar su identidad como nación, los gobernantes procuraron tratar a la población a la vez como ciudadanos y como creyentes. Este es el origen de los actuales enfrentamientos entre movimientos laicos y musulmanes.

Una de las principales autoras actuales que ha tratado la situación de la mujer en el islam es la marroquí Fátima Mernissi (1940-2015), doctora en sociología y Premio Príncipe de Asturias de las Letras, junto a Susan Sontag, en 2003. Pueden considerarse como sus obras más significativas Sexo, ideología e islam, de 1975, El miedo a la modernidad: Islam y democracia, de 1992, o El amor en el islam, de 2008.

Fatima Mernissi afronta desde sus inicios la presencia de la mujere en el Islam. Aquí la vemos en una de sus conferencias, en 2004.

En su libro El harén de Occidente, de 2001, establece Mernissi un paralelismo entre la actuación de los hombres en el islam y en Occidente. Así, el musulmán domina a las mujeres a través del espacio, situándolas en lugares privados, en habitaciones propias para ellas y controlando su estancia en los lugares públicos. Esa dominación la ejerce el hombre occidental a través del tiempo, sobrevalorando la juventud de la mujer, haciéndola depositaria de una apariencia permanente, de una belleza que responde a un ideal masculino, y haciendo prácticamente invisibles a las mujeres mayores. El poder del hombre se hace patente, de una manera muy sutil, a través de la belleza, de la misma forma que aparentemente por una idea de belleza se les vendaban los pies a las antiguas chinas.

Otra autora de importancia en el tratamiento feminista de la mujer musulmana es la escritora, activista y médica psiquiatra egipcia Nawal el Saadawi (1931-2021). En 1966 y durante seis años ocupó un alto cargo político en el Ministerio de Sanidad de El Cairo, del que fue excluida poco después de publicar su polémico libro Mujeres y sexo, en 1972. En esta obra hace una fuerte denuncia de la práctica de la mutilación genital femenina, que ella misma sufrió, como la sufren tantos millones de mujeres aún hoy. La situación de opresión de las mujeres en los países musulmanes la aborda en su libro, La cara oculta de Eva, de 1980. A lo largo de su vida estuvo en la cárcel y fue denunciada en varias ocasiones. Apoyó las manifestaciones de 2011 en la plaza Tahrir, de El Cairo, aunque su entusiasmo por las revoluciones árabes perdió luego fuerza.

Nawal el Saadawi, participando en una manifestación.

Para tener una perspectiva actual de la problemática de la mujer musulmana podemos acercarnos al libro Siempre han hablado por nosotras, de 2019, de la española de ascendencia marroquí, afincada desde niña en Cataluña y reciente premio Nadal, Najat el Hachmi. Leyéndolo nos hacemos algunas preguntas. Parece que hay mujeres que están tomando conciencia de su situación en algunos lugares de religión islámica, y que eso les está llevando a una idea de democracia parecida a la occidental, pero ¿son acompañadas en esto por los hombres? ¿Es posible compaginar libertad e islam o las mujeres deben contentarse con una libertad con los límites que les impone la religión? ¿Puede una mujer musulmana unir su vida a quien quiera, con independencia de la religión que esta persona profese? ¿Permite el islam que una mujer haga lo que quiera con su cuerpo? Hay quienes creen que el islam es bueno para los hombres, pero ¿también lo es para las mujeres? Y, englobando todas estas preguntas, ¿se puede decir que el intento de compaginar las reivindicaciones feministas con el islam da como resultado un feminismo?

Estas preguntas nos muestran cómo el feminismo islámico no solo tiene una ardua tarea para hacer real la igualdad, sino que debe resolver algunos problemas de interpretación teórica del islam.


Manuel Casal (San Fernando (Cádiz), 1950) es licenciado en filosofía por la U.C.M. y Catedrático de filosofía de Enseñanza Secundaria. Ha publicado varios libros explicativos de los textos propuestos para las pruebas de acceso a la Universidad, así como el titulado En pocas palabras. Aforismos. Ha participado en otros trabajos colectivos de diversa temática, como Mensajes en una botellaÁngel de nieveEspíritu de jazz o El oasis de los miedos. Colabora en revistas y periódicos y mantiene el blog Casa L, en donde se reflexiona sobre asuntos de actualidad.

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