María Callas, luces y sombras de «la Divina»

Por Marta Muñiz Rueda

Sección: Mujeres en la Música

Lunes, 25 de abril. 2022

A la soprano María Callas no es necesario rescatarla del olvido, pero una sección titulada ‘Mujeres en la Música’ no podría omitir su nombre en el listado de mujeres que han hecho historia a través del sonido. De todas las áreas que podemos analizar en torno a la música, la voz es sin duda el territorio en el que las mujeres pudieron brillar con luz propia prácticamente al mismo nivel que los hombres. Y entre ellas el nombre de María Callas resplandecerá por toda la eternidad.

María Callas, la Divina

Su verdadero nombre fue Ana María Cecilia Sofía Kaloyerópulos. Su lugar y fecha de nacimiento se corresponden con Nueva York, Estados Unidos, 2 de diciembre de 1923. Era de ascendencia griega, hija de Evangelia Dimitriadis y George Kaloyerópulos, 

George era farmacéutico y debido a la pronunciación compleja y difícil de su apellido, lo cambió a Callas. En Manhattan montó un negocio propio, en un barrio de inmigrantes griegos. Los padres se separaron y María Callas se fue con su madre y hermana a Atenas, Grecia, en el año 1937, recobrando su apellido original.

Se inscribió en el Conservatorio Nacional de Atenas, falseando su edad, ya que aún no había cumplido los 16 años reglamentarios. Tuvo como maestras de canto a María Trivella y Elvira de Hidalgo, excelentes sopranos que la encaminaron en su nueva faceta artística como cantante de ópera.

Su primera presentación fue en el Teatro Lírico Nacional de Atenas, en 1942, cantando en la opereta Boccaccio y su primer éxito fue en agosto de ese mismo año, en la Ópera de Atenas, con Tosca, de Puccini.

Tuvo otras presentaciones poco brillantes a lo largo del año 1944, cuando debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que volver a Nueva York a reencontrarse con su padre.

Edward Johnson, director general del Metropolitan Opera House, le ofreció trabajo en las temporadas de 1946 y 1947, en Fidellio  y Madame Butterfly, deLudwig van Beethoven y  Giacomo Puccini, respectivamente.

Sorpresivamente, María Callas rechazó tales ofrecimientos por no querer cantar en inglés y considerar que esas obras no eran las más adecuadas para debutar en América.

María era una mujer de fuerte carácter, que se entregaba con pasión a todo lo que acometía. Y la Música, en su vida, estuvo por encima de todo. Vivía obsesionada con alcanzar la perfección artística en cada una de sus interpretaciones, por eso llegó a afirmar que se preparaba para una ópera como quien se prepara para el matrimonio.

Este ímpetu de carácter, unido a una actitud segura y dominante, fueron características de la personalidad de Callas, y así se comportaba incluso con sus más allegados.

Para el papel de Medea, debía adelgazar más de 30 kg de peso, por lo que se sometió a un cambio en su alimentación, comiendo más proteínas y vegetales. Entre 1953 y 1954, llegó a pesar 55 después de haber llegado a pesar 91. No volvió a engordar, demasiada fuerza de voluntad.

En 1949 se casó con un acaudalado empresario neoyorquino, Giovanni B. Meneghini, con el que estuvo diez años casada, aunque llegó a asegurar que no habían sido felices. Igual suerte le tocó vivir junto al magnate Aristóteles Onassis, quien tampoco le apoyó ni le dio la felicidad y estabilidad para proseguir su carrera.

Onassis y María se encontraron durante una representación de Norma de Bellini en París. El magnate griego quedó cautivado al escuchar su voz cantando su inmortal «Casta Diva» y a partir de ese momento no dudó en acercarse a ella para vivir su controvertida historia de amor.

Se han filmado varias películas basadas en la vida de María Callas, entre ellas no se pueden dejar de mencionar: Medea, donde personalmente participó e interpretó a la protagonista de la tragedia griega, pero en versión de Pier Paolo Pasolini, donde no cantaba, sólo hablaba, en el año 1969.

Sobre la vida de María se rodaron posteriormente: María Callas: La Divina (1988); Callas Forever (2002) de Franco Zefirelli; María by Callas: In her own words (2017).

Durante la década de 1960, María Callas no tenía la voz ni la salud necesaria, para permanecer en los escenarios que tanto éxito y brillo le habían otorgado en el pasado. Aunque divina, toda diosa tiene su ocaso como mortal. Cometió serios fallos en algunas interpretaciones públicas hasta el punto de que algunos fans intransigentes y crueles llegaron a chiflarla en varios escenarios, hecho que hundió moralmente a Callas casi hasta su muerte. Le preocupaba que pensasen que actuaba movida por necesidades económicas y no por amor al arte, como siempre hizo.

Onassis la abandonó en 1968 para contraer matrimonio con Jacqueline Kennedy, viuda del presidente John F. Kennedy. Fue una mala racha emocional para María, que vio cómo se escapaban de su vida el equilibrio y el éxito. No obstante, cuando un artista llega al cénit, afortunadamente esos pequeños y humanos fallos del declive se olvidan, porque la belleza de su esplendor durará por siempre. Y los humanos debemos entender que así somos, vulnerables, y que nadie puede mantenerse en la cima sin pisar cuerdas flojas.

Su amigo y eterno compañero operístico, Giuseppe di Steffano, la animó a volver a los escenarios en 1973, con El tenor de la Callas, para, según él, recrear aquellos tiempos de éxito que vivieron juntos y levantar la autoestima de la famosa cantante.

Esta gira por Europa, Estados Unidos y el Extremo Oriente, no tuvo buena acogida. La voz de María Callas distaba mucho de lo que había sido en sus mejores tiempos, pero logró remover corazones en todo el mundo y a pesar de su madurez vocal, la expresividad y la entrega seguían siendo admirables.

Su último concierto lo ofreció en Sapporo, Japón, el 11 de noviembre de 1974. María Callas falleció en su casa de París, el 16 de septiembre de 1977, víctima de un infarto al miocardio.

María Callas, una voz divina, quizás la mejor voz de la historia, una mujer hermosa y una genialidad del bel canto, que vivió atormentada por ese miedo al abandono inducido por la falta de amor materno. Una madre y una hermana crueles que solo se acercaban a ella por puro interés económico, pero que no dudaban en tildarla de gorda y fea. Hombres que no supieron amarla. Un deseo irrefrenable de ser feliz a pesar de las sombras.

María nunca quiso ser grabada, por respeto a ella no ofreceré hoy enlaces, como acostumbro.  Prefería lo sublime del instante, la belleza de lo fugaz. Sin embargo, no pudo impedir que su voz haya llegado hasta nosotros hoy. La gran Norma, Carmen, Madame Butterfly, Rossina, que brillará por siempre inmortal, inolvidable.


Marta Muñiz Rueda (Gijón, 1970) es escritora y músico. Ha publicado libros de poesía (El otoño es nuestro, Libro de la delicadeza), la novela Tiempo de cerezas, y los libros de cuentos 13 cuentos dementes Anna y las estrellas. Desde pequeña su vida ha estado ligada al aprendizaje y la enseñanza del piano y la composición, ya que todas las mujeres de su familia han estudiado interpretación. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo y titulada profesional de piano por los Conservatorios de Gijón y León. Como compositora puso música a poemas y textos de Miguel de Cervantes y Lope de Vega en la obra ‘Duelo de ingenios’, actuando a dúo con la soprano Ana Clara Vera Merino, estrenándose con gran éxito en la Biblioteca Pública de León. También es autora de cuatro obras de teatro musical infantil en la compañía de la que forma parte, ‘Moraleja de la candileja’. Ha participado en numerosos eventos artísticos, antologías, revistas culturales y es columnista de opinión del diario de información general La Nueva Crónica.

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