Feminismos/3. La teoría «queer»

Por Manuel Casal

Sección: Con firma masculina

Sábado, 9 de abril. 2022

Imagínate que tu hijo, en un momento de su adolescencia o quizá antes, te dice que no se siente hombre, sino mujer, y que desea que en su DNI aparezca con nombre femenino y con sexo de mujer. Desea también tomar hormonas para que su cuerpo se feminice, y desea peinarse, vestir y calzar como una mujer.

Imagínate que tu vecina es muy femenina. Ella se ocupa solo de los asuntos de la casa, obedece fielmente a su marido, viste como él prefiere y asume sumisamente su papel secundario en la familia. Su hija, de 17 años, por el contrario, piensa que si ser mujer es eso, a ella no le gusta ser mujer, ella no desea ser mujer, prefiere ser hombre y desea comenzar el tratamiento oportuno para convertirse en hombre, que la hormonen y le quiten los pechos, lo cual, desde el punto de vista médico, es irreversible.

Imagínate que esos deseos suyos sean suficientes, desde el punto de vista legal, para que pueda hacerlo. Uso en estos párrafos repetidamente el término desea porque es importante para entender lo que les ocurre a estos chicos y chicas. El impulso que más les mueve es lo que desean, es su criterio más potente y lo único que están dispuestos a admitir.

Para comprender estos fenómenos debemos recordar la distinción entre sexo y género, porque está en la base de cualquier discusión sobre estos asuntos. El sexo es algo biológico, natural, que está destinado a la obtención de placer y a la reproducción, bien sea produciendo óvulos o generando espermatozoides. Según el sexo, se es hombre o se es mujer. El género, en cambio, es una construcción social, un invento que tiene connotaciones culturales, políticas y simbólicas. Cada cultura genera un conjunto de roles, un estereotipo masculino, con una serie de funciones y de privilegios, y otro femenino, con funciones diferentes y habitualmente supeditado al masculino.

Entre los seres humanos, el sexo es binario, es decir, hay hombres y hay mujeres, porque la reproducción humana es binaria. Hay que añadir aquí, sin embargo, los posibles casos de intersexualidad, esto es, de personas con solo una parte de su sexo desarrollada o con ambos sexos presentes en su cuerpo. En cambio, el género no es binario. Ninguna persona es completamente masculina ni completamente femenina, esto es, nadie se ajusta perfectamente al estereotipo que crea la sociedad para cada uno de los géneros. No hay en la realidad géneros puros. Todos estamos fluctuando entre ambos polos y podríamos decir que cada ser humano tiene el género que considera oportuno.

No tener en cuenta esta distinción fundamental desde el principio y confundir el sexo con el género puede llevar a tomar decisiones equivocadas e irreversibles que le pueden cambiar la vida a un joven para siempre. Hay quienes no se sienten a gusto con su sexo y prefieren someterse a una intervención para cambiárselo. Son personas transexuales. Otras personas siendo, por ejemplo, hombres, no les gusta el género masculino que la sociedad tradicional ha asociado a su sexo, y deciden adoptar en lo posible el femenino. Son personas transgénero. Hay también, sin embargo, quienes no se sienten a gusto con el género que la sociedad asocia a su sexo y, sin una conveniente orientación con un especialista y sin habérselo pensado demasiado, optan por resolver su problema con un cambio de sexo. Esta salida poco reflexionada genera algunos casos muy duros de arrepentimiento, generalmente irreversibles.

Para explicar esta situación, más compleja que la que ofrece la sociedad tradicional, aparece en la década de los noventa la teoría queer. Su afirmación básica es el rechazo del concepto binario de sexo y género. No hay solo hombres y mujeres, como no existen solo lo masculino y lo femenino. Tampoco hay solo dos maneras de vivir la sexualidad: la homosexualidad y la heterosexualidad.

Es un error pensar que todas estas realidades vienen dadas por la naturaleza. La teoría queer defiende que tanto el género como la identidad sexual (que incluye la percepción que tenemos del propio cuerpo, la orientación sexual y la identidad de género) no son naturales, sino construcciones culturales, sociales y simbólicas. Hay más identidades posibles y esto permite tener en cuenta con normalidad a las personas que no se consideran incluidas en estos conceptos binarios. Por ejemplo, a las personas trans. No tiene por qué corresponderse siempre el sexo -hombre o mujer- con la identidad de género -ser masculino o femenina-, de tal manera que por ser hombre no hay por qué comportarse de manera masculina ni por ser mujer hay que adoptar necesariamente el rol femenino. Tampoco hay que aceptar solo la heterosexualidad y la homosexualidad como forma de desarrollar la sexualidad. Se trata de dar cabida dentro de la normalidad a la personas bisexuales, transexuales, intersexuales, trasgénero y a cualquiera que no se considere dentro del modelo binario que las sociedades tradicionales presentan como obligatorio porque creen que es el único natural.

Judith Butler

La primera y gran representante de la teoría queer es la norteamericana Judith Butler (n. 1956), profesora en la Universidad de California. En su libro de 1993 Cuerpos que cuentan, le dio al término queer, que se usaba para designar lo raro, lo desviado, un nuevo significado. Ahora significaría lo normal, lo central, lo que cada cual elige porque lo desea.

A juicio de Butler, hay quien cree que tanto los géneros como los roles sexuales son el fruto de un  proceso de repetición mantenida que ha hecho que muchas personas crean que son naturales. Si se logra que las mujeres repitan constantemente unas costumbres, unos colores en el vestido, una forma de ser, unas ocupaciones en la sociedad y un estatus inferior al de los hombres, muchos creerán que eso es lo natural, y, por tanto, fijo e inmutable. Lo mismo ha ocurrido con la concepción binaria de los sexos y de los géneros: son construcciones sociales debidas a la repetición. De ahí que Butler defienda la acción como el mejor método para que cada cual pueda elegir y crear la identidad con la que se sienta más identificado y el rol que prefiera, sin necesidad de ajustarse a nada de lo que le ofrece el sistema binario.

En consecuencia con su teoría, Butler evita definir con claridad qué es ser mujer, porque hacerlo implicaría referirse a un tipo de mujer concreta. El feminismo se había referido, a su juicio, a la mujer que proponía el patriarcado dominante en la sociedad. La teoría queer admite cualquier modo de ser mujer. Así se evita la consideración de una determinada forma de vivir la sexualidad como desviada, puesto que no hay ninguna que sea la única que se considere normal.

Esta teoría está en la sociedad neoliberal actual muy en boga y es objeto de muchas críticas a favor y en contra, sobre todo porque deja en el deseo exclusivo de cualquier persona, aunque sea un adolescente, el criterio para decidir sobre su cuerpo y sobre su identidad sexual, y, también, porque disuelve el concepto de mujer por el que el feminismo ha estado luchando durante muchos años.

Sobre este tema son muy interesantes los siguientes artículos:

https://elpais.com/sociedad/2022-03-10/el-genero-no-se-elige-ni-la-edad-como-si-fueras-al-supermercado.html

https://www.elespanol.com/porfolio/actualidad/20211024/drama-trans-arrepentidos-enganaron-caes-bucle-cirugias/621438970_0.html

https://elpais.com/sociedad/2021-01-09/menores-trans-el-dilema-de-dejar-la-adolescencia-en-suspenso.html


Manuel Casal (San Fernando (Cádiz), 1950) es licenciado en filosofía por la U.C.M. y Catedrático de filosofía de Enseñanza Secundaria. Ha publicado varios libros explicativos de los textos propuestos para las pruebas de acceso a la Universidad, así como el titulado En pocas palabras. Aforismos. Ha participado en otros trabajos colectivos de diversa temática, como Mensajes en una botellaÁngel de nieveEspíritu de jazz o El oasis de los miedos. Colabora en revistas y periódicos y mantiene el blog Casa L, en donde se reflexiona sobre asuntos de actualidad.

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3 comentarios en “Feminismos/3. La teoría «queer»

  1. Gracias por el post, un excelente resumen de lo que supone la teoría querer que, por suerte, se está teniendo más en cuenta actualmente. Ya era hora.

    Cierto que Judith Butler es una especie de madre/padre que le dió a esta teoria la fuerza suficiente para que germinara la semilla que fue sembrada por tantas voces anónimas que quedaron por el camino, apropiándose del insulto, de la rareza y haciendo de la palabra queer todo una revolución que aún estamos viendo y viviendo.
    Me fascina la idea de cómo se apropiaron del insulto e hicieron de ello un tsunami que hizo temblar más de un cimiento.

    Distinguir entre el sexo y el género es algo básico e imprescindible, como bien has indicado, si queremos entender en qué consiste estos cambios que con tanta frecuencia vemos cada vez más, sobre todo en los más jóvenes. Vivimos en un sistema en el que te etiquetan desde que naces, algo tan simple como la decisión de hacerte o no hacerte unas perforaciones en los lóbulos de las orejas al nacer, algo tan simple como ponerte el color rosa o el azul…ya marca tu camino. Si eres hombre, cargas con la pesada carga de ser todo lo que se considera que debe ser un hombre. Ocurre lo mismo si eres mujer. El fuerte. La débil. El valiente. La miedosa. Etiquetas tras etiquetas que nos persiguen desde que nacemos hasta que morimos y que, con mucho esfuerzo, algunos logran esquivar.
    Autoapropiarse del insulto es la revolución más violenta que se puede hacer contra esas etiquetas que nos dicen lo que tenemos que ser, blanco o negro, arriba o abajo. Ser queer significa romper esas cadenas, apropiarse de las reglas o incluso crear otras nuevas.

    Aunque la mención de Judith Butler es fundamental, me parece también imprescindible mencionar a la filósofa española Beatriz Paul Preciado, más bien el filósofo Paul Preciado actualmente, quien tiene muchas obras que son de obligatoria mención para la teoría queer, y entre las cuales me quedo sin lugar a dudas con «Testo yonqui», donde no sólo habla del capitalismo farmacopornográfico que nos rodea y utiliza nuestros cuerpos y sentimientos como pura mercancía para sacar el mayor rédito posible de ella, sino que además rompe cualquier regla y frontera que se pueda traspasar y no solo se queda en la teoría, sino que va más allá: el libro es una autobiografía donde nos cuenta paso a paso como se va inyectando testosterona ilegalmente en su cuerpo, una intoxicación de testosterona, para demostrar que esa carne con la que mercadean es suya y solo suya y puede hacer con ella lo que quiera. Que para eso es su cuerpo.
    Una revolución en toda regla, donde un cuerpo se transforma en lo que el sujeto decida transformarse, a su ritmo, bajo su sola decisión, a pesar de los miles de ojos que lo vigilan atentamente.

    Pero, tal vez, cabe hacerse ciertas cuestiones respecto a la teoría querer y a eso que llamamos traspasar la frontera.
    Encontramos a numerosos transexuales, que dicen sentirse en cuerpos equivocados y, por tanto, quieren cambiar todo lo que estos llevan que no les corresponde. Quitarse pechos, ponerse culo, cambiar vagina por pene, cambiar un pantalón por una falda, deportes por tacones.
    Una chica joven no se siente bien con faldas ni con todo lo que se le impone como mujer que dicen que es, y opta por lo contrario, dice sentirse ser chico y se viste como corresponde a un chico y hace lo que se supone que hacen los chicos.
    Un niño le gusta jugar con muñecas y los vestidos, dice sentirse chica y empieza a vestirse y a actuar como se supone que debe hacerlo una chica. De manera muy simplicsda expongo esto, claro está.
    Pero parece que todo se reduce a que eres A o eres B, es como si no existiera nada intermedio, como si no hubiera miles de opciones que se puede dar entre la mezcla de ese binarismo cultural que hemos creado solo los humanos.
    Entonces, ¿Al final no caemos en la trampa de las etiquetas? ¿Somos libres si escogemos entre la opción A y la opción B? ¿Quiénes son los que deciden que esas son las opciones?
    Si siento que estoy en un cuerpo equivocado porque lo que hago no se corresponde con mi sexo, y decido cambiarlo… ¿No estoy cayendo en las trampas de las etiquetas?

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