Bruja y mujer en el feminismo

Por Mercedes Fisteus

Sección: Escriben nuestras jóvenes.

Viernes, 8 de abril. 2022

Haciendo relectura de lo que significaba ser bruja hace cientos de años, podemos establecer un análisis sociológico que el feminismo ha enarbolado como discurso desde hace tiempo. De ahí la famosa frase, en relación con las cazas y denunciando que se nos trate como ganado o como presas: “Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar”.

Medea, con sus hijos muertos, huye de Corinto.

La brujería tiene mucho recorrido, pues la figura está presente incluso en la Biblia, con la Bruja de Endor, a pesar de que la brujería ya fuese perseguida en el Antiguo Testamento. De hecho, las Sagradas Escrituras clamaban que “a la hechicera no dejarás que viva”, como parte de las leyes humanitarias. Que se hable en femenino ya es uno de los presupuestos más antiguos para relacionar a la mujer con la brujería, pero la mitología – que es anterior – ya habla de cualidades asociadas a lo femenino que luego serán utilizadas como excusa en las acusaciones: enorme belleza como fatal atracción, astucia y engaño en vez de inteligencia, o los celos son cualidades asociadas a nosotras desde figuras como Medea en la Era Clásica o Eva y su manzana. Incluso las diosas pueden tener algo que ver: muchas veces, las deidades femeninas del parto o la creatividad, también tenían un lado agresivo que las asociaba al mal o a la guerra.

Las brujas eran en un inicio seres sobrenaturales que se fueron humanizando para adaptarla a las mujeres perseguidas por diversas razones

Las brujas en concreto eran en un inicio seres sobrenaturales que no se correspondían con las personas, pero luego se fue humanizando el concepto para adaptarlo a las mujeres que se perseguían por varias razones:

  • El conocimiento de remedios, brebajes y hierbas, que no solo ponía en jaque la supuesta ignorancia de las mujeres sino que presentaba un inconveniente para los hombres médicos, curanderos, compostores o menciñeiros de entonces. Ellas eran más baratas y confiables para asuntos femeninos como los partos. Eran una competencia a eliminar y era fácil, por tanto, resaltar sus malas artes o instaurar la idea de que tanto las mujeres como los niños, vistos como personas “débiles” y fácilmente corruptibles, tenían almas mucho más maleables y eran perfectamente susceptibles de ser embaucados por el Diablo, puesto que ese conocimiento femenino les venía dado por el demonio, con el que tenían un trato para poder ejercer esas habilidades. Es más, cuando los médicos no sabían qué respuesta dar a determinados males, decían que era cosa de brujería para no quedar mal. Otros vecinos, que no eran médicos, podían acusarlas para ganarse favores de las Autoridades, ávidas de casos para que el Santo Oficio pudiera dar una imagen ejemplarizante, y deseosos también de quedarse las propiedades familiares de estas mujeres o de abusar de ellas.
  • Aquellas mujeres que se reunían para hablar o para dispensar servicios a otras personas también eran acusadas, pues siempre se quería entender que estaban celebrando aquelarres o conspirando. Tales servicios eran algunas veces sexuales – sobre todo los dispensados por las llamadas hechiceras del sur-, otras meramente informativos. En el caso de mujeres que se quedaban solas – por ejemplo porque sus maridos fueran marineros- era común que se reuniesen para apoyarse moralmente. Por otra parte, solo entre ellas podían hablar de sus temas privados, como por ejemplo problemas con sus maridos, incluso en casos de violencia doméstica.
Las brujas de Goya, cuadro El conjuro.

En León y otras muchas zonas, las brujas suelen tener apariencia de ancianas encorvadas y no muy agraciadas, aunque las hay tanto buenas como malas. Ese aspecto horrible representaba la decadencia del ser humano y no desapareció hasta el siglo XX, cuando se empezó a representar a la bruja como una mujer hermosamente diabólica, quizá para atraer a la gente que veía películas. Sin embargo, esta imagen tan propia de los cuentos tradicionales tampoco se ha entendido bien: en los cuentos, hadas y brujas son la misma criatura y no necesariamente negativa.

Entre una cosa y otra, constatamos que los juicios por brujería tenían casi siempre un trasfondo instrumental: bien para conseguir un orden, bien para librarse de vecinos molestos o para eliminar a traidores, así como gente de colectivos que eran repudiados o blasfemos – no solo brujas-, como por ejemplo homosexuales (sobre todo hombres). Es más, se ha aventurado que la época de colonizaciones y esclavitud condicionó también algunas cazas, pues había una obsesión por conseguir mano de obra barata y apartar a las mujeres de ciertos trabajos, por lo que se les acusaba de brujería y quedaban al servicio del Santo Oficio.

los juicios por brujería tenían casi siempre un trasfondo instrumental: conseguir un orden, librarse de vecinos molestos, eliminar traidores y gente de colectivos repudiados o blasfemos…

Así las cosas, brujas y mujeres siempre han estado relacionadas y por ello se viene rescatando el capítulo negro de las cazas desde los años 60,  cuando se fundó por ejemplo el colectivo W. I. T. C. H. (Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell, “Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno”), nombre que designaba a varios grupos guerrilleros estadounidenses independientes pero con un objetivo común: “conjurar” una escena de acción directa por parte de las mujeres, aprovechando la simbología que partía de la bruja. Estas “brujas urbanas” llegaron a realizar boicots en certámenes de belleza y hasta en la bolsa de Nueva York, recurriendo a la violencia cuando se trataba de luchar por la liberación de Angela Davis o la destrucción de la industria pornográfica. La idea de que en realidad se luchaba contra el sistema patriarcal ha sobrevivido hasta nuestros días. Sin embargo, la denominación de terroristas levantó ampollas y, desde entonces, hay colectivos que se pronuncian contra la radicalización extrema.

los juicios por brujería tenían casi siempre un trasfondo instrumental

Ahora el feminismo debe alejarse de estas posiciones extremistas, pero desde luego debe seguir recordando a las brujas y debe poder explicar correctamente la relación entre ellas y todas nosotras.


Mercedes Fisteus

Escritora, (Villablino, León, 1995).

.Jurista y escritora, se inició en el camino de la literatura atesorando algunos premios infantiles y debutando con su novela Dentro de dos años, premiada en el certamen Ateneo Joven de Sevilla del año 2019. Desde entonces, ha seguido dedicada a la labor de escribir, tarea que compagina con la impartición de cursos centrados en las leyes laborales y el emprendimiento rural, la literatura, las leyendas, la tradición oral y la figura de las brujas en el imaginario popular, seres que ya trató en su citada novela.

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