Marisa Rodríguez: historia de una emprendedora.

Por Paz Martínez

Sección: Mujer, arte, cultura y oficio

Miércoles, 24 de noviembre. 2021

Marisa Rodríguez, nuestra protagonista de hoy en una de las ferias a las que acuden con los productos de la cooperativa de mujeres.

Marisa Rodríguez nació en la Plaza Santocildes de Astorga donde su familia tenía una casa de comidas. Su abuelo era tratante de caballos y también su padre. Trabajaron mucho para dar a sus hijos un futuro mejor, para que tuvieran estudios. Marisa era la mayor de cuatro hermanos, le hubiera gustado estudiar medicina, pero la carrera era larga y costosa y sintió temor de que eso limitara las posibilidades para estudiar de sus hermanos y se conformó con hacer enfermería.

Se crío en el barrio de San Andrés, un barrio que siempre tuvo estampa de pequeño pueblo con sus gentes humildes e interraciales, un barrio que dentro de la propia ciudad parecía ajeno a lo urbano. Tenía su propio palpitar, su párroco comprometido, sus vecinos implicados, su actividad socio cultural que lo hacía diferente, que alimentaba el pensamiento crítico, algo poco usual para la difícil época aun oprimida por la dictadura.

Su primer trabajo fue en Badajoz, en el hospital materno—infantil pero siempre sintió que sus lugar estaba en los Montes del Teleno. Se los quedaba mirando como embelesada cada vez que se le ponían delante. Su primer destino rural fue en Quintana del Castillo como practicanta. Más tarde surgió el acercamiento a su monte anhelado y llegó a Luyego. Pero encontró su hogar en Tabuyo del Monte, un pueblo rico en recursos naturales, donde todavía quedaban niños correteando por las calles. Le fascinaban los recursos administrativos de la vecindad de ese pueblo, su capacidad para gestionar los fondos en beneficio de cada vecino, pagando las igualas al médico para que a nadie le faltara, garantizando un solar, material para la reforma y colaboración a cada recién casado. Tabuyo era un pueblo colaborativo y Marisa se implicó para ayudarlo a crecer a lo largo de los años.

Su deseo era que sus hijos tuvieran pueblo, que tocaran la tierra y que tuvieran la oportunidad de trabajar con las manos. Ese empeño la llevó a tener su primera plantación de frutos rojos y cultivos ecológicos que progresó hasta establecer una cooperativa  de mujeres dedicadas a la transformación agroalimentaria que deriva en un comedor donde degustar sus productos.

Marisa es la mujer rural que siempre quiso ser, se supo reinventar. Trabajó por su pueblo desde la administración presentándose a las elecciones y ejerciendo de alcaldesa y desde lo agrario. Tomó partida en la construcción de la residencia de tercera edad, en el movimiento contra el Ministerio de Defensa para proteger el Teleno de los incendios que estos ocasionaban con motivo del campo de tiro, en la creación del Centro Micológico. Esta mujer es luchadora y activa defensora del mundo rural, conoce la importancia del trabajo de la mujer en dicho mundo y lo protege por lo que, no en vano, fue nombrada “Águeda de Honor” una festividad en la que tradicionalmente las autoridades concedían el bastón de mando de los pueblos a las mujeres. También fue partícipe junto a sus compañeras del Premio de Excelencia a la Innovación para Mujeres rurales a través de la Cooperativa de Mujeres de Tabuyo del Monte, por su trabajo en la reactivación del medio rural en la zona del Teleno.

El comedor del Monte, creado por la cooperativa y algunos de los productos que comercializan como conservas tradicionales y artesanas.

Pero lo que de verdad llena de orgullo a Marisa es lo conseguido entre todas.  La importancia de dejar en herencia el valor de la tierra, lograr que sus hijos no se sientan obligados a emigrar creando puestos de trabajo, un grupo social implicado y una regeneración rural sostenible, haciendo — dice — lo que lo que las mujeres han venido haciendo desde siempre: cuidar y nutrir cuerpo y alma.


Paz Martínez Alonso (Santa Colomba de Somoza, León) ha publicado dos poemarios y ha participado en varias antologías poéticas y de micro-relato. Actualmente está preparando su último trabajo junto al cantautor madrileño Moncho Otero, En Son de Paz.

Finalista del Certamen Atardecer de otoño (1993) con el poema Dolor, publicado en la misma antología y posteriormente en el poemario De musgo y Piedra. Segundo premio en el VI concurso literario de Zahara de los Atunes, (Cádiz) con el poema Fértil.

Colabora con diversos proyectos que tratan de dar a conocer el entorno rural a través de diferentes propuestas culturales con el patrocinio del Ayuntamiento de Santa y la recuperación de Filandones Tradicionales, junto a Mercedes G. Rojo, a través del centro Cultural “El Casino” de Santa Colomba de Somoza, del que es presidenta desde 2016. 

Su poema Dios Tilenus recogido en Los márgenes del Tiempo fue elegido emblema de la Asociación Montañas del Teleno, la cual trabaja por el desarrollo y sostenibilidad en el mundo rural.

Ha colaborado en el programa Hoy puede ser un gran día (Libertad FM), con el espacio Los libros de mi vida realizando reseñas literarias.

Colabora con la columna Serendipias en la sección de opinión La Tercera Columna del periódico digital Astorga Redacción. y en la publicación independiente Elefantes con alas.

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