El caso de las niñas que son dinero: la historia de las Devadasi

Por Irene Fidalgo López

Sección: Escriben nuestras jóvenes

Viernes, 5 de noviembre. 2021

Hace unos años, en una de esas tardes de verano de hastío en las que no hay mucho más que hacer que ir a la piscina o empezar la lectura de algún libro nuevo, me encontré por casualidad con una serie de artículos sobre las Devadasi. Muy probablemente otros lectores ya sepan quiénes son estas niñas «de propiedad pública» de la India, pero, en mi caso, era la primera vez que leía sobre ellas.

Para todos aquellos que no conozcan este término, que se les otorga a algunas niñas de las castas más bajas de la India, se va a detallar en el artículo el origen del término y las consecuencias nefastas que esta práctica sigue trayendo en la actualidad.

Las Devadasi forman parte de una tradición ancestral que se lleva practicando en la India durante milenios, y que obliga a algunas niñas de las castas más bajas y pobres de la India a prostituirse para satisfacer las necesidades sexuales de los hombres. Esta práctica se lleva a cabo en el nombre de la diosa Yallamma, diosa de la fertilidad, y prohíbe a todas las niñas que entran a formar parte de este sistema casarse en un futuro o tener la posibilidad de una vida digna. No les está permitido rebelarse contra el sistema y tampoco se les permite negarse a cualquier deseo de los hombres que las reclaman. Su vida ha pasado a ser la de una prostituta, un bien público.

Es posible que lo más cruel de esta práctica sea que, en la actualidad, muchas de estas niñas tienen la posibilidad de instruirse en colegios, pero la superstición y la pobreza de sus familias las obliga a saltarse las clases y les imposibilita el acceso a la integración en la sociedad. A pesar de que en algunos colegios se está luchando para que esta práctica se consiga abolir por completo de la India, instruyendo a las muchachas para que se nieguen a ejercer como prostitutas e intentando que sean ellas mismas las que decidan sus propios futuros, esta una situación muy complicada que no solo deben entender las generaciones futuras sino también los progenitores.

No es inusual que estas niñas, que pueden tener desde los siete a los diez años las más pequeñas que son vendidas para el oficio por sus familias, permanezcan a las afueras de los edificios ataviadas con maquillaje, collares y pesados abalorios para llamar la atención de los hombres. Tampoco es infrecuente que las madres de estas niñas se mantengan, durante las horas de clase de estas, muy cerca del colegio para asegurarse de que nadie las toque sin que hayan pagado el debido precio por ello.

Desde occidente esta práctica no solo nos parece cruel, sino casi una aberración inhumana, puesto que son los padres de las muchachas las que deciden, desde la tierna infancia de las niñas, su destino. Cuando la niña cumple entre cuatro y ocho años, el padre de familia la entrega al templo de la diosa Yellamma y la condena a ejercer la prostitución de por vida hasta que sea demasiado mayor para seguir viviendo de ello, y su subsistencia dependa de la mendicidad.

Es posible que estas familias de casta baja sigan, de alguna manera, anclados en cierta medida al pasado, cuando, antes de la época colonial, estas mujeres prostitutas llegaban a tener un estatus social alto y una gran consideración y estima entre la población. Sus vidas, aunque dependieran de la prostitución, estaban regidas por el lujo y la dignidad que su función les otorgaba a los ojos de los que no habían sido elegidos por la diosa. Sin embargo, la vida de las Devadasi nunca ha sido fácil: la decisión de otros las condena a no poder nunca ejercer el papel de madres dentro de una familia estable. Nunca podrán casarse.

A pesar de que el sistema de las Devadasi se prohibió en el año 1982, la práctica continúa vigente en toda la India, anclada a la religión, la superstición y la ignorancia, al igual que las necesidades económicas, contribuyendo con ello a la expansión del VIH.

En una sociedad en la que las niñas son vistas como una carga económica para los padres que no pueden pagar la dota de sus hijas, la venta de sus cuerpos salva a las familias de tener que casarlas a la vez que aporta ingresos a la familia.

En la actualidad, Manos Unidas está llevando a cabo un proyecto que pretende empoderar a las niñas Devadasi para que puedan tener recursos suficientes de otras maneras mucho más lícitas y dignas para su persona, y conseguir, de esta manera, que abandonen el sistema a las que sus propios padres y la miseria las han condenado.

Fuente: https://www.laorejaroja.com/de-ninas-a-prostitutas-sagradas-las-devadasi/

Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones. 

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