Las demandas de una sociedad anoréxica e hipócrita… quitan vida.

Por Irene Fidalgo López

Sección: Escriben nuestras jóvenes

Viernes, 22 de octubre. 2021

Es, probablemente, este artículo al que mayor atención quiero conceder por varias razones. A pesar de que la presión social hacia las mujeres no sea algo novedoso en la actualidad, quizá, es uno de los temas que, por más que la gente escriba sobre ello, más se tiende a olvidar en la conciencia colectiva.

La primera razón por la que considero crucial analizar la presión que la sociedad ejerce sobre las mujeres, desde todos los medios de comunicación: la televisión, la radio, los periódicos, las revistas de moda, los anuncios publicitarios, las campañas, etc., es porque considero en los estándares impuestos una de las raíces de la desigualdad de género que más tiempo va a costar erradicar.

La segunda razón que expongo es aún más simple y directa que la anterior: los estereotipos de belleza y moralidad pueden causar la muerte.

La extremada delgadez de las modelos utilizadas por diversas firmas de moda comienza a ser repetidamente denunciada por lo mucho que influyen especialmente en la población joven.
Foto: Pinterest

En este artículo voy a tratar las dos razones que expongo para determinar mi fuerte aversión a los estándares femeninos, extendidos de manera globalizada, con dos ejemplos que sustentarán mi visión al respecto.

Es posible que muchos hayan leído la controvertida noticia que se hizo eco en todas las revistas de moda en el 2012 acerca de la pérdida de peso de la famosa cantautora británica Adele, pero es también probable que algunos de los que se acercasen a la noticia desconocieran las causas que impulsaron a la prometedora joven a adelgazar. A pesar de que algunos noticieros cubrieran y expusieran la causa de la dieta que se impuso Adele, creo necesario reflexionar sobre los motivos que la condicionaron a ello, y que llevan un nombre: Kark Lagerfeld. Todos aquellos que de manera, tanto directa como indirecta, estén involucrados en el mundo de la moda habrán oído hablar de este famoso diseñador alemán y director creativo de marcas de lujo como Chanel o Fendi.

Ahora bien, es preciso mencionar que Adele se dedica exclusivamente a la música y que poco o nada tiene que ver con el mundo del modelaje. Esto resulta de vital importancia porque, sin dedicarse al mundo de las pasarelas, la joven cantante se vio envuelta en una serie de críticas sobre su físico que la llevaron a adelgazar ocho kilos. Esto no hubiera conllevado ningún problema si Lagerfeld, después de disculparse con la cantante por sus comentarios, no hubiera argumentado que gracias a él la cantautora había perdido ocho kilos por lo que «el mensaje no fue tan malo». El gran problema no radica en el hecho de que Adele perdiese peso, sino en la manera en la que se vio obligada a ello. Aunque se podría pensar que, en última instancia, la decisión de hacer una rigurosa dieta corrió por su cuenta y riesgo, la causa de ello fueron los comentarios del diseñador y la cantidad de odio negativo que recibió por su peso. Es decir, la cantautora se vio prácticamente obligada a cambiar su forma de comer, ejercitar más a menudo y privarse de ciertas comidas. Todo por la presión hacia su físico que la hicieron sentir otros sectores del arte e incluso otros colectivos que apoyaron las críticas de Lagerfeld.

En un mundo en el que el body positivy es ya una realidad que se abraza cada día con más fuerza, las mujeres no deberían permitir que comentarios vejatorios les importen hasta el extremo de necesitar gustar a todo el mundo. Lo que más injusto encuentro es que estas mismas críticas no son dirigidas por igual a los hombres, o no con tanta fuerza, como parecen alcanzar al sector femenino. Pocos actores famosos, cantantes o artistas han recibido comentarios negativos acerca de su peso o de su físico hasta el extremo de optar por cambiar de aspecto antes que perder a sus fans. Por desgracia, esta es la realidad en la que vivimos. A los hombres parece que se les respeta por sus cualidades y fortalezas dentro de sus profesiones, independientemente de sus características físicas, mientras que a las mujeres siempre nos señalarán con el dedo aunque seamos igualmente eficientes en nuestros respectivos trabajos.

Desgraciadamente, aún nos queda un largo camino por recorrer para saber aceptar nuestras cualidades, y juzgar solo a las personas por sus acciones y su desempeño. Ni los hombres ni las mujeres son menos funcionales por tener unas u otras características físicas.

Parte de la culpa de esto la siguen teniendo los medios de comunicación que se empeñan en mostrar a mujeres casi esqueléticas, las pasarelas de moda que buscan un ideal prácticamente imposible en sus modelos, las revistas y los anuncios de medicamentos que, supuestamente, ayudan a adelgazar, y que están siempre dirigidos a mujeres.

Dejando a un lado los problemas de salud que podría ocasionar la obesidad extrema, el peso nunca es ni ha sido un impedimento para que una cantante o cualquier otro profesional haga bien su trabajo.

Ahora bien, analizado ya el primer caso, que no es tan polémico como este segundo, me voy a centrar en el mundo del K-Pop, un estilo de música surcoreano que ha llegado con bastante fuerza a occidente.

Si ya de por sí los estereotipos coreanos son muy restrictivos, sobre todo en la apariencia y peso que deben tener las mujeres, en el K-Pop estos ideales de belleza se han magnificado hasta el punto de resultar terriblemente opresivos. Sin entrar ya en las escritas reglas que regulan el maquillaje que deben lucir las cantantes y bailarinas o las prohibiciones de tener pareja, lo que más me llama la atención es que a estas muchachas las obligan a mantener un peso máximo de cuarenta y cinco kilos para una altura de un metro cincuenta y nueve. Y no solamente se les imponen estas normas casi absurdas, sino que, al ser entendidas como el reflejo de una sociedad patriarcal, algunas jóvenes han sido marginadas de su grupo por no sonreír suficientemente en programas de televisión o por incluso leer un libro feminista. 

Las rígidas expectativas de pureza y castidad aún gobiernan a las mujeres en Corea del Sur, haciendo que sus vidas estén controladas por la imagen que ofrecen al resto y, más concretamente, a los hombres.

Goo Hara, la cantante coreana que se vio presionada hasta llegar al suicidio. Fuente: Pinterest

Un caso particular que me llamó la atención fue el de Goo, una chica de K-Pop víctima de un delito pornográfico. No solamente obtuvo críticas durísimas de todos sus fans que la culpaban de algo que ni siquiera era un error suyo, sino que perdió su carrera dentro de la industria y se convirtió en una marginada. Su actitud siempre había sido abiertamente feminista en varias entrevistas y su forma de pensar distaba mucho de la sociedad surcoreana, por lo que no extrañó a nadie que, cuando se colgó en internet el vídeo sexual, su correo vomitase cientos de críticas misóginas y maliciosas a cerca de su falta de comportamiento moral y recato.

La falta de castigo por el crimen cometido hacia su privacidad no solo no fue castigado, sino que las acusaciones y la vergüenza recayeron en la joven cantante hasta que, aislada de todos aquellos con los que había compartido profesión, y vilipendiada por fans y acusada injustamente en noticieros, fue hallada muerta en su casa.

Me gustaría, llegados a este punto, reflexionar sobre esta muerte que pudo haber sido prevenida. No solo su condición de mujer la condenó al aislamiento y a la crítica, sino que perdió su trabajo y relaciones personales por algo que nunca fue su culpa. Ya no estoy hablando de altos estándares de belleza o de físico, sino que se debería analizar si la moral que se impone a las mujeres se debería considerar también como una falta en los hombres.

Parece que hemos avanzado mucho cuando miramos hacia atrás, pero, en realidad, las mujeres seguimos siendo observadas a través de la lente de un microscopio por una sociedad que parece que no quiere (o no le interesa) progresar hacia la igualdad y la equidad.


Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones. 

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