Los estereotipos femeninos en dos películas «para machos»: Fast and Furious. Tokyio Race y Resacón en las Vegas.

Por Irene Fidalgo López

Sección: Escriben nuestras jóvenes

Viernes, 10 de septiembre. 2021.

Como a estas alturas casi toda la población global conoce, ya bien sea por haber asistido como espectadores a estas taquilleras películas de cine de acción y comedia o bien por haber escuchado en alguna ocasión a alguien comentarlas en diferentes y variopintas situaciones (a un grupo de amigos a la salida del instituto, en el autobús a unos jóvenes adultos o a unas cajeras en el supermercado), poco o casi nada puedo explicar de sus tramas que no se conozca de antemano.

Ambas películas, estrenadas a principios de los años 2000 (The Fast and the Furious en el 2001 y Resacón en las Vegas en el 2009), presentan una serie de similitudes que, obviando el género en el que se incluyen y la evolución de la trama que nada tiene que ver la una con la otra, he considerado oportuno comentar para entender la psicología que presentan en torno a la visión de la mujer.

Llegados a este punto, es probable que algunos lectores os preguntéis por la razón que me ha llevado a escoger la primera película de la saga de Resacón y la tercera de Fast and Furious. La respuesta es muy simple: la visión de la mujer parece no cambiar en la trilogía de Resacón, por lo que el análisis se podría extrapolar a cualquiera de las otras películas, mientras que será la tercera película de Fast and Furious la que presenta el papel más controvertido de toda la saga.

Comencemos, pues, con el análisis de la primera de ellas: Fast and Furious. Tokyo Race. Como, quizá, algunos de vosotros sepáis, la saga de la que esta película forma parte (aunque no tenga una relación directa con las demás películas como sí que lo hacen las anteriores), se enfoca en la historia de unos personajes que, en su mayoría, son hombres. Sin embargo, y es probable que debido a la presión y los cambios sufridos globalmente en los últimos años, que han supuesto una llamada de atención a la inclusión de la diversidad y el papel activo de la mujer en todos los sectores de la vida pública, no todos los papeles de las actrices que aparecen en estas películas se encaminan a hacerlas parecer solamente objetos placenteros para la vista. Estoy hablando de Letty, Giselle, Elena o Kara. Ahora bien, parece que a la empresa cinematográfica no le gustaba esta nueva imagen, que es probable que no formase parte de la propuesta inicial con la que trabajaron los guionistas en su historia de carreras ilegales de coches, en las que las mujeres muy poco lugar parecían tener en sus filas, puesto que en el 2006 se estrenó la película independiente Fast and Furious. Tokyo Race, que eliminó, de un plumazo, la escasa consideración que la película del 2001 había prestado al rol de la mujer de acción.

Para los que no conozcáis esta serie de películas, os dejo con la imagen que más se repite en Tokyo Race: mujeres muy jóvenes (incluso algunas chicas de instituto) con faldas extremadamente cortas, escotes de infarto, pesados tacones de aguja y en extremo maquilladas. Nada de malo habría en esto si la productora de la película no las hubiese utilizado como meros reclamos para los hombres. No son estas unas mujeres poderosas y seguras de sí mismas, sino que, en todas las ocasiones en las que se perfila el papel femenino, este queda supeditado a la voluntad de un hombre. Las mujeres son propiedad de los hombres: la chica rubia que pretende ligarse el protagonista al principio de la película, y que hará competir a su novio, y cito literalmente, «para ver quién de los dos se queda con ella»; las diferentes jóvenes que aparecen en el club al que los miembros de la yakuza y nuestro protagonista asisten, y en el que se celebran diferentes competiciones ilegales en Tokyo; e incluso Neela, que parecía, en un principio, que iba a salvar el papel de la mujer, no es más que una muñeca en manos de Takashi y su tío. Es posible que lo más desconcertante de todo, obviando por momentos las escenas erotizadas de chicas de secundaria que enseñan la ropa interior o lanzan su sujetador al aire para iniciar una carrera entre dos hombres «muy machos», sea que en toda la película no podamos ver a ninguna mujer conducir un coche de carreras. Se dice que Neela participa en carreras de coches y aprendió a hacer drift como los demás, lo que nos lleva a pensar desde el principio que, al menos, los guionistas consideraron que, de entre los numerosos harenes de mujeres de los personajes principales, una mujer (y solo una mujer porque si el número aumentaba iba a ser demasiado) podría salvarse de ser utilizada como objeto sexual. Sin embargo, la decepción es mayúscula cuando nunca la vemos conducir un coche de carreras ni participar en ninguna competición. Su presencia solo es requerida en escena cuando Takashi la rodea con sus brazos marcándola como su propiedad o bien cuando empieza a ser el interés romántico del protagonista, y necesita que este la proteja del abuso del sobrino del jefe de la yakuza. Una mujer que tendría todas las papeletas para haber sido una de las más fuertes de todo el elenco de protagonistas se ve reducida a una criatura débil y supeditada a la voluntad de los hombres a los que «pertenece».

Como no quiero que el artículo se extienda demasiado, no voy a analizar las múltiples escenas que aparecen en la película en la que un solo personaje masculino es visto rodeado por multitud de chicas.

De esta forma, se consigue que la imagen «del macho» quede impregnada en la retina de todos los espectadores.

Imagen de la película Fast and Furious. Tokyo Race. Fuente: http://imagenes.4ever.eu/arte/cine-y-series/the-fast-and-the-furious-tokyo-drift-131950

Continuemos nuestro periplo de la imagen de la mujer con la otra película mencionada en el título de este artículo: Resacón en las Vegas.

En primer lugar, quiero dejar claro que mi punto de vista solo se extiende al papel de la mujer en las películas, y que en absoluto pretendo desacreditar el trabajo que tanto actores como guionistas, directores y demás profesionales de la industria han desempeñado en las mismas. Tampoco es mi intención condicionar a los lectores que se acerquen al artículo o condenar a los miles de fans que las películas tienen detrás, puesto que la opinión siempre es algo de índole personal.

Aclarado esto, puedo comenzar explicando, para todos aquellos que no hayan visto la trilogía de películas, que estas se encuadran dentro del género cómico. Ahora bien, a pesar de que mi crítica, teniendo en cuenta su orientación genérica, pueda ser menos ácida, me resulta imprescindible recalcar algunos aspectos que considero demasiado ofensivos como pasarlos por alto bajo el rótulo nominativo de «comedia». ¿Qué es lo que pretendo decir con esto? En primer lugar, me gustaría recalcar que, al igual que la película anterior se trata de un largometraje protagonizado y dirigido, en esencia, para hombres. Los protagonistas son un grupo de amigos que acaban, con una gran resaca y aún los efectos de alguna droga que ni siquiera ellos conocen en sus organismos, sin recordar absolutamente nada de lo que han hecho la noche anterior. La premisa, en general, podría parecer del todo inocente (y es probable que divertida) para un espectador medio que se acerque a la serie, pero he aquí la trampa. Los protagonistas son hombres que, si no están casados, se van a casar inminentemente porque lo que celebran esa noche de locura es la despedida de soltero de alguno de ellos. Alguien podría indicarme, en este punto, que hablase de las mujeres de estos sujetos por su posible y razonable peso en el desarrollo de la trama, pero, aunque me gustaría poder hacerlo, apenas cuentan con un desarrollo en la misma. Sí, habéis leído bien: las mujeres de los protagonistas se comportan o bien como fantasmas, cuya misión en la película es la de estar guapas y cuidar de la casa, o bien como unas completas y absolutas tontas que no se enteran de nada de lo que hacen sus maridos o parejas. La única mujer con poder en toda la película, con un marcado carácter y voz propia es tachada de «bruja» e insultada al final de la misma, ridiculizada en la boda de uno de los protagonistas. Y si bien estas mujeres se escinden entre la categoría de fantasma o «ángel del hogar» y la de la bruja clásica, las demás que aparecen en la película son meramente objetos sexuales. Resulta denigrante la moral de «machos» de estos protagonistas y la reducción del papel femenino al fotometraje final de unas strippers en cueros y la aparición de una prostituta, cuya importancia en la historia es mínima y se reduce a funcionar como un símbolo de la perversión de «la vida en las Vegas». Aunque quizá, lo más hilarante de todo, sea que, en todas las películas cuando la prometida logra enterarse de (algo/lo) que ha hecho su futuro esposo y sus amigos, no solo no le da importancia, sino que aún así apoya sus decisiones y no la cuestiona.

¿Es de verdad este papel de «ángel del hogar» o «femme fatale» (pero ridiculizado) el que queremos mostrar a las nuevas generaciones de chicas?


Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones. 

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