Cristina de Pizán. La primera escritora profesional.

Por Manuel Casal

Sección: Con firma masculina

Sábado, 10 de julio. 2021

Hoy, al menos en nuestra sociedad, nadie consideraría extraño que una mujer quisiera escribir un libro. De hecho, según datos del Ministerio de Cultura, el 35 % de las publicaciones realizadas en 2020 han sido obras de mujeres. En todo caso, si hoy es común que una mujer escriba, no lo era en los albores del siglo XV.

Queremos centrarnos hoy en la primera mujer que se dedicó a la escritura de manera profesional, vendiendo su obra en las cortes europeas y obteniendo así fondos para mantener a su familia. Se trata de Cristina de Pizán (1364-1430), nacida en la ciudad de Venecia, entonces maltrecha por una epidemia y un terremoto, y llevada a París por sus padres a los cuatro años.

En su familia había científicos. Su padre, Tommasso da Pizzano, era médico del rey Carlos V de Valois (físico, en la terminología de la época), y su abuelo materno, Tommasso Mondino da Luzzi, era anatomista. Su madre, cuyo nombre me ha sido imposible encontrar, siguiendo las consignas eclesiásticas y médicas de la época, creía que las hijas debían ocuparse de aprender el cuidado de la casa, además de practicar la castidad, la buena fama, la obediencia y el silencio. Fue su madre quien dirigió la educación de Cristina, pero su padre logró que aprendiera, no solo francés, sino también italiano y latín, y que no renunciara al contacto con el estudio, lo cual influyó, sin duda, en su manera de pensar.

Cristina de Pizán enseñando a su hijo, Jean Castel. Obra atribuida a Bedford Master.

Cristina se casó a los quince años, en 1379, con Etienne de Castel, notario, que había conseguido por aquel entonces el cargo de secretario del rey. El matrimonio duró diez felices años. Pronto, sin embargo, la dureza de la vida se haría presente. El mismo año de la boda murió el rey Carlos, protector de su padre, quien ahora quedaba en una situación social y económica inestable. Murió en 1387, y, dos años después, lo hizo Etienne, el marido, víctima de la peste. Cristina, que entonces contaba veinticinco años de edad, quedó viuda, con tres hijos, parte de la familia a su cargo y un buen número de deudas. Este será el punto de partida del que saldrá la escritora que fue.

Ante la posibilidad de tener que volver a Italia, en donde probablemente se vería obligada a soportar lo que para ella era la carga de un nuevo matrimonio, decidió dedicarse a escribir. Elaboraba poemas y baladas que enviaba a los personajes importantes de la época, quienes le aportaban fecundas compensaciones. Uno de los temas que consideraba necesario plantear y desarrollar correctamente era el de las mujeres. Antes de dedicarse de lleno a él en sus obras, participó en uno de los debates más célebres de la literatura francesa, conocido como la Querelle de la rose, en torno a un poema, el Roman de la rose, en el que se ofrecía una visión de la mujer como un ser destinado a dar satisfacción a los deseos masculinos. La postura de Cristina era justamente la de la igualdad con el hombre. Las diferencias que se encontraban entre ambos en la sociedad eran, en su opinión, fruto de las tareas que se les encomendaban a las mujeres en el hogar y de las escasas posibilidades de educación que tenían, pero no de ninguna dotación natural.

La obra fundamental de Cristina de Pizán es La ciudad de las damas, de 1405, que es, a la vez, una historia de las mujeres y una defensa de ellas frente al modelo masculino. Se trata de una ciudad idealizada, un mundo que se va construyendo a través de las conversaciones que la autora va sosteniendo con tres personajes alegóricos que se presentan: Razón, Rectitud (a veces traducida como Derechura) y Justicia. Tales diálogos constituyen cada uno de los tres libros de los que consta la obra.

En el Libro I, Cristina plantea a Razón las principales opiniones erróneas y prejuiciosas que los hombres tienen sobre las mujeres. Razón, a la vez que argumenta, ofrece una variedad de modelos de mujeres, entre las que, además de personajes del Nuevo Testamento, hay buenas gobernantes y guerreras, como la reina Juana, viuda de Carlos V, así como su hija Catalina, Semíramis, las amazonas o la duquesa de Anjou; también mujeres de ciencia, como Safo, Ceres o Isis; y mujeres sensatas, como Dido o Davinia. Todas ellas forman parte o de la realidad o del mito, pero la autora les dota de la misma entidad a unas que a otras, puesto que lo que estima es el ejemplo que aportan. Le interesa destacar el valor que tienen como mujeres que son. Si son diosas o santas es algo secundario.

La medicina del siglo XV estaba grandemente influida por las ideas eclesiásticas. Esto hacía que, por ejemplo, no se permitiera efectuar autopsias o que, concretamente, se careciera de términos para describir ciertas partes del cuerpo de la mujer. Como cita Marie-José Lemarchand, en su Introducción a la edición española del libro, “en el caso de la mujer, la descripción se basaba sobre el modelo masculino; los órganos femeninos son inversiones, fallos, defectos del cuerpo del hombre (…) ya que hasta el Renacimiento no existió siquiera un término anatómico para designar el sexo de la mujer, cuya imagen semejaba el sexo masculino, pero invertido, una representación que duró hasta bien entrado el siglo XIX”. A juicio de esta autora, la fuerza del pensamiento de Cristina de Pizán parte de “pensar la condición femenina a partir del propio cuerpo de la mujer, concebido como un ente en sí mismo y no como un ente por defecto o invertido”.

En el Libro II habla Rectitud, cuyo deseo es que hagamos el bien. A tal fin ofrece también una amplia colección de ejemplos. Así habla de mujeres con capacidad profética, como las sibilas; que amaron a sus padres y a sus maridos, como Artemisa o la mujer romana que dio el pecho a su madre encarcelada; que aportaron beneficios al mundo, citando a Judith o a Esther; o que fueron más famosas por su moral que por su belleza, como Claudia. Se refiere también a los hombres partidarios de que las mujeres estudien, como el padre de Cristina, y a aquellos otros caracterizados por la inconstancia y la falta de firmeza, como algunos emperadores.

En el Libro III, en diálogo con Justicia, se ofrece un conjunto de mujeres santas y mártires, algunas de las cuales llegaron a ofrecer a sus hijos en sacrificio.

La obra, escrita en el siglo XV, mantiene destellos de modernidad, sobre todo en el planteamiento de derechos que aún hoy tienen que ser reivindicados. Su estilo polémico, exponiendo y rebatiendo los argumentos masculinos, la hace en buena medida actual, así como la frecuencia con la que la autora se refiere a los integrantes de la especie humana como “hombres y mujeres”, para darles visibilidad a estas, lo cual, en aquella época, no era habitual. Es un libro escrito para todas las mujeres, dado que cualquiera de ellas puede entrar en la ciudad y desarrollar así sus cualidades.

La ciudad de las damas está editado por Siruela. Hay también una edición disponible en internet y una versión teatral de la obra.


Manuel Casal (San Fernando (Cádiz), 1950) es licenciado en filosofía por la U.C.M. y Catedrático de filosofía de Enseñanza Secundaria. Ha publicado varios libros explicativos de los textos propuestos para las pruebas de acceso a la Universidad, así como el titulado En pocas palabras. Aforismos. Ha participado en otros trabajos colectivos de diversa temática, como Mensajes en una botellaÁngel de nieveEspíritu de jazz o El oasis de los miedos. Colabora en revistas y periódicos y mantiene el blog Casa L, en donde se reflexiona sobre asuntos de actualidad.

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4 comentarios en “Cristina de Pizán. La primera escritora profesional.

  1. Muchas gracias, Mercedes, por permitirme colaborar en el intento, justo y necesario, de promover la igualdad real entre hombres y mujeres. No podemos llevar una vida éticamente buena sin procurar hacer real la igualdad.

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  2. Buenísimo artículo. Había “oído” mencionar a esta autora pero ni de lejos conocía tanto detalle de ella ni había pensado poder leerla. Como mencionas que hay una copia en internet la he buscado y ahí está. Ya la tengo. No sé cuándo podré leerla porque tengo tapón de lecturas, pero la leeré. GRACIAS

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    1. Gracias a ti, Pilar. Cristina de Pizán es una de las mujeres valiosas que hay que hacer visibles, por darle valor y por hacer ver que las mujeres no son como el estereotipo machista quiere dar a entender. Me alegro mucho de que te haya gustado saber de su vida. Saludos.

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