La colmena de Raquel Dávila

Por Paz Martínez

Sección: Mujer, arte, cultura y oficio.

Miércoles, 7 de julio. 2021

Raquel Dávila es una de esas personas que dejaron atrás la gran colmena urbana de la capital, el zumbido de los coches, las sirenas o el metro por otro tipo de vida en la montaña, al aire libre, lejos del tráfico masivo donde se permite cada día escuchar el rumor del agua, el viento y el de su propia colmena de abejas, que le llenan el alma y la despensa de miel, propóleos, y toda clase de productos derivados de la apicultura.

Raquel Dávila, con el Teleno al fondo.

Todo empezó hace muchos años, cuando era niña y regresaba al pueblo con sus padres a pasar el verano. Ya entonces Filiel (León) había entrado en ella y soñaba con poder hacer su vida en el pueblo. El amor hizo el resto. La persona con la que deseaba compartir su camino en la vida allí estaba y había que pensar en el futuro, si es que había algo en lo que pensar, pues hay muchas cosas que Raquel siempre tuvo en la cabeza con una claridad cristalina: los hijos que algún día llegaran nacerían y se criarían en el entorno rural —vida sana y libertad como la que ella había tenido durante tantos veranos—, algo que la ciudad no les daría.

Lo que más la atemorizaba era el frío de los inviernos a los pies del Teleno e hizo su primer alto en Astorga, durante un tiempo, como para ir aclimatándose. Pero la montaña la llamaba y estuvo poco tiempo. Una de las mayores complicaciones con las que se enfrentó fue encontrar trabajo por la zona debido a la gran escasez de ofertas y precariedad de sueldos.

La causalidad fue abriendo camino cuando unos primos se vieron obligados a dejar unas colmenas que Raquel y su marido aceptaron comprar. Al principio dudó mucho y no las visitaba. Si habéis entrado en una sabréis lo que impresiona escuchar a las abejas zumbar a tu alrededor y posarse sobre la escafandra. Pero un día se dejó convencer y lo acompañó. Pudo observar cómo trabajan, como se organizan. Se enamoró del insecto, de como establecen su trabajo por edades y van asumiendo cometidos según transcurre el tiempo:  las de mayor edad se encargan de dividir el trabajo en labores más o menos complicadas según la etapa vital de cada abeja, las jóvenes se encargan de la limpieza de las celdas y del cuidado de las crías gracias a que sus glándulas alimenticias ya se han formado, las que ya han desarrollado muy bien sus glándulas con las que generan la cera. Entre las tareas que desarrollan están la construcción, la repartición de alimentos, el amontonamiento de los almacenes de polen, la limpieza y la vigilancia. Y las más mayores cumplen con funciones principales como son la de recolectar polen, agua, néctar o propóleos.

El mundo de las colmenas, un mundo que impresiona (en muchos sentidos)

Raquel cree que observando a las abejas podríamos aprender, tener una sociedad más justa y equilibrada y ser más conscientes de la preservación del medio ambiente. Le preocupa el cambio climático —que perjudica de manera potencial a las abejas. Necesitan hacer una buena hibernación, que haga frío para que no se aventuren a salir de la colmena y morir—. La cría de animales en explotaciones agro-ecológicas tiene un poso espiritual enorme que te conecta con la naturaleza y con los ciclos y hace que el bienestar del animal prevalezca y sea tratado con respeto y reciba su justo valor. Mucho se puede extrapolar del oficio que Raquel ha elegido en favor de la evolución del comportamiento humano.

En el mundo rural siente que nada le falta, le traen el pan a casa, la comida es ecológica y natural, el estilo de vida es sano y más tranquilo. Y en el pasado confinamiento debido a la pandemia lo supo aprovechar para sacar toda la materia prima a sus colmenas, produciendo propóleos, jabones, calmantes, ungüentos etc.

Uno de los productos que Raquel Dávila obtiene de sus colmenas.

Desde aquel primer día en que visitó las colmenas no ha dejado de formarse e investigar. Recibió un premio por la calidad de su miel y cuando le pregunto por éste me responde que la calidad del producto responde a las aguas limpias de la zona, al aire puro de la montaña y a la extensa vegetación donde las abejas pueden polinizar. Me cuenta que los comportamientos de las abejas están ligados a los ciclos lunares (enjambran más desde comienzos de la luna llena hasta mediados de luna menguante. Las plagas hacen más estragos en la colmena en luna menguante); y también a la tierra donde la manera ideal de colocar las colmenas sería tener en cuenta los cruces de Hartmann, cruces telúricos de la tierra donde su magnetismo es mayor y muchos animales se encuentran mejor y son más productivos, aunque las normativas de las administraciones hacen este tipo de prácticas casi imposibles. Y sale una vez más, como en el resto de artículos,  la despreocupación de las administraciones por el medio rural y por el estado de las carreteras entre otros problemas.

Aun así me voy de Filiel con el dulce sabor de esta conversación y con la esperanza de que personas valientes y objetivas como Raquel Dávila  ponen una mirada justa sobre el medio rural, lo conservan y le dan vida, y serán capaces de transmitirlo y de ponerlo en valor.


Paz Martínez Alonso (Santa Colomba de Somoza, León) ha publicado dos poemarios y ha participado en varias antologías poéticas y de micro-relato. Actualmente está preparando su último trabajo junto al cantautor madrileño Moncho Otero, En Son de Paz.

Finalista del Certamen Atardecer de otoño (1993) con el poema Dolor, publicado en la misma antología y posteriormente en el poemario De musgo y Piedra. Segundo premio en el VI concurso literario de Zahara de los Atunes, (Cádiz) con el poema Fértil.

Colabora con diversos proyectos que tratan de dar a conocer el entorno rural a través de diferentes propuestas culturales con el patrocinio del Ayuntamiento de Santa y la recuperación de Filandones Tradicionales, junto a Mercedes G. Rojo, a través del centro Cultural “El Casino” de Santa Colomba de Somoza, del que es presidenta desde 2016. 

Su poema Dios Tilenus recogido en Los márgenes del Tiempo fue elegido emblema de la Asociación Montañas del Teleno, la cual trabaja por el desarrollo y sostenibilidad en el mundo rural.

Ha colaborado en el programa Hoy puede ser un gran día (Libertad FM), con el espacio Los libros de mi vida realizando reseñas literarias.

Colabora con la columna Serendipias en la sección de opinión La Tercera Columna del periódico digital Astorga Redacción. y en la publicación independiente Elefantes con alas.

4 comentarios en “La colmena de Raquel Dávila

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