MUJERES TROVADORAS: Las TROBAIRITZ

Por Marta Muñiz Rueda

Sección: Mujeres en la Música

Lunes, 5 de julio. 2021

Representación de una trobairitz

Si de por sí es difícil encontrar información sobre compositoras más o menos recientes, cuando nos decidimos a bucear en la Historia de la Música hacia épocas más lejanas el oscurantismo es un denominador común. Resulta prácticamente imposible, por ejemplo, encontrar identidades de arpistas egipcias o de tocadoras de lira en la Antigua Grecia, pero sí podemos añadir luz a algunos nombres de la Edad Media: las trobairitz o trovadoras. No se deben confundir con las troveras ni con las juglaresas. Las trovadoras o trobairitz eran mujeres con una alta formación musical. Ellas componían la letra y la música de sus canciones, escritas dentro del ámbito conocido como “amor cortés”.

Normalmente eran mujeres pertenecientes a una clase social aristocrática, se movían en ambientes cortesanos y nobles y por ello tuvieron acceso a una cultura y a una educación que no solían recibir las mujeres de su época. Muchas de ellas eran esposas de compositores o cortesanos o bien pertenecían a familias de artistas. Sin embargo, su trabajo cayó en el olvido debido al machismo imperante en la mentalidad de su época y a ciertos prejuicios morales en torno a sus obras. Algunas de ellas recibieron no obstante el apoyo de reyes, como fue el caso de Alfonso X el Sabio, un monarca de mente abierta muy proclive a ser mecenas de artistas con talento sin marginar a ninguno de ellos por motivos de género.

El “amor cortés” es un tópico común en la música popular profana de la Edad Media. Los trovadores y juglares cantan a una dama cuyo amor es inalcanzable, bien porque esté casada o porque pertenezca a un rango social muy superior al del artista. Por lo tanto, hablamos de un amor condenado al fracaso desde el principio y eso el trovador o la trobairitz lo saben. Tampoco se trata de un amor platónico, pues nada tiene que ver con una belleza idealizada o un amor espiritual, son canciones muy apasionadas con abundantes alusiones al erotismo y lo carnal. Y en el caso de las mujeres no se suaviza esta cuestión, pero precisamente este apasionamiento y sensualidad serán los causantes de una ambigüedad sexual que no encaja en absoluto con la moral de su época. Se han cuestionado en varias ocasiones las letras escritas por mujeres, pues en muchas de sus canciones cantan a otra dama. ¿Se trata de amor lésbico o simplemente esconden su nombre bajo un seudónimo masculino y siguen las pautas habituales del “amor cortés”? Nunca lo sabremos con certeza y sin embargo este hecho contribuirá a sellar su obra para siempre por considerarse pecaminosa e inmoral.

Aunque contamos al menos con unos cuatrocientos cincuenta nombres de trovadores hombres, tan solo han llegado hasta nosotros unos veinte de trovadoras. Y de sus composiciones solo se ha salvado una con notación musical; sin embargo, esto no debe significar que hubiese tan pocas compositoras o que su obra no fuera realmente importante o conocida. Lo que ocurre es que ese patrimonio fue censurado desde el principio por autoridades eclesiásticas y saboteado por quienes ostentaban el poder.

En cuanto a subgéneros, ellas componen los mismos que sus homólogos varones, formas que abarcan todo el repertorio del “amor cortés”, adaptado, eso sí, a sus gustos y necesidades. Su género favorito era la tensó, una especie de diálogo amoroso entre dos personajes, pero también compusieron sirventés, coblas, planctus y salutz d’amor.

En algunas de sus obras, como sucede en las ‘domia’, elogian las virtudes de una dama que es la esposa de un tercero. La alaban sin reparos y con tintes eróticos, en estos casos el cariz homosexual es bastante evidente y en algunos poemas abogan por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, por lo que las trobairitz tienen mucho de pioneras en relación al feminismo. Por ejemplo, la compositora María de Francia criticó en sus canciones los matrimonios concertados, y consiguió movilizar a muchas mujeres en contra de estos pactos sin amor.

Otra cuestión importante al tratar de rescatar la obra de estas autoras del olvido es que muchas de sus composiciones han pasado a la historia bajo nombres masculinos. Es un hecho ya comprobado, puesto que al cambiar de géneros a sus personajes la traducción, la métrica y el ritmo del poema dejaron de cuadrar. Es decir, que el monje que los transcribió trató de ocultarnos su autoría que finalmente ha visto la luz. Es el caso de algunas canciones de la célebre trobairitz Beatriz de Dia, de Compiuta Donzella o de Eloísa, abadesa de Paráclito.

Representación de Beatriz de Dia

En cuanto a los nombres más destacables entre el “amor cortés” femenino cabe citar a la ya aludida Beatriz de Dia, posiblemente esposa de Guillermo de Poitiers, y a ella pertenece la única canción trovadoresca que ha legado hasta nosotros con letra y música, pero es un hecho sumamente importante, pues demuestra que había compositoras medievales. Castelloza es otro nombre ineludible, con sus composiciones acerca de la infelicidad dentro del seno conyugal. Bieris de Romans fue una autora muy controvertida por su aparente lesbianismo, pero hay que recordar que podría escribir a una amiga dada la ambigüedad sentimental de sus poemas y la problemática de género a la hora de crear. María de Ventadorn fue una de las compositoras más valientes, escribiendo sin complejos obras que ponían de manifiesto el derecho de la mujer a sentir y expresarse. María de Francia canta al amor verdadero y al derecho que todos, hombres y mujeres, tenemos a perseguirlo. Por último, Cristina de Pizán es un caso extraordinario, pues es de las poquísimas mujeres que pudo ganar dinero para mantener a su familia gracias a la literatura con su libro “La ciudad de las damas” y algunos tratados sobre política e historia, así como poemas y canciones. Podría parecer que las trobairitz solo se circunscribían a Occitania, pero en realidad hubo trovadoras en gran parte de Europa. En Italia nacieron Compiuta Donzella, cuyos sonetos no han sido publicados hasta el siglo XIX y Nina Siciliana, citada por Dante, amante de las tensó.

España también cuenta con mujeres compositoras en la Edad Media, como son Constanza de Aragón, que escribe sobre el dolor provocado por la ausencia de su esposo Juan I. Esta mujer debió ser bastante conocida en su época, pues es citada por Boccaccio en el Decamerón. Na tecla de Borja fue una autora valenciana cuyos escritos eran diálogos con el poeta Ausias March.

En todo caso, la labor que llevaron a cabo estas mujeres en su lucha por la igualdad de géneros en una época tan difícil y radical, el peligro al que se exponían, las consecuencias de publicar sus canciones y poder terminar en la horca, las convierte en auténticas heroínas y sería imperdonable no dedicarlas desde este rincón un artículo que honre su memoria como merecen.


Marta Muñiz Rueda (Gijón, 1970) es escritora y músico. Ha publicado libros de poesía (El otoño es nuestro, Libro de la delicadeza), la novela Tiempo de cerezas, y los libros de cuentos 13 cuentos dementes Anna y las estrellas. Desde pequeña su vida ha estado ligada al aprendizaje y la enseñanza del piano y la composición, ya que todas las mujeres de su familia han estudiado interpretación. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo y titulada profesional de piano por los Conservatorios de Gijón y León. Como compositora puso música a poemas y textos de Miguel de Cervantes y Lope de Vega en la obra ‘Duelo de ingenios’, actuando a dúo con la soprano Ana Clara Vera Merino, estrenándose con gran éxito en la Biblioteca Pública de León. También es autora de cuatro obras de teatro musical infantil en la compañía de la que forma parte, ‘Moraleja de la candileja’. Ha participado en numerosos eventos artísticos, antologías, revistas culturales y es columnista de opinión del diario de información general La Nueva Crónica.

2 comentarios en “MUJERES TROVADORAS: Las TROBAIRITZ

  1. Qué artículo más bueno. Muchas gracias, Marta, por tu trabajo. De todas las que mencionas sólo había oído hablar de Cristina de Pizán. Me parece un mundo fascinante. Gracias de nuevo.

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