La imagen de la mujer en el manga japonés

Viernes, 4 de junio. 2021

Por Irene Fidalgo López

Sección: Escriben nuestras jóvenes

No es extraño, para quienes somos grandes aficionados a la lectura de mangas japoneses, escuchar voces que tachan a este tipo de literatura de machista, denigrante o misógina. Aunque hay cierta verdad en estas aseveraciones, comenzando por la peyorativa imagen del rol de la mujer en la sociedad que muestran algunos mangas o la excesiva magnificación de los atributos sexuales de las mujeres, no todo este género engloba bajo una misma perspectiva a los personajes femeninos.

Y es que Japón, país sintoísta desde sus orígenes, presenta una gran variedad de kamis femeninos, comenzando por Amaterasu Okami, conocida por ser la diosa del sol; Izanami, la diosa de la creación y la muerte, Uke Mochi, la diosa de la agricultura; Benzaiten, de la sabiduría; Ama no Uzume, de la felicidad y la prosperidad; o Kannon, la diosa de la reencarnación y la salvación.[1]

No sería, pues, hasta la entrada del confucianismo chino (siglos V y VI d. C), y la variante del budismo practicada en Corea, que la importancia de la mujer comenzaría a decaer en las historias sagradas y las leyendas populares japonesas, tales como la de Sakura y Yohiro, Yuki Onna, El cuento de la princesa Kaguya, Yamaya no Orochi, La historia de Genji o la de Tsukimi. Las mujeres, relegadas a papeles menos relevantes dentro de la sociedad, se convirtieron en prototipos del «ángel del hogar», por lo que su presentación en las historias se fue transformando desde salvadoras o diosas (tanto bondadosas como temibles) a mujeres encerradas en sus hogares con el único fin de ser buenas esposas y madres. Muy poco contribuyó a mejorar esta imagen empequeñecida de las mujeres el género del Shunga, cuyo auge en los periodos Heian y Edo convertía a las mujeres en objetos codiciados a través de imágenes eróticas cuya función era resaltar las partes sexuales del cuerpo femenino.

A partir del año 1868, con el que comienza la época moderna japonesa que abarca los periodos Meiji, Taisho, Showa, Heisei y Reiwa, la caída del poder feudal y la obligatoriedad de la educación pública han sido dos de los principales elementos que han conseguido poner fin a la imagen extremadamente sexualizada y controvertida de la mujer que había predominado desde el periodo Nara e Heian en la Edad Antigua hasta la época moderna temprana que finaliza con el periodo Edo. Asimismo, la admirable contribución de activistas como Fusase Ichikawa y Raicho Hiratsuka, en la década de los años veinte del siglo pasado, y la aportación al arte de la cantante Hibari Misora, pondrían un granito de arena en la reivindicación del papel femenino en la política y en la vida social activa, que, con los años, transformaría también el panorama literario y gráfico.

Desde las primeras técnicas del estilo gráfico que caracterizarían al manga japonés, creadas por Osamu Tezuka (más conocido en Japón como «el dios del manga»), y entre las que destacan los ojos desproporcionadamente grandes de los rostros de los personajes, y las aportaciones de Leiji Matsumoto, en relación a la vinculación de la animación con la historia de tintes bélicos, despuntarían las contribuciones de las primeras mujeres mangakas de la historia desde los años sesenta: Machiko Hasegawa, Machiko Satonaka, Moto Hagio, Keiko Takemiya, Riyoko Ikeda y Naoko Takeuchi.

No hay que olvidar tampoco que las aportaciones más relevantes de mujeres mangakas a la historia del género han sido relativamente recientes, puesto que sería en los años setenta cuando se abriría camino el grupo de «las magníficas del 24». Estas mujeres ilustradoras y guionistas darían voz a los colectivos femeninos olvidados en el mundo del arte, escribiendo fuera del género shojo tradicional vinculado a las temáticas amorosas (que originalmente estaban solamente orientadas al disfrute por parte de otras mujeres). La psicología interna de sus personajes, enfrentados a la soledad, la rivalidad o el paso del tiempo, el rol de las mujeres en la sociedad (que reclaman una habitación hecha a su medida y un papel importante dentro del mundo activo de los hombres), la búsqueda de una identidad por mucho tiempo soterrada y pisoteada por la mano de los hombres o la concepción del género son algunos de los temas que estas autoras trataron de abordar en sus obras. Algunos ejemplos de estos personajes femeninos fuertes, con gran carácter y determinación, se pueden observar en la obra Berusaiyu no Bara de Riyoko Ikeda, en la que la protagonista, una mujer criada con los mismos ideales de los hombres y sin restricciones paternas en cuanto a carácter y profesión, se convierte en capitana de la Guardia Real francesa; o en Candy Candy de Kiyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, en la que la protagonista es una mujer adulta independiente que se gana la vida como enfermera en un hospital.

La psicología interna de los personajes introducidos en el manga por las representantes de “las magníficas del 24” se enfrentan a la soledad, la rivalidad o el paso del tiempo. el rol de las mujeres en la sociedad , la búsqueda de una identidad por mucho tiempo soterrada y pisoteada por la mano de los hombres o la concepción del género son algunos de los temas que abordaron en sus obras.

No obstante, la gran acogida que el género maho shojo tuvo durante la década de los ochenta y noventa, con la aparición en escena de los personajes sexualizados y estereotipados de las «chicas mágicas», destruyó, en parte, el camino que grandes autoras mangakas habían trazado para concienciar a la población del papel activo de las mujeres. Este tipo de género, orientado en principio a mujeres jóvenes, pero con el soterrado interés de contar con un nutrido grupo dentro del fandom masculino, aunque contaba con una gran presencia femenina que mostraba a mujeres con grandes poderes que luchan por impartir justicia y proteger a la humanidad, mostraba una doble cara oscura. No solo en las transformaciones de los personajes adolescentes femeninos en que las chicas se volvían más adultas, sino que sus ropas eran, a menudo, demasiado ligeras, mostrando cuerpos claramente sexualizados.

Años más tarde, con el género shonen en boga, autoras como Rumiko Takahashi, Hiromu Arakawa o Kazue Kato comenzaron a preocuparse por volver a dotar al género del manga de la presencia de personajes femeninos sin sexualizar, que, al igual que sus contrapartidas masculinos, ejerciesen el papel de luchadoras o protectoras. No obstante, aunque en la actualidad pueda nombrar a personajes como la princesa Mononoke, Nekuzo de Kimetsu no Yaiba, Haibara Ai de Detective Conan, Shirayuki de Shirayuki Hime, Kana Kimishima de Kiseijuu, Mikasa Ackerman de Shingeki no Kyojin o Erza Scarlet de Fairy Tail, aún queda un largo camino por recorrer para conseguir borrar la imagen hipersexualizada de este tipo de literatura.


[1] Kami, en el sintoísmo, hace referencia a una entidad (o a un conjunto de ellas) que es adorada. No se corresponden exactamente con la idea de deidad que se tiene en la tradición occidental, ya que, en algunos casos, representan fenómenos naturales, objetos o espíritus de la naturaleza.


Irene Fidalgo López, es una joven escritora que tras estudiar el grado en Lengua española y su literatura en la facultad de León, actualmente se encuentra cursando un Máster en Formación del profesorado. Su interés por la literatura de lo insólito la ha llevado a colaborar en las residencias de verano con el grupo GEIG de literatura de la universidad de León.

Interesada por la lectura y escritura desde una edad temprana, comenzó su andadura por el mundo literario de su ciudad natal recitando en el Ágora de la Poesía y uniéndose posteriormente al joven colectivo #PLATAFORMA, con quienes ha participado en diversas performances poéticas y en publicaciones colectivas. Además ha participado también en las antologías colectivas de escritoras leonesas dedicadas, con motivo del 8 de marzo, a diversas escritoras como Josefina Aldecoa (2019) Alfonsa de la Torre (2020) Manuela López García (2021), así como en diversos encuentros como Escritores por Ciudad Juárez – León o la celebración del Día de las Escritoras, también en León.

Recientemente ha publicado su primer poemario Tiempo en calma con la editorial Mariposa Ediciones. 

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