Fuerte y brava.

Por Raquel Villanueva.

Sección: Desde lugares que también existen

Ares, hijo de Zeus y Hera, dios olímpico de la guerra. Ares, cuyo nombre en la zona costera gallega, no evoca a ningún dios, pero sí a un paraíso asentado en las laderas del monte Montefaro y que se columpia incansablemente en las aguas atlánticas de la ría que lleva su nombre. «En Ares non te pares» entona una cantinela popular, no, no has de pararte, porque en caso de hacerlo, querrás quedarte, querrás transformarte en aresano, vivir acunado por el sonido del mar, siempre presente, y comprarte un traje blanco para ensalzar ese legado indiano de la emigración, muy presente en su maravilloso Edificio Alianza Aresana.

Ares, entre el mar y la tierra

Es en esta tierra, luminosa joya del Golfo Ártabro, donde me encuentro con Aida Feal Rodríguez (1996), una de esas jóvenes que nos hacen creer en el futuro, que alientan la esperanza en las nuevas generaciones.

Su infancia transcurrió entre el mar y la tierra, entre lo rural y lo marino, quizás esto haya hecho que cohabiten en su brillante mirada, el misterio de las sirenas junto con la fortaleza de las mujeres rurales, apegadas a su tierra. Una infancia feliz, rodeada del cariño de los suyos, que dio paso a una adolescencia abierta a ese inconformismo que ha de ser un rasgo propio de la misma, pero con muchas inquietudes, que la llevaron a interesarse por todas aquellas materias que tenían que ver con el Derecho, tanto de los trabajadores como Societario y Cooperativo, lo cual terminó por llevarla a opositar para Auxilio Judicial y Tramitación Procesal.

Aída, una joven «fuerte y brava»

Aida, se siente afortunada, ha sido una mujer educada en libertad, libertad de pensamiento, algo imprescindible y nunca presente en muchas familias. Bajo esta premisa, la de la libertad, y apoyada siempre por su familia, ha ido caminando por la vida, siempre segura y bien respaldada para conseguir aquello que se ha propuesto. Su familia es esa red de seguridad que sabe estará ahí para arroparla y recogerla en caso de caída, ese chal cálido en el que resguardarse del frío, cuyos urdimbres se han tejido merced al cariño. Una familia de mujeres fuertes y bravas, donde su mayor referente ha sido su abuela Rosa. Su espíritu crítico, la ha llevado a adentrarse en el mundo de la política. Es militante del Bloque Nacionalista Galego, donde ha encontrado la correspondencia necesaria a su forma de pensar, a sus ideales, y también, una red de amigos importante, en los que encuentra apoyo y complicidad.

Nada hacía presagiar ninguna tormenta, quitando algún que otro viento que pudiera descolocarla en algún momento, como esos pequeños desencuentros con amigas o los típicos sinsabores sentimentales. Ella, estaba a salvo, siempre amparada en el puerto seguro cimentado por los suyos. Ante sí, un futuro diáfano pleno de posibilidades.

En apenas tres días, lo que comenzó siendo un intercambio de agradables mensajes, terminó por convertirse en toda una serie de palabras agresivas y salidas de tono, que para nada venían a cuento ni tenían ninguna justificación.

Danza Invisible cantaba aquello de que «el fin del verano siempre es triste…», en el caso de Aida, todo comenzó cuando ya había terminado el verano del 2019, un 25 de septiembre que ha pasado ya a formar parte de esas fechas que nos quedan grabadas y que habrán de acompañarnos a lo largo de nuestra vida. Fue ese día de principios de otoño cuando ocurrió algo, tan aparentemente normal, como que un chico se pusiera en contacto con ella a través de Instagram. Un nombre falso acompañado de fotos, tan falsas como el nombre, pero eso, era algo que ella no podía saber. En apenas tres días, lo que comenzó siendo un intercambio de agradables mensajes, terminó por convertirse en toda una serie de palabras agresivas y salidas de tono, que para nada venían a cuento ni tenían ninguna justificación. Aida actuó con presteza, procediendo a bloquear cualquier tipo de comunicación con esta persona, pensando que de esta manera todo habría terminado. Pero lo que ella pensaba que sería un final, no fue más que un principio de acoso constante. Después de tres días de dudas y zozobras vividas en soledad, por no querer preocupar a su familia, Aida terminó por contarle su miedo y su preocupación. Acompañada por sus padres, interpuso una primera denuncia, lo cual vino a esclarecer la falsedad del perfil. Todo era mentira, ese nombre no existía, las fotos que acompañaban al mismo, tampoco le correspondían. Reforzada y amparada en la denuncia, Aida pensó que la normalidad retornaría, pero no, los mensajes seguían llegando de diversos perfiles, cada vez que bloqueaba uno de ellos, otro surgía, siempre con el mismo empeño, amedrentarla y atemorizarla. Nuevamente, tuvo que denunciar y en esta ocasión, esperar que llegara el juicio. Mientras tanto, arropar sus miedos en el cariño de los suyos, buscar ayuda profesional para poder darle la espalda a ese miedo, y apoyarse en el buen hacer de sus abogadas. Lo tuvo claro desde un principio, esto no iba a poder con ella e iba a plantarle cara. La sentencia fue favorable y condenatoria para el acosador. Una sentencia pionera en nuestro país y que ha creado jurisprudencia, ya que fue la primera en condenar este tipo de delitos vía internet y poner protección a la víctima. Con todo y con ello, aún ha tenido que interponer dos nuevas denuncias, ambas este año 2021.

… vivir con miedo no es vivir, es meramente sobrevivir

La pesadilla sigue dando coletazos, pero vivir con miedo no es vivir, es meramente sobrevivir, y Aida lo sabe. Confiesa haberlo pasado muy mal, confiesa que sin apoyo, no es nada fácil enfrentarse a procesos judiciales. Pero ella ha transformado sus dudas en fortaleza y quiere mandarle un mensaje a todas esas personas que puedan sufrir, o que estén sufriendo, un caso similar: «Nunca pienses que estás sola, porque no lo estás. No pienses que es culpa tuya porque no lo es. Yo te creo».

Aida ya no teme al presente y mira con un gran sonrisa al futuro. Contempla en el espejo a mujeres como Olaia Ledo, Ana Miranda, Noa Presas, Ana Pontón… mujeres que llegan a donde ellas quieren, mujeres libres, mujeres referentes para jóvenes como ella.

Yo, contemplo a Aida y puedo afirmar que ella llegará donde quiera, porque es una mujer libre, una mujer fuerte, una mujer que con su valor, es ya todo un referente. Una joven mujer «fuerte y brava».

«Nunca pienses que estás sola, porque no lo estás. No pienses que es culpa tuya porque no lo es. Yo te creo».

Raquel Villanueva Lorca (Ponferrada, 1970). Sus inicios en la lectura se remontan a sus días de infancia, creando a través de los libros un mundo paralelo repleto de palabras y metáforas.

Comenzó sus pasos en la escritura de manera tímida, plasmando en papel reflexiones, relatos cortos, e intentos de historias algo más completas y extensas.

Divide su tiempo en tres facetas: lo leído, lo escrito y lo vivido, trío de experiencias que terminan por conformar el todo que intenta ser.

Socia fundadora del Club Petronio, que intenta —junto con el Ayuntamiento, el Consejo Comarcal del Bierzo y otros organismos públicos y privados—, fomentar la lectura y activar la vida cultural de la ciudad de Ponferrada.

Tiene cuatro libros publicados: La decisión de Elsa (2007), finalista del VI Premio Hontanar de narrativa breve. La Cruz del Sur (2015), novela ganadora del I premio de Novela Corta de Editorial Fanes. Relatos de una adoratriz (2018), antología de relatos eróticos. Relatos de mar y vida (2021), obra finalista de la IV Edición del Premio Caperucita Feroz en la modalidad de conjunto de cuentos.

Varios premios y menciones especiales en diversos concursos de relatos. Colaboradora en reconocidas antologías, como en el libro de autores bercianos que se que se editó con motivo de la entrega del Premio de la Crítica Literaria 2018, que tuvo lugar en Villafranca del Bierzo a primeros del mes de abril del año 2019, o en el muy reciente libro homenaje a la poeta berciana Manuela López. Una vida, una obra.

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