Entre lo marino y lo rural

Por Raquel Villanueva*

Sección: Desde lugares que también existen

(Nota de la editora: comenzamos hoy con Raquel Villanueva, una nueva sección destinada a conocer lo que algunas mujeres interesantes están haciendo desde el medio rural o desde esas otras ciudades que, lejos de ser los puntos neurálgicos donde pareciera que todo ocurre, tanto en lo cultural como en lo social, cuentan con mujeres que piensan en el presente y en el futuro, tanto en el propio como en el de quienes tienen a su alrededor; propuestas que hacen que haya vida, propuestas que buscan futuro y, sobre todo, dignidad. Junto a ella, otras firmas nos irán acercando a esas personas y a esos proyectos en un intento de acercarnos al rico entramado de posibilidades que las mujeres están creando en diferentes lugares de España, lugares que “también existen” y de los que tenemos mucho que aprender. Espero que os resulte una sección tan interesante como el resto de las que os estamos ofreciendo)

Mugardos, en la ría de Ferrol

Mugardos se asoma a la ría de Ferrol y mira de frente a la gran ciudad a través de las aguas del Atlántico. Su mirada no se amilana, esta villa, pequeña y coqueta, puede presumir de ser dos veces «Real» y sentirse orgullosa de ser la única en España que ostenta en su escudo dos coronas, por agradecimiento de dos Reyes.

Mugardos da su cara al mar y su espalda a la tierra. Marinera y rural, una pequeña joya del Golfo Ártabro. Aquí, el pulpo se erige como el rey de la mesa y aquí, los verdes, los azules marinos, ocres de tierra y toda la gama cromática de las fachadas de sus viviendas, dibujan cada día una nueva acuarela, difuminada y cambiante, según la luz que incida en ellas.

Es en esta «Real Vila de Mugardos», donde vino a posar algo más que los pies, la reina Mariana de Neoburgo, que a buen seguro, quedó más hechizada de estos lares que de su propio marido, «el Hechizado».

Aquí, las mujeres han sido trabajadoras del campo y del mar, han sido figura siempre presente en la familia. Aquí, el matriarcado ha tenido un nombre propio ante las largas ausencias de los hombres en Terranova, que hizo ejercer el papel de padre y madre a tantas de ellas. Aquí, las mujeres saben de los largos días de trabajo, saben de la humedad marina y de la fértil tierra.

Es en Mugardos, entre lo marino y lo rural, donde vio la luz, hace ya algunos años, María de los Ángeles Bastida Veiga (Marisa), una de esas mujeres gallegas, que pudiera haber sido labradora, mariscadora o bien, mujer de algún marinero o de algún cargo de la Armada.

Marisa, la mayor de cuatro hermanos, nació en una familia humilde. Los estudios, más allá de los imprescindibles, se presentaban inciertos, pero la vida es cambiante, tanto como el mar que vio crecer a esta pequeña mujer, pero de carácter fuerte. Ella lo tuvo siempre claro, quería estudiar, quería salir del mar, escapar de la esclavitud de la tierra, no doblegarse a un matrimonio que no tuviera más salida que la de ser madre y esposa, porque ella sabía que podía ser muchas cosas, sabía que unas no tenían que estar reñidas con las otras, y sabía, siempre supo, que lo que quería ser era MAESTRA, con letras mayúsculas de dedicación, con letras grandes de auténtica vocación, con letras de neón que sirvieran para iluminar el conocimiento de los otros. Durante algo más de 36 años, ejerció como tal en los institutos de la villa marinera que la vio nacer, casi cuatro décadas acompañando a generaciones de mugardeses  en su formación. Su jubilación, lejos de ser el punto final en su trayectoria, pasó a ser el punto de partida para su nunca abandonada vocación, para su renovada ocupación, ahora de forma más libre, más intuitiva, mucho menos prosaica, pero mucho más expedita. Marisa no quiso desligarse de la educación, por otra parte ¿cómo renunciar a lo que tan intrínsecamente siempre la había acompañado?  Imposible para ella, imposible darle la espalda a sus inagotables ganas de seguir haciendo aquello que siempre había amado hacer: enseñar. Así que, se dejó enredar por la madre de unas exalumnas y decidió empezar una nueva etapa, comenzar un proyecto ilusionante, para el cual se encargó de solicitar un local al Concello, y en el año 2014 arrancó su «Taller de lectoescritura». Un proyecto modesto, dirigido a mujeres. Apenas cinco comenzaron en ese taller, y hoy, gracias al boca a boca que no ha dejado de «vender» este pequeño proyecto como algo apetecible y disfrutable, han terminado siendo una docena, tope que la propia Marisa se impuso, para poder prestarle a todas sus participantes la atención debida.

Marisa saca adelante este taller de una forma heterodoxa, con un primer estudio donde tiene muy en cuenta las capacidades, gustos y preferencias de las participantes. Apoya sus enseñanzas en el uso de la expresión oral, recordando y cantando canciones, recopilando refranes, leyendo en voz alta para perfeccionar la entonación. Realiza muchos ejercicios enfocados al lenguaje, jugando con las palabras para hacer del juego, una forma de ampliar el vocabulario. Trata de sumergir a sus alumnas en el mundo literario, tan querido por ella, así que siempre hay espacio para leer y recitar poesías, tanto esos poemas antiguos, que duermen en el baúl de los recuerdos y que gracias a una palabra o una frase, consigue despertar en sus alumnas, como esos poemas nuevos que siempre son bienvenidos y disfrutados por todas ellas. Ella, gran lectora y poseedora de una envidiable biblioteca, ha tratado de hacer un Club de Lectura, que sin ser para nada al uso, sirve perfectamente a su fin, que es el de leer y comentar los libros que se recomiendan unas a otras. También hay espacio para las ciencias, por lo que  no se les da la espalda a la Geografía, la Historia y los juegos matemáticos.

El banco azul de Mugardos

Pero no todo es académico en el taller de Marisa. Ella sabe desprenderse de su traje de maestra, y sumergirse junto a sus alumnas en un Filandón vespertino. Se cuentan anécdotas y recuerdos de vivencias de infancia y juventud, así como el recuerdo de recetas de madres y abuelas. Trabajan de esta forma buceando en su memoria afectiva, esa memoria donde uno siempre regresa para sentir sus raíces.

De igual manera, no pierden de vista la actualidad y siempre hay un hueco para comentar las noticias a nivel local, nacional y mundial que se producen en el día a día. Se han propuesto, hasta hacer una exposición de fotografías anteriores a los años 60, estampas de grupos familiares, fiestas populares y religiosas, faenas del campo, actividades pesqueras. Actividad pendiente debido a la actual pandemia, pero que esperan ilusionadas  poder hacer realidad.

Una pequeña villa, un pequeño taller. Sí, hay vida más allá de la ciudades, hay proyectos más allá de los que se elaboran en las urbes. Hay personas anónimas, como Marisa, que creen en sus proyectos, que creen en ellas, que creen en las mujeres, a las que aportan sus conocimientos.


*Raquel Villanueva Lorca, (Ponferrada, 1970). Sus inicios en la lectura se remontan a sus días de infancia, creando a través de los libros un mundo paralelo repleto de palabras y metáforas.

Comenzó sus pasos en la escritura de manera tímida, plasmando en papel reflexiones, relatos cortos, e intentos de historias algo más completas y extensas.

Divide su tiempo en tres facetas: lo leído, lo escrito y lo vivido, trío de experiencias que terminan por conformar el todo que intenta ser.

Socia fundadora del Club Petronio, que intenta —junto con el Ayuntamiento, el Consejo Comarcal del Bierzo y otros organismos públicos y privados—, fomentar la lectura y activar la vida cultural de la ciudad de Ponferrada.

Tiene cuatro libros publicados: La decisión de Elsa (2007), finalista del VI Premio Hontanar de narrativa breve. La Cruz del Sur (2015), novela ganadora del I premio de Novela Corta de Editorial Fanes. Relatos de una adoratriz (2018), antología de relatos eróticos. Relatos de mar y vida (2021), obra finalista de la IV Edición del Premio Caperucita Feroz en la modalidad de conjunto de cuentos.

Varios premios y menciones especiales en diversos concursos de relatos. Colaboradora en reconocidas antologías, como en el libro de autores bercianos que se que se editó con motivo de la entrega del Premio de la Crítica Literaria 2018, que tuvo lugar en Villafranca del Bierzo a primeros del mes de abril del año 2019, o en el muy reciente libro homenaje a la poeta berciana Manuela López. Una vida, una obra.

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