Philippa Foot y el Dilema del tranvía

(Nota de la editora: Seguimos de estreno en este nuevo blog de MasticadoresFEM, un blog dedicado a descubrir los diversas facetas del universo femenino, esas que durante tanto tiempo y tantas veces ha sido ocultada a la sociedad privándonos de modelos a tener en cuenta. Ya advertimos en nuestra «declaración de intenciones» que el camino de visibilización que aquí comenzamos es un camino en el que debemos dar pasos unos al lado de las otras. Y por ello hemos querido dejar un espacio donde ellos puedan hablar de nosotras, en igualdad de condiciones, sin paternalismos, con el mismo nivel de convicción con respecto a nuestros logos, con el mismo respeto a nuestro trabajo. De momento son cinco las firmas que se han comprometido a participar en esta sección que llegará cada dos semanas. Hoy comenzamos con la primera de ellas, la de Manuel Casal. Toda una satisfacción para mí poder contar con él).

Por Manuel Casal*. Serie: CREADORAS.

El dilema del tranvía, planteado por la filósofa Philippa Fott, describe la difícil situación que plantea la elección de posibles soluciones ante complejos problemas sociales. Imagen de un tranvía de Lisboa. Fuente: internet.

De vez en cuando la vida nos pone delante situaciones difíciles, en las que tenemos que elegir entre hacer un mal grande u otro pequeño, pero sabiendo que en ambos casos vamos a generar un mal. Otras veces nuestra manera de ver la realidad nos lleva a no tomar ninguna decisión, dejando que la vida haga lo que crea conveniente, pero sin involucrarnos nosotros en la embarazosa tarea de cambiar su destino. Suelen ser situaciones de complicado planteamiento y de comprometida solución, porque no existe una salida perfecta, sino, en todo caso, la menos mala entre varias.

Recientemente leía un artículo, publicado por la Asociación Española de Pediatría, en el que se exponía cómo estos dilemas se han planteado desde antiguo en un campo tan importante para la población y para la medicina, como es el de las vacunas. Relataba el caso de la del dengue, una enfermedad que produce unos 400 millones de afectados al año, con unas 9.000 muertes. Existe una vacuna frente al dengue, pero que ha despertado dudas sobre su seguridad en personas que no han estado nunca expuestas al virus que produce la enfermedad. Aun contando con esto, se sabe que si se vacunara a un millón de personas mayores de 9 años, se obtendrían dos efectos importantes: uno, que se evitarían en total 11.000 hospitalizaciones y 2.500 casos graves, y otra, que, a cambio, entre las personas vacunadas, pero que nunca estuvieron en contacto con el virus, habría unas 1.000 hospitalizaciones más, así como 500 casos graves. Lo que se plantea es si es mejor generar este “pequeño” mal, pero produciendo, a cambio, el “mayor” bien de 11.000 hospitalizaciones menos, o, por el contrario, es preferible no vacunar a nadie y así evitar el “pequeño” mal, pero también el “mayor” bien.


Philippa Foot (1920-2010), fue una filósofa británica especialmente conocida por sus obras sobre ética.
Imagen tomada de Red de Mujeres Filósofas de América Latina.

Quien teorizó el dilema que subyace a estas situaciones engorrosas, complejas y tan difíciles de resolver, fue la filósofa británica Philippa Foot (1920-2010), una de las pensadoras más importantes del siglo XX en el campo de la ética. Fue ella quien en 1967, en un artículo publicado en la Oxford Review titulado The Problem of Abortion and the Doctrine of de Double Effect, introdujo el denominado Dilema del tranvía. Consiste en lo siguiente.

Imaginemos un tranvía que discurre sin control por una vía. En un lugar de esa vía alguien ha atado a los raíles a cinco personas, que morirán cuando el tranvía les pase por encima. Antes de ese lugar, sin embargo, hay una bifurcación hacia otra vía diferente, pero en esta hay una persona que también está atada a los raíles. Una palanca permite a un observador el cambio de vía, de manera que al accionarla se evitaría que el tranvía atropellara a las cinco personas, a cambio de arrollar solo a una. La pregunta es ¿debe ese observador accionar la palanca para que muera solo una persona o no debe hacer nada y dejar que arrolle a las cinco? ¿En qué argumentos debería basarse para justificar una acción u otra?

Partamos de la base de que no existe una única solución ética para ningún problema que nos planteemos. Cada persona tiene la facultad de dotarse de su propia postura ética, con tal de que se la justifique honesta y suficientemente. No obstante, podemos clasificar las posibles soluciones atendiendo al punto de vista desde el que se elaboran.

Así, si nos fijamos en las consecuencias de lo que vamos a hacer, hay varias actitudes posibles, la principal de las cuales es la utilitarista. Según esta, una acción será moralmente buena si con ella se consigue mayor cantidad de bien que de mal. Desde esta perspectiva, sería admisible que el observador accionara la palanca y evitara así la muerte de las cinco personas, aunque con ello se produjese la de una. Pero ¿no se involucraría entonces activa y directamente el observador en el desenlace del conflicto? Si no hiciera nada ¿se responsabilizaría de la muerte de cinco personas, cuando podría haber reducido las muertes a una sola? ¿Qué pensaría este utilitarista si la persona que está sola en la vía fuese un familiar suyo o si los cinco de la otra vía fueran todos peligrosos criminales? ¿Pensaría igual?

Podemos analizarlo desde una ética del deber. Esta diría que existen unas normas morales que son obligatorias para todos los seres humanos, pues están basadas en la razón, que es una característica común a todos ellos. “No tomar a ningún ser humano como un medio para conseguir algo, sino como un fin en sí mismo” sería una de esas normas. Resulta muy difícil adoptar una salida a este dilema basándose en una ética del deber, por lo que es muy probable que quien practique esta manera de ver la moral no haga nada en este caso.

Philippa Foot, la creadora del dilema, defendía una ética de la virtud, según la cual, no debemos fijarnos ni en las consecuencias de lo que vamos a hacer ni en las normas que nos parezcan irrenunciables, sino en las virtudes, que son unas fuerzas internas que nos motivan a actuar de determinada manera y que si las desarrollamos, nos convierten en personas virtuosas, en seres humanos buenos. Por ejemplo, dar limosna sería bueno, pero no porque se genere con ello un bien ni porque responda a la norma de socorrer al necesitado, que consideramos buena, sino porque desarrollamos así la virtud de la generosidad, y eso nos hace buenos. Desde esta perspectiva, posiblemente el observador no debería involucrarse en la realización de ningún mal -ni matar a cinco ni matar a uno-, sino que no debería hacer nada y dejar que las circunstancias actúen, en este caso, matando a las cinco personas.

Como en tantas otras ocasiones, la importancia de un problema no está tanto en su solución, como en su planteamiento. Este es el mérito que tuvo Philippa Foot sacando a la luz el dilema del tranvía. A partir de él surgieron variantes del mismo, como las propuestas por Judith Jarvis Thomson (1929-2020), profesora del MIT, y por Peter Unger (1942). También se aplica actualmente el dilema a la programación de vehículos automáticos y al diseño de drones con fines bélicos.

El Dilema del tranvía es fruto de una aguda intuición de su creadora, Philippa Foot, quien al principio no parecía, sin embargo, que se fuera a encaminar por la senda del estudio. Una de sus maestras logró que ingresara a los 19 años en la universidad de Oxford, en donde estudió filosofía, economía y política. Allí coincidió con otras mujeres importantes de la época, como la filósofa Elizabeth Anscombe (1919-2001), discípula de Ludwig Wittgenstein, y con Iris Murdoch (1919-1999), filósofa y escritora, famosa especialmente por sus novelas, y que sería su gran amiga. A lo largo de su vida profesional dio clases alternativamente en Gran Bretaña y en Estados Unidos, en donde fue catedrática en varias universidades. Sus trabajos fueron muy importantes dentro del campo de la filosofía analítica, intentando compatibilizar las diferentes posturas éticas. Entre sus obras destacan Moral Biliefs, de 1958, Virtues and Vices, de 1978, y Natural Goodness, de 2001. En castellano apareció, en 1967, Teorías sobre la ética, editado por FCE.


—————————————————————————————-

Manuel Casal (San Fernando (Cádiz), 1950) es licenciado en filosofía por la U.C.M. y Catedrático de filosofía de Enseñanza Secundaria. Ha publicado varios libros explicativos de los textos propuestos para las pruebas de acceso a la Universidad, así como el titulado En pocas palabras. Aforismos. Ha participado en otros trabajos colectivos de diversa temática, como Mensajes en una botella, Ángel de nieve, Espíritu de jazz o El oasis de los miedos. Colabora en revistas y periódicos y mantiene el blog Casa L, en donde se reflexiona sobre asuntos de actualidad.

Correo electrónico: manuelcasalf@gmail.com

Blog Casa L: www.manuelcasal.blogspot.com

Facebook: facebook.com/manuel.casal/

Instagram: instagram.com/casal.manuel/

Pinterest: pinterest.es/manuel4444

Twitter: twitter.com/manuelcasalf 

5 comentarios en “Philippa Foot y el Dilema del tranvía

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s